“La vida ya no es igual” y otras justificaciones para no crecer y madurar
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Hoy trabajé con un hombre para quien está siendo un reto renegociar la vida en un momento en que no todo fluye y no todo es disfrutable. Él y su esposa tienen un niño pequeño y esperan su segundo hijo. Él reporta que ya no son iguales que antes, ni ella ni la vida. Muchos de nosotros podríamos haberle dicho que así sería, lo cual no garantiza que él lo creería. Sí tiene un concepto muy idealizado de la vida, pero eso no es su único trabajo en este momento. Le está pasando lo que nos pasa a todos en algún momento o muchos momentos de la vida. “Ya no es igual”. Es común entre parejas que uno acusa al otro de “ya no ser el mismo o la misma”.
También platiqué con una mujer cuya vida en breve cambiará y ella lamenta mucho la pérdida de la vida tal y como es en este momento (aunque confieso que ella es algo quejosa normalmente) y está fabricando escenarios, para ella terribles, sin proponerse otra manera de estar. Hoy nunca es igual que ayer y yo no soy la misma persona que era. Usé la expresión “a work in progress” para referirme a mi misma hoy. No importando el momento de la vida que estamos transitando, estamos en formación y en constante cambio. La mujer me decía que tiene miedo de perderse. Pensé un poco sobre esto y pienso que no podemos perdernos si sabemos bien quienes somos. Y ahí está el trabajo. También hay trabajo en fluir con la vida y saber que no somos iguales de una etapa de vida a otra. Ambas personas con quienes hablé hoy atesoran una etapa de vida, una que ya no es vigente y la otra que dejará de ser vigente dentro de un tiempo. Y ambas se resisten al cambio personal.
La resistencia es una herramienta importante en el trabajo personal. Lo que resistimos nos habla de nuestro disfraz en la vida, de nuestra imagen idealizada de nosotros mismos y del apego a creencias y conclusiones formadas desde la infancia. Sí, estoy diciendo que batallamos para crecer y madurar. Nada nuevo bajo el sol.