¿Los bancos centrales deberían mantener reservas de Bitcoin?
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El Bitcoin es la moneda ideal para un panorama global más fragmentado e incierto
Por Kenneth Rogoff, Project Syndicate.
BRUSELAS- Tras la orden ejecutiva del presidente estadounidense, Donald Trump, de 2025 por la que se establece una reserva estratégica de Bitcoin, empresas privadas, bancos de inversión y académicos han comenzado a instar a los principales bancos centrales a que consideren hacer lo mismo. El candidato de Trump para la presidencia de la Reserva Federal de Estados Unidos, Kevin Warsh, se hizo eco de este sentimiento en una entrevista el año pasado, en la que describió al Bitcoin como el “nuevo oro”.
China y muchos mercados emergentes de gran calibre reconocen desde hace tiempo los riesgos de una dependencia excesiva del dólar estadounidense. Los esfuerzos por reducir esa dependencia han contribuido al reciente aumento del precio del oro, que ha subido aproximadamente un 65% en el último año. Si ya se está llevando a cabo una diversificación del dólar mediante la acumulación de oro, sostiene el argumento, ¿por qué no sumar también al Bitcoin a las reservas de los bancos centrales? Al fin y al cabo, hacerlo podría reforzar las carteras de reservas y aumentar la resiliencia frente a las sanciones financieras de Estados Unidos.
Esta idea no es tan descabellada como podría parecer. A medida que aumenta el riesgo de un conflicto entre grandes potencias, y mientras China y Europa luchan por crear sistemas de pago más líquidos e independientes para el renminbi y el euro, el atractivo del Bitcoin como activo de reserva políticamente neutral podría crecer.
En muchos sentidos, el Bitcoin es la moneda ideal para un panorama global más fragmentado e incierto. Pero el propio gobierno de Estados Unidos se está convirtiendo rápidamente en uno de sus defensores más destacados, gracias en gran parte al enorme gasto político del lobby de las criptomonedas. Pocos saldrán más beneficiados de este cambio que la familia Trump, que está a punto de recaudar miles de millones de dólares gracias a las políticas a favor de las criptomonedas de la administración.
Sin duda, el Bitcoin sigue siendo muy volátil. Su precio ha caído drásticamente, de más de 124 mil dólares en octubre de 2025 a menos de 65 mil dólares en la actualidad, incluso cuando el oro ha seguido subiendo, lo que subraya la incertidumbre en torno a sus perspectivas a corto plazo. Algunos analistas creen que, basándose en las tendencias a largo plazo, el precio mínimo del Bitcoin podría acabar situándose por encima de los 100 mil dólares. Pero el Bitcoin ni siquiera lleva dos décadas en circulación, y las extrapolaciones a largo plazo suelen requerir al menos un siglo de datos. El oro, por el contrario, ha servido como activo monetario durante miles de años, desde la antigua Lidia.
Las proyecciones más optimistas sugieren que la capitalización de mercado total del Bitcoin podría llegar a rivalizar con la del oro, que actualmente se estima entre 30 y 35 billones de dólares. Dado que la oferta de Bitcoin está limitada algorítmicamente en 21 millones de monedas, de las cuales aproximadamente el 93% ya se ha minado, su precio tendría que superar los 1.5 millones de dólares por moneda para alcanzar esa valoración.
Por otro lado, muchos economistas galardonados con el Premio Nobel y destacados comentaristas financieros sostienen que la valoración actual del Bitcoin es puramente especulativa. En su opinión, dado que carece de valor intrínseco o de un uso fundamental, su único precio de equilibrio a largo plazo es cero.
Ese argumento podría ser válido si el Bitcoin se valuara únicamente por su novedad, como una forma de arte de cadena de bloques. Sin embargo, un colapso a mediano plazo hasta llegar a cero parece muy improbable, dado el papel de las criptomonedas en la economía sumergida global. Se estima que esa economía, que abarca actividades ilegales que van desde el lavado de dinero y el narcotráfico hasta la evasión fiscal, supera los 20 billones de dólares, lo que la sitúa al mismo nivel que las principales redes de tarjetas de crédito.
Supongamos que el Bitcoin captara una cuarta parte de este enorme mercado sumergido y que su valor para los usuarios fuera equivalente a la comisión del 2% que se suele pagar por las transacciones con tarjetas de crédito. Eso supondría un valor transaccional aproximado de 100 mil millones de dólares al año. Con una capitalización adecuada, ese uso podría justificar fácilmente una capitalización de mercado de un billón de dólares, o aproximadamente 50 mil dólares por moneda.
Es cierto que las monedas estables (criptomonedas vinculadas a una moneda oficial, normalmente el dólar estadounidense) representan actualmente la mayor parte de las transacciones con criptomonedas. Sin embargo, con el tiempo, es probable que estas monedas estables vinculadas al dólar se regulen de forma similar a los instrumentos bancarios tradicionales, como las tarjetas de débito, lo que facilitará la trazabilidad de las transacciones hasta personas identificables, incluso después de múltiples transferencias.
Cuando eso ocurra, los usuarios clandestinos podrían verse obligados a volver al Bitcoin. Aunque existen miles de criptomonedas alternativas, la mayoría han desaparecido en los últimos años, ya que la ventaja de ser el primero en llegar, la gran red y la resiliencia demostrada del Bitcoin lo han mantenido muy por delante de sus competidores.
Si es probable que el Bitcoin conserve un rol transaccional duradero, ¿por qué los bancos centrales de los mercados emergentes no deberían diversificar su uso? Por supuesto, existen desventajas significativas. Para empezar, la adopción generalizada de las criptomonedas podría socavar la capacidad de los gobiernos para recaudar impuestos, un problema que los responsables de las políticas -incluso los políticos estadounidenses con abundantes contribuciones a sus campañas- tarde o temprano tendrán que afrontar.
De hecho, si los responsables de las políticas de todas las economías importantes siguieran el ejemplo de China y cerraran las actividades relacionadas con las criptomonedas, incluso un valor de 50 mil dólares para el Bitcoin podría ser difícil de mantener. Las llamadas “bolsas” de criptomonedas, como Coinbase, le facilitan mucho a la gente de a pie la tenencia de Bitcoin y proporcionan una vía de salida hacia el efectivo. Sin ellas, los efectos de red que magnifican enormemente el valor del Bitcoin se reducirían drásticamente.
Pero eso no va a suceder en un futuro próximo. El firme apoyo de la administración Trump a las criptomonedas, junto con la tradicional instrumentalización del dólar por parte de Estados Unidos mediante sanciones financieras, podría impulsar a algunos bancos centrales a experimentar con la diversificación del Bitcoin. Aun así, no será fácil desplazar al refugio seguro por excelencia. Al final, el “nuevo oro” podría ser simplemente el oro. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Kenneth Rogoff, execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional, es profesor de Economía y Política Pública en la Universidad de Harvard y ganador del Premio Deutsche Bank de Economía Financiera 2011. Es coautor (junto con Carmen M. Reinhart) de This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly (Princeton University Press, 2011) y autor de Our Dollar, Your Problem (Yale University Press, 2025).