La hoguera de los genios

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Opinión
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* En el siglo XIX, y gran parte del siglo XX, el compositor que se preciara de serlo, emigraba a Francia para fortalecer y encontrar su identidad musical en las aulas del Conservatorio de París. En esas décadas de transición política, social y científica, la Ciudad Luz se había establecido no solo como la urbe cultural (literatura, pintura, teatro, danza, filosofía, etc.), sino también de la música, que emergió como la sede desde donde irradiaban las ideas y las vanguardias musicales.

El semillero de autores e intérpretes en esos años de tránsito finisecular que egresaron de sus aulas no fue cosa menor. En el Conservatorio de París (fundado en 1795) se formaban con mística y disciplina férrea los músicos que ingresaban con lupa en mano a sus aulas. Varios músicos en ciernes fueron rechazados por razones y criterios de normas internas del plantel musical.

Entre los casos más célebres de exclusión destacan los de Héctor Berlioz, Franz Liszt, Gabriel Fauré, Maurice Ravel y George Bizet. Las causas de rechazo pueden parecer ridículas e injustas: nacionalidad, límites de edad, ortodoxia académica, principalmente. De los autores arriba mencionados existen registros de los motivos de su exclusión.

En el caso de Berlioz (1803-1869), la razón fue la heterodoxia estética y conflicto con el academicismo. Sin embargo, Berlioz terminó por ingresar al Conservatorio después de varios intentos. Luigi Cherubini (1760-1842), director del plantel en esos años, consideraba que el estilo de Berlioz era caótico y rebelde, al desdeñar las reglas del contrapunto clásico estricto que la institución exigía. Cherubini tuvo una aversión física e intelectual hacia la persona y creatividad musical de Berlioz. Éste da cuenta de varios episodios de las pugnas con Cherubini en sus Memorias.

El caso de Franz Liszt (1811-1886), raya en el chauvinismo. El Conservatorio tenía un estatuto que excluía a los aspirantes de nacionalidad extranjera. El austrohúngaro Liszt, discípulo de Carl Czerny, quien a su vez fue discípulo de Beethoven, arribó a París a la edad de 12 años siendo ya un prodigio pianístico, pero como no era ciudadano francés no pudo entrar al Conservatorio. La sociedad cultural e intelectual parisina pegó el grito en el cielo. De nada sirvió. Sin embargo, ello no hizo mella en el ánimo de Liszt, puesto que tomó clases privadas de teoría musical con Anton Reicha (1770-1836), y composición con Ferdinand Paër (1771-1839). De Gabriel Fauré (1845-1924), se sabe que el motivo de la exclusión fue su estilo no tradicional.

Fauré se fue a estudiar a la École Niedermeyer (institución rival del Conservatorio), centrada en la música sacra y el canto gregoriano. Cuando Fauré gozaba de fama en sus años de madurez, la élite académica del Conservatorio intentó frenar su ascenso por considerarlo demasiado moderno y poco académico. La ironía, años después, fue absoluta: Fauré asumió la dirección del Conservatorio en 1905, iniciando de inmediato una reforma profunda en el sistema educativo del plantel.

El “escándalo Ravel” hizo ruido en su momento, ya que Maurice Ravel (1875-1937) no fue rechazado en el Conservatorio, (al que ingresó en 1889, estudiando bajo la tutela de Fauré), pero sí suspendido de las clases de piano y composición por no ganar los premios de concurso obligatorios que exigía uno de los reglamentos dentro de un plazo estipulado (así de estrictos los parámetros del Conservatorio de París). El “escándalo Ravel” tuvo repercusiones en la dirección de la institución: la renuncia de su director Théodore Dubois, que cedió su puesto a Fauré. George Bizet (1838-1875), aunque sí fue alumno del Conservatorio y ganó varios premios de la institución (Primer premio de Solfeo, Primer premio de Piano, Primer premio de Órgano, Primer premio de Composición y Contrapunto, y finalmente el Premio de Roma), sufrió las críticas de los académicos por su estilo excéntrico.

CODA

“Mi orquesta no era la que él (Cherubini) quería oír. Mi música tenía demasiada sangre corriendo por las venas para el gusto de un hombre que prefería los esqueletos perfectamente simétricos”, Héctor Berlioz. (Memorias, publicadas póstumamente en 1870).

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Músico, escritor, catedrático, gestor cultural y fotógrafo. Autor de Fabulaciones del sonido (Celosía, UAdeC. 2017). Es licenciado en Letras Españolas (UAdeC, 1995) y maestro en Música (Rice University, 2006). Su vasto repertorio como instrumentista de clavecín, órgano y piano abarca todos los géneros musicales escritos para estos instrumentos; se ha presentado como concertista en numerosos auditorios de México y el extranjero. Catedrático de tiempo completo en la UAdeC desde hace 30 años, donde se ha desempeñado como director de la Escuela Superior de Música, Coordinador general de la Coordinación de Difusión y Patrimonio Cultural y, actualmente, es el director del Recinto del Patrimonio Cultural Universitario. En 2017 inició el proyecto personal “Arte de la Fuga”, en el que se propone interpretar en vivo y en diversos auditorios la obra integral de Bach para el clavecín y el órgano.

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