¡Goooooooool! No cabe duda que ese grito alegra el corazón. Eso no significa que esté ciega a otras cosas importantes
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Decido escribir en este momento porque acabo de escuchar de cerca, tal vez la escuela, el grito de “gooooooool” en este primer partido de México en el mundial de fútbol. Me sonreí en automático. Es un sonido y un grito tan particular y tan mexicano. A la vez, esta mañana he sido bombardeada por comentarios y malos entendidos sobre el evento en sí y todo lo que implica. Cierto es que es un mundial un tanto distinto a otros y en un momento histórico no muy favorable. Abundan las críticas y las quejas y por otro lado abundan las personas que dicen que es un evento superfluo que no tiene ningún sentido y que solo provoca problemas. No falta quien dice que es un evento que les parece inútil y ridículo. Esto me lleva a pensar en muchas cosas. Se aproxima el mundial de Flag Football, deporte que ustedes saben es muy importante en mi familia. Serán días de ver partidos a horas inhumanas, y sí me levantaré y sí estaré presente en las transmisiones. No veo el fútbol. No he aprendido a apreciarlo. Pero de eso a decir que no importa. Jamás. Los torneos mundiales de cualquier deporte, incluyendo los Juegos Olímpicos, son importantes en la historia y la cultura de una gran parte del mundo. De chica y jóven la Serie Mundial (que sé que no es precisamente “mundial”) y el Súper Bowl, las finales de la NBA, la Stanley Cup, caray, hasta los torneos más importantes de golf implicaban una atención especial. Estoy de acuerdo en que los deportes se han hecho cada vez más elitistas y que a veces son eventos a que solo pueden asistir las personas con nivel económico alto. Los demás nos reunimos en torno a los televisores y las pantallas en compañía con otras personas con quienes compartimos la pasión por un deporte y por un equipo. Son momentos de disfrute, de victoria y de desilusión. Y para otras personas son momentos para criticar las acciones de las ligas, los autoridades, los gobiernos, los entrenadores y directivos, y directamente de los jugadores que fallan el penal o se ponchan en el momento menos adecuado.
Mi pensamiento hoy se centra en la emoción del deporte y también en cómo podremos juntar el deporte y los eventos masivos con las necesidades sociales sin descuidar a ninguno de los dos.