Hablemos de salario digno (3)
COMPARTIR
Puntualizo: la pobreza en México depende de dos factores, “los ingresos de la gente, regidos por fuera del mercado y los servicios de salud, educación, seguridad social, etcétera, dependientes del Estado”. Entonces, mientras el mercado falla, el Estado mexicano avanza como puede en cubrir las necesidades de los mexicanos más pobres. Y este círculo vicioso ha sido prácticamente inquebrantable.
¿Podría un salario digno romper con ese círculo vicioso? Sin duda. Pero primero es importante partir de una premisa de corresponsabilidad ética y social. El salario digno no representa un costo para el empresario sino una inversión social con repercusiones positivas en la empresa y en el entorno social y comunitario. Luego, el salario digno es definido por “metodologías cuidadosamente construidas para calcular estimaciones de salarios dignos, o puntos de referencia, para diferentes regiones y países”.
Este considera “todas las necesidades básicas de una familia típica en el área donde vive y cuánto costaría satisfacer esas necesidades adecuadamente (precio de dieta nutritiva pero de bajo costo y vivienda segura e higiénica)”. Para el caso de México está fijado entre 8 mil 500 mínimo y 11 mil pesos máximo por trabajador para 2023.
¿Cuáles son los beneficios comunitarios de pagar un salario digno? “Un salario digno contribuye directamente a varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, entre ellos: finalizar la pobreza, facilitar el acceso al agua limpia y saneamiento, promover el trabajo decente, impulsar el crecimiento económico y reducir las desigualdades sociales” y la violencia social detonadas por ellas.
¿Cuáles es la utilidad empresarial de pagar un salario digno? El empresario apoyaría “una fuerza laboral más sana y estable en sus propias operaciones y en las cadenas de suministro” con una exigencia compartida de respetar los derechos humanos y laborales de los trabajadores.
Construiría “una reputación como buen empleador, asegurando y reteniendo trabajadores calificados –reduciendo la rotación laboral–, y ayudando a los proveedores a hacer lo mismo apoyando salarios dignos a lo largo de la cadena de suministro”.
Y finalmente, apuntalaría “la provisión de trabajo decente para las personas de su propia empresa y en su cadena de suministro, contribuyendo al desarrollo local y comunidades más sólidas”.
Las semillas empresariales están ya sembradas en distintas partes de México para impulsar el tema del salario digno: ahí están la Alianza por la Prosperidad (Guanajuato); el Centro Eugenio Garza Sada (Nuevo León); Coincydes (Jalisco); México Digno (Chihuahua) y, desde la sociedad civil, el Observatorio de Trabajo Digno y de Acción Ciudadana frente a la Pobreza.
Estos empresarios, como bien diría don Javier López del Bosque, entienden que todos, empresarios y trabajadores, están en el mismo barco. Pero, ¿cuándo, por el bien de todos, asumirán ese tema los empresarios de Coahuila?
Nota: el autor es director general del ICAI. Sus puntos de vista no representan los de la institución.