La verdadera trampa de la competitividad
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Nos dicen que abaratando la mano de obra y desregulando habrá abundancia de inversión privada
Por Mariana Mazzucato, Project Syndicate.
LONDRES- En todo el mundo desarrollado, se oye relatar con inquietud la misma historia. De Bruselas a Washington, dirigentes políticos y empresariales advierten de que las economías han perdido competitividad por culpa de salarios demasiado altos y regulaciones demasiado gravosas. Nos dicen que abaratando la mano de obra y desregulando habrá abundancia de inversión privada.
Este diagnóstico puede parecer cosa de sentido común para algunos. Pero ya tenemos suficientes datos empíricos y experiencias reales para saber que es totalmente erróneo. En un nuevo estudio para la Confederación Europea de Sindicatos, mis colegas y yo pusimos a prueba la hipótesis siguiéndole el rastro al dinero: hicimos un análisis de los últimos 25 años de registros financieros de las 300 mayores empresas europeas no financieras que cotizan en bolsa. Nuestras conclusiones deberían inquietar a los gobiernos dentro y fuera de Europa. Dos décadas de capital barato y abundante con altos beneficios empresariales no han impedido que la inversión, la productividad y los salarios estén estancados. Y el principal obstáculo al crecimiento no ha sido el precio de la mano de obra sino la asignación de capital.
Nuestro estudio detalla cómo las grandes empresas mantienen buenos márgenes de beneficio para sus accionistas a la par de una reducción de sus actividades reales. Cada vez más, las empresas hacen dinero como actores financieros (cobrando intereses por bonos o títulos públicos, recibiendo dividendos y prestando a sus propios clientes) antes que como agentes de producción. El resultado ha sido que los pagos a accionistas crecieron más rápido que las ganancias que los financian. Ahora el sector empresarial no financiero europeo no sólo ahorra más de lo que invierte, sino que desde 2009, ha sido un prestamista neto para el resto de la economía, en una sorprendente inversión de su papel histórico.
Cuando los beneficios de las mayores empresas europeas se destinan cada vez más a la recompra de acciones, al reparto de dividendos y a activos financieros, en vez de a producir e innovar, el resultado es un creciente costo social por mala asignación del capital. Conforme disminuye la rentabilidad del capital productivo, se vuelve más atractivo invertir cada euro adicional en activos financieros antes que en instalar una fábrica o un laboratorio. En las empresas que hemos estudiado, el stock de capital registra una disminución neta, y la formación neta de capital del sector empresarial no financiero de Europa como porcentaje del PIB se redujo a menos de la mitad desde el año 2000 (de 3.7 % a 1.6 %). Por cada euro de beneficios obtenido por las empresas no financieras europeas, la parte reinvertida en nuevas capacidades productivas (tras descontar la amortización) se redujo a menos de la mitad (del 18.9 % en 2000 a sólo el 7.4 % en 2024).
El precio de este proceso continuo de acumulación financiera lo pagaron los trabajadores. Su participación en la renta de la economía real (excepto en finanzas, seguros, bienes raíces y el sector público) hoy es inferior a la de 2000, y en varios de los principales países europeos sigue en caída. Más de dos tercios de las empresas examinadas habían anunciado medidas de reestructuración (poniendo en riesgo 2.7 millones de puestos de trabajo europeos) y casi el 80 % de esos anuncios correspondió a empresas que ese mismo año habían obtenido beneficios.
Esto implica que la reducción de empleo no fue en respuesta a pérdidas, sino una táctica de mejora de la rentabilidad. Durante el último cuarto de siglo, los beneficios del sector empresarial no financiero crecieron casi el doble que los salarios, y los pagos a accionistas todavía más. Las ganancias de dos décadas de crecimiento de los beneficios se destinaron al capital, no a los trabajadores que las generaron.
El problema no es exclusivo de Europa; refleja una lógica de financierización arraigada en todo el mundo. Pero el proceso se basa en una teoría del valor errónea, incapaz de distinguir entre la creación de valor y su extracción. Como muestro en mi libro The Value of Everything, la ciencia económica olvidó la diferencia entre los beneficios de la producción y las rentas de la posesión. Mientras no corrijamos este defecto fatal, los riesgos de la innovación seguirán asumiéndose de forma colectiva (por los contribuyentes, la investigación financiada con fondos públicos y los trabajadores) y la distribución de las recompensas estará cada vez más concentrada.
Pero nada de esto es inevitable. La financierización es resultado de políticas, reflejo de decisiones moldeadas por las reglas de gobernanza corporativa, los códigos tributarios, los regímenes de ayudas estatales y las normas presupuestarias. Los gobiernos no deben contentarse con hacer que el capital sea más barato o abundante, ya que el capital barato no se convierte por sí solo en inversiones productivas, sino que deben cambiar las condiciones de empleo y distribución del capital. Eso demanda supeditar las ayudas públicas a requisitos vinculantes; que la inversión pública no comparta solamente los riesgos sino también las recompensas (en vez de la mera «reducción de riesgo» de las inversiones privadas); y un modelo de gobernanza corporativa orientada al largo plazo y no al próximo trimestre.
Estos ingredientes constituyen el núcleo de lo que yo llamo una «estrategia industrial orientada a misiones» moderna. La clave no está en elegir «ganadores», sino actores «bien dispuestos»: influir en los flujos de inversión a través de misiones públicas audaces y formar alianzas público‑privadas simbióticas y bien diseñadas que orienten el crecimiento hacia la creación de valor social y medioambiental real. La NASA no desalentó la innovación al incluir cláusulas contra la obtención de beneficios excesivos en los contratos de compra que en 1969 nos llevaron a la Luna y nos trajeron de vuelta. Al contrario, creó un sistema orientado a soluciones que por un lado resolvió problemas reales (qué ropas usarían los astronautas, qué comerían, cómo irían al baño) y por otro fomentó un crecimiento en la Tierra.
Se necesitan colaboraciones similares para hacer frente al cambio climático, que nos obliga a replantearnos lo que comemos, los modos en que nos desplazamos y los materiales con los que construimos. Y en todos estos desafíos, los trabajadores tienen que ocupar un lugar central y no marginal. Como hemos sostenido Damon Silvers y yo durante la huelga de los trabajadores de las automotrices estadounidenses en 2023, una transición verde que no genere también buenos puestos de trabajo carecerá del apoyo político que necesita para prosperar. Los trabajadores y los sindicatos no pueden ser una cuestión secundaria; deben ser parte de la infraestructura institucional de la economía; por eso es necesario un nuevo contrato social entre las empresas, los trabajadores y el Estado.
Creo que el argumento a favor de una nueva economía está ganando terreno. En mi nuevo libro The Common Good Economy, presento pautas para orientar el proceso. Debemos pasar de la mera corrección de fallos del mercado a replantear el objetivo; lo que Aristóteles llamó el telos de la polis. El “qué” y el “cómo” son importantes. Sólo prestando la misma atención a las relaciones entre el capital y el trabajo, lo público y lo privado, y el Estado y la sociedad civil podremos empezar a transformar las economías. La competitividad y la justicia no son objetivos opuestos. La verdadera elección es entre una economía que recompensa la extracción y otra que siente los cimientos compartidos de una prosperidad duradera. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Mariana Mazzucato, profesora del University College de Londres y directora fundadora de su Instituto para la Innovación y el Propósito Público, es autora de numerosos libros, entre ellos The Big Con: How the Consulting Industry Weakens Our Businesses, Infantilizes Our Governments and Warps Our Economies (Penguin Press, 2023) y The Common Good Economy: A New Compass (Allen Lane, 2026).