La paradoja de la inversión pública: dos cifras, una misma historia incompleta
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Esta semana el INEGI publicó su Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo (IMFBCF) y, entre sus cifras originales, apareció un dato que a primera vista parecería una excelente noticia: la inversión pública creció 30.5% real anual en mayo y acumula 11.6% en los primeros cinco meses de 2026.
Días antes, la Secretaría de Hacienda, en su Informes sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública al segundo trimestre de 2026, había reportado que la inversión física en infraestructura del sector público aumentó 56.2% real anual en junio, pero que en el acumulado enero-junio todavía arrastra una caída de 7.9 por ciento.
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¿Cómo pueden convivir un crecimiento de dos dígitos y una contracción al mismo tiempo? La respuesta no está en que alguna de las dos fuentes se equivoque, sino en que están midiendo cosas distintas, con métodos distintos y para propósitos distintos.
Primero, el universo. El IMFBCF del INEGI captura la formación bruta de capital fijo —construcción, maquinaria y equipo, nacional e importado --, de la economía en su totalidad, subdividiendo el indicador en el componente privado y el público, este último incorpora información de todas las dependencias, organismos y empresas del Estado. En tanto que la cifra de Hacienda se refiere específicamente al gasto en inversión física de infraestructura registrado en las finanzas públicas, un concepto presupuestal más acotado que responde al calendario de ejercicio del gasto federal.
Segundo, y quizá lo más relevante, el efecto de base. Ambas cifras son variaciones anuales, es decir, comparan un mes contra el mismo mes del año anterior. Si en mayo o junio de 2025 el gasto público estuvo deprimido —como ocurrió en buena parte de ese año, marcado por el cierre del sexenio anterior y el ajuste fiscal de la nueva administración—, cualquier repunte modesto en términos absolutos se traduce en una variación porcentual exageradamente alta. Es la aritmética elemental de partir de un piso muy bajo.
Tercero, el acumulado cuenta una historia distinta a la del dato mensual. Que enero-mayo del IMFBCF muestre una caída de 0.5% en la formación bruta total con cifras originales, y que Hacienda reporte todavía un retroceso de 7.9% en el semestre, confirma que los meses de fuerte repunte reciente no han sido suficientes para compensar el arranque débil del año. El patrón es conocido en México: los primeros meses de cada ejercicio fiscal —y particularmente del primer año de gestión estatal y municipal, como es 2026— suelen registrar subejercicio presupuestal, y el gasto se acelera conforme avanza el calendario.
La lectura correcta, entonces, no es elegir entre una cifra optimista y otra pesimista, sino reconocer que ambas son ciertas y complementarias. Si bien es cierto que el IMFBCF hiló en mayo su segunda alza consecutiva a tasa anual, después de acumular 19 meses consecutivos de contracción, lejos de ser una señal evidente de recuperación es reflejo solamente del impulso del gasto público, puesto que la inversión privada dista mucho aún de lograr una franca recuperación.
Guillermo Garza De La Fuente Economista y Catedrático de la Facultad de Economía de la UAdeCX: @guillermo_garza