La Liga de las Naciones

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Opinión
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Al Panza Fría ese ruido le molesta, pues no lo deja platicar con sus amigos. Llama al mesero y lo reprende

A este señor le dicen “El Panza Fría”. ¿De dónde tal apodo? Se explica porque el señor que digo es ventripotente, modo eufemístico para nombrar a un barrigón. Lleva siempre la camisa desabotonada, pues ninguna le cierra, y la sobada camiseta no alcanza a cubrirle la vasta rotundidad del vientre. El pantalón lo trae caído, y el abdomen se le desborda hasta cubrirle la enorme hebilla que usa en el cinturón. (“¿Dices que es de Villa Escondida este señor tan gordo?”. “No. Digo que es de hebilla escondida). Todo esto explica aquel remoquete: “El Panza Fría”.

El señor Panza Fría es hombre rico. No sé qué negocios tenga; al parecer trafica en ganados y cosechas. También tiene unos autobuses, y camiones de carga con los que da servicio de fleteo. Eso le rinde buen dinero. Y mejor le rendiría si no fuera porque el Panza Fría tiene el feo vicio del juego: le gustan las peleas de gallos; no se pierde las ferias con palenque. Ahí apuesta grandes cantidades que casi siempre pierde, pues el tino con que hace sus negocios no lo tiene para escoger entre el giro y el colorado. Si le apuesta al colorado gana el giro, y viceversa.

https://vanguardia.com.mx/opinion/a-veinte-ME22510837

Hoy, sin embargo, ha ganado el Panza Fría. Le fue al giro y ganó el giro. Se hizo de buenos pesos el señor, pues apostó muy fuerte. “Para sacar hay que meter”, suele decir con dicho de tahúr. En esa ocasión él metió mucho, y más sacó.

Celebra su ganancia en la cantina. Lo acompañan dos contlapaches que no se le separan nunca. Esa palabra mexicana, “contlapache, designa a los amigotes de alguien, a quienes le ayudan y favorecen siempre. En náhuatl, la voz tloapachoa describe la acción de la gallina cuando cubre los huevos para darles su calor. De ahí aquel término.

Llegan los tres a una taberna de los bajos fondos y ocupan una mesa. El mesero que los atiende es un pobre hombre. Lleva ropa raída y zapatos viejos, a uno de los cuales se le ha desprendido la suela en modo tal que, cuando el pobre hombre camina, la suela de ese zapato le chacualea. Quiero decir que le golpea la planta del pie, con lo cual el infeliz hace un extraño ruido al caminar: “Chalp, chalp, chalp”.

Al Panza Fría ese ruido le molesta, pues no lo deja platicar con sus amigos. Llama al mesero y lo reprende. Por culpa de aquel chacualeo, le dice, no puede concentrarse en la conversación. Tras decir eso, el Panza Fría echa mano al bolsillo de su pantalón y saca un grueso fajo de billetes unidos por una liga de hule rojo, de esas que usaban las señoras para sujetarse las medias de popotillo. El rostro del miserable se ilumina: seguramente aquel rico señor sacará unos billetes de su fajo y se los dará para que se compre unos zapatos nuevos.

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-profe-arturo-IM22487825

Vana ilusión. Lo que hace el Panza Fría es sacar la liga de hule y dársela al mesero. Le dice:

–Póntela en el zapato para que la suela ya no te chacualee.

Y es que el Panza Fría gasta en gallos, pero en su prójimo no gasta.

Muy comentado en el ambiente de las cantinas fue el suceso que acabo de narrar. Las opiniones en torno al protagonista se dividen. Hay quienes afean la conducta del Panza Fría, y lo tildan de avaro miserable. Otros –sus contlapaches–, dicen que sea como sea la liga que regaló el Panza Fría dio mejor resultado que aquella famosa Liga de las Naciones, que de nada sirvió para evitar las guerras en el pasado siglo. Por lo menos la del Panza Fría hizo que se acabara el chacualeo. Yo, a fuer de imparcial, registro las dos opiniones. Escojan mis cuatro lectores entre ellas.

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Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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