Farsa revocatoria y economía
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La Academia Española denomina “farsa” una obra de teatro cómica y grotesca, de carácter satírico que, con cierta burla caricaturesca, demerita alguna situación histórica o presente, inclusive como verbo se define acción realizada para fingir o aparentar.
Esta denominación es uno de los argumentos para desacreditar la Consulta de Revocación de Mandato del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, que se llevará cabo el 10 de abril próximo. Es decir, que el ejercicio democrático es como un tinglado o tablado improvisado para sostener o cubrir algo, en este caso más para “ratificar” al ejecutivo federal, dados sus altos niveles de aceptación social (65% promedio).
Se dice que la consulta es gasto innecesario (mil 567.4 millones de pesos) que se pudiera aprovechar mejor en la reconstrucción económica después de la pandemia y otras acciones de gobierno; además, que la revocación provoca ingobernabilidad por las presiones de fuerzas políticas ideológicamente antagónicas.
Se plantea como capricho populista con estrategias clientelares para fortalecer el poder político “dictatorial” del Presidente y prever la extensión de Morena en las elecciones de 2024; un acto de “fanatismo” de quienes apoyan la Cuarta Transformación.
Según Claudia Alatorre (1999), la farsa mueve al rubor e incomodidad por la situación que satiriza, ¿no han sido farsas cupulares en la historia reciente las decisiones cupulares y de élites políticas y económicas? como el rescate bancario Fobaproa (1998, que suma más de 975 mil millones de pesos), los rescates carreteros, la condonación de impuestos a grandes empresas, las reformas estructurales (entre éstas la leonina reforma energética del 2013), entre otras, decisiones que, sin escrutinio social, medraron la economía nacional y la distribución justa del ingreso (por Impuesto Especial sobre Producción, de 2013 a 2018 el precio de gasolinas pasó en promedio de 10.8 a 19.2 pesos por litro, con la inflación consecuente).
Si bien en materia económica se pueden tomar decisiones que afecten el bienestar de la familias, la revocación induciría a la transparencia en las decisiones de los gobiernos, para no desviar el erario a actividades no prioritarias ni estratégicas, evitar despilfarro y dispendio, no inducir privilegios fiscales y reducir la corrupción a su mínima expresión, condiciones de confianza para impulsar la economía (como la inversión extranjera directa, que, aún con pandemia, se mantuvo en 31.2 mil millones de dólares en promedio de 2019 a 2021).
La estabilidad económica no implica un Estado gerencial de libre mercado, más bien democracia participativa, que induzca transparencia sin privilegios gratuitos para determinados grupos de poder económico ¿cuántas farsas de corrupción se hubieran evitado si desde hace muchos años se consultara con la revocación de mandato?