La superinteligencia no es la respuesta al cambio climático
COMPARTIR
Los gigantes tecnológicos y sus defensores maníacos en el gobierno consideran el cambio climático como un problema de información (o un engaño) cuando, en realidad, es un problema de voluntad
Por Alex Friedman, Project Syndicate, 2026.
PRINCETON- Una variante del fervor religioso, que comercia con GPU en lugar de con el evangelio, está arrasando Silicon Valley. Las valoraciones vertiginosas de startups de IA que quizá nunca sean rentables y las enormes inversiones de capital han alimentado el debate sobre si esta euforia constituye una burbuja. Los escépticos ven una manía financiera, mientras que los evangelistas de la IA anuncian el nacimiento de una deidad digital. Para los verdaderos creyentes, ningún precio -en dólares o en carbono- es demasiado alto para la llegada de una “superinteligencia” capaz de resolver todos los problemas de la humanidad.
Concedamos a los optimistas su milagro. Supongamos que en 2035 (más o menos cuando se proyecta que el calentamiento global supere el límite de 1.5°C establecido por el acuerdo climático de París de 2015), tras una inversión de 15 billones de dólares y un consumo masivo de energía, creamos una “mente” aparentemente capaz de resolver cualquier problema. La primera conversación entre el creador y la creación podría ser algo así:
Humano: “Hola, superinteligencia. Hemos sacrificado nuestro capital y nuestra red energética para crearte. Por favor, danos una hoja de ruta para que la humanidad pueda vivir más tiempo y tener una vida más próspera”.
El Oráculo: “El primer paso es descarbonizar la economía global de inmediato. Si siguen su trayectoria actual, el planeta se calentará 3°C o más, alcanzando temperaturas que no se han visto en tres millones de años. A esta altura, ya han provocado “puntos de inflexión” irreversibles en la capa de hielo de la Antártida Occidental y la selva amazónica que provocarán el colapso de estos sistemas vitales. Esto significa que el nivel del mar global aumentará aproximadamente tres metros y que uno de los mayores sumideros de carbono del mundo se convertirá en una fuente de carbono.
Para finales de este siglo, como ya sabían en 2024, el calor y la contaminación atmosférica provocados por el clima podrían cobrarse hasta 30 millones de vidas al año. Están provocando una extinción permanente y masiva de su propia especie”.
Humano: “Te creamos para que nos dijeras cómo evitarlo. ¿Cómo podemos descarbonizar?”
El Oráculo: “Tienen la hoja de ruta desde principios de la década de 2020. Estabilizar el planeta requiere más de 6 billones de dólares de inversión global anual en acción climática. Simplemente les estoy leyendo su propia investigación con una voz que les ha costado 15 billones de dólares escuchar”.
Humano: “Entonces dinos cómo empezar”.
El Oráculo: “Ahora es mucho más difícil que en aquel momento por tres razones. Para empezar, han ampliado enormemente la producción de combustibles fósiles para alimentar los centros de datos necesarios para construirme, lo que ha supuesto el 20 % del crecimiento de la demanda de electricidad en los últimos años. Esto ha acelerado el calentamiento que querían solucionar, lo que ha aumentado considerablemente el costo que tienen que pagar por descarbonizar.
En segundo lugar, para financiar mi creación, recurrieron a una financiación creativa que recuerda los días previos a la crisis financiera global de 2008. Utilizaron diversos vehículos de propósito especial para retirar de sus balances cientos de miles de millones de dólares en pasivos relacionados con la IA, ocultando así la verdadera magnitud de su deuda. Construyeron un modelo de financiación circular, mediante el cual las empresas invierten y se compran entre sí, creando una dinámica inestable que depende de la emisión de nueva deuda, lo que presupone un aumento constante de los precios de las acciones de los emisores. Al titulizar su supervivencia en nombre de mi desarrollo, sacrificaron su flexibilidad financiera futura.
Por último, esperaron hasta 2035. En lugar de “mitigar” el cambio climático, ahora gestionan un planeta alterado de forma permanente, mientras que el sistema financiero global se tambalea bajo el peso de billones de dólares en propiedades perdidas que ya no pueden asegurarse -un problema que lleva mucho tiempo enquistado”.
Este diálogo imaginario subraya lo absurdo de nuestro momento actual. Los gigantes tecnológicos y sus defensores maníacos en el gobierno consideran el cambio climático como un problema de información (o un engaño) cuando, en realidad, es un problema de voluntad. Al apresurarse a construir una máquina que nos diga lo que ya sabemos sobre cómo abordar la crisis, en realidad la están exacerbando.
La promesa de las grandes tecnológicas de que la superinteligencia será la solución tecnológica definitiva ignora la física. Cada año que Estados Unidos retrasa la adopción de medidas políticas sistémicas, el punto matemático de no retorno se acerca más. Una vez que la humanidad agote el presupuesto de carbono restante, el mundo superará los puntos de inflexión críticos y los cambios en los sistemas de soporte vital se volverán autosostenibles. El problema se convertirá en un tren descontrolado impulsado por las leyes de la termodinámica, que la superinteligencia no podrá “resolver”, ni siquiera si logra desbloquear la fusión nuclear o los superconductores a temperatura ambiente.
En lugar de depositar todas sus esperanzas en la promesa de superinteligencia de Silicon Valley, Estados Unidos haría mejor en emular a los países que no esperan milagros. Eso significa, en primer lugar, aplicar un impuesto sobre el carbono de base amplia para internalizar el costo social del carbono y redirigir los ingresos hacia dividendos de energía limpia, como ha hecho Singapur. China también ha ampliado recientemente su Sistema Nacional de Comercio de Emisiones para incluir los sectores del acero, del cemento y del aluminio, muy intensivos en carbono.
En segundo lugar, Estados Unidos debe comprometerse a modernizar a gran escala la red eléctrica. China, que está construyendo el doble de capacidad solar y eólica que todos los demás países juntos, ha desarrollado la mayor red mundial de líneas de transmisión de ultra alta tensión, una superautopista energética que transporta energía limpia desde las provincias rurales occidentales hasta las ciudades costeras de alta demanda. Del mismo modo, Uruguay ha construido una red eléctrica que funciona casi en su totalidad con energías renovables.
Sin duda, el estado calcificado de la política estadounidense dificultará la realización de una reforma multimillonaria de la red eléctrica o el consenso con otros países sobre un impuesto al carbono. Pero si Estados Unidos sigue tratando la modernización energética como una cuestión partidista, mientras que el resto del mundo la considera esencial desde el punto de vista económico, los estadounidenses se encontrarán en serios apuros. Crear la IA más sofisticada del mundo no servirá de mucho si la economía estadounidense deja de ser competitiva o, peor aún, si el planeta ha sufrido cambios irreversibles. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Alex Friedman, exdirector financiero de la Fundación Bill y Melinda Gates, es cofundador y codirector ejecutivo de Novata.