Los numerosos cuellos de botella de la economía global

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Opinión
/ 1 abril 2026

La excesiva concentración del mercado genera vulnerabilidades

Por Michael Spence, Project Syndicate.

MILÁN- El cierre efectivo por parte de Irán del estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una cuarta parte de los fertilizantes, ha puesto de relieve una vulnerabilidad bien conocida de nuestra compleja economía global interconectada: un único punto de falla puede provocar alteraciones masivas y costosas. Sin embargo, estos puntos de falla vienen proliferando desde hace décadas.

El comercio global fluye a través de otros pasos críticos, que también podrían convertirse en cuellos de botella disruptivos. El estrecho de Malaca, entre Malasia y la isla indonesia de Sumatra -una de las dos únicas rutas marítimas que unen el océano Índico con el Pacífico-, recibe mucha atención en las simulaciones de guerra. Cuando el Canal de Suez quedó bloqueado durante seis días por un enorme buque portacontenedores, el Ever Given, en 2021, la interrupción repercutió en las cadenas de suministro durante meses. El Canal de Panamá plantea riesgos similares.

La excesiva concentración del mercado genera vulnerabilidades similares. El dominio de unos pocos fabricantes japoneses de microcontroladores y sensores de flujo de aire para motores -componentes pequeños pero esenciales en la fabricación de automóviles- hizo que, cuando un terremoto y un tsunami de gran magnitud azotaron Japón en 2011, la industria automotriz global se contrajera drásticamente.

Estas vulnerabilidades son algo más fáciles de abordar que las inherentes a la geografía, como el estrecho de Ormuz. Desde 2011, los fabricantes de automóviles han diversificado sus proveedores, han acumulado reservas estratégicas y han creado sistemas de datos a gran escala que mejoran la transparencia en las cadenas de suministro complejas, lo que facilita la identificación de riesgos ocultos derivados de la dependencia de un único proveedor.

Ahora bien, la diversificación conlleva desventajas, como probablemente aprenderá el sector de los semiconductores avanzados. Una sola empresa holandesa, ASML, produce todos los equipos de litografía ultravioleta extrema necesarios para fabricar los semiconductores más avanzados, y solo dos empresas, la taiwanesa TSMC y la surcoreana Samsung, tienen la capacidad de producir semiconductores de 2 nanómetros.

Dadas las evidentes vulnerabilidades que esto genera, hoy los gobiernos están promoviendo la diversificación. Estados Unidos y la Unión Europea han introducido incentivos para que TSMC y Samsung diversifiquen geográficamente su producción, y el gobierno estadounidense respalda el desarrollo de las capacidades de semiconductores avanzados de Intel. Mientras tanto, China está realizando fuertes inversiones para reducir su dependencia de fuentes externas en el diseño y la fabricación de semiconductores.

Pero, si bien este enfoque podría aumentar la resiliencia, el sector no puede permitirse una menor eficiencia. Los semiconductores más avanzados son cruciales no solo para entrenar modelos de IA generativa, sino también para impulsar aplicaciones de IA física (como la robótica y los vehículos autónomos), que requieren baja latencia, alta eficiencia térmica, bajo consumo de energía y baterías de larga duración. No está claro que las cadenas de suministro diversificadas que se están construyendo actualmente puedan satisfacer la demanda.

Las tierras raras representan otra vulnerabilidad importante en las cadenas de suministro tecnológicas. Una amplia gama de productos críticos y estratégicos -entre los que se incluyen los vehículos eléctricos, la electrónica de consumo, las tecnologías médicas y las tecnologías militares avanzadas- dependen de estos componentes esenciales; sin embargo, China controla por sí sola alrededor del 60% de la extracción global de tierras raras y más del 90% de su procesamiento.

Los puntos de falla también caracterizan al sector financiero. El sistema de mensajería interbancaria SWIFT para transacciones transfronterizas, controlado por Estados Unidos, es un ejemplo evidente.

A nivel económico, la dependencia excesiva de una sola fuente para cualquier cosa -desde la energía hasta la demanda- puede generar un punto de falla, como aprendió Europa tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022. Esto es cierto no solo por el riesgo de un accidente o una crisis, sino también porque la dependencia excesiva permite la extorsión u otras formas de presión, como lo demuestran los controles de exportación de tierras raras de China, la aplicación de sanciones por parte de Estados Unidos a través del sistema SWIFT y el uso de aranceles por parte del presidente estadounidense, Donald Trump.

La proliferación de puntos de falla tiene que ver con el diseño y los incentivos de la economía global. En una red altamente descentralizada y competitiva, los inversores están más motivados a optimizar la eficiencia (cuyos beneficios son apropiables, lo que significa que recaen en gran medida en el inversor) que la resiliencia (cuyos beneficios se distribuyen por toda la red). Cuando hay muchos inversores, ninguno tiene un incentivo para internalizar los costos de equilibrar la eficiencia y la resiliencia.

Las redes con una mayor concentración de la propiedad son más propensas a optimizar la resiliencia. Tres empresas (Alcatel Submarine Networks, SubCom y NEC) suministran y mantienen el 87% de la vasta red global de cables de fibra óptica submarinos, que transportan más del 95% del tráfico internacional de datos, incluidos pagos y otras transacciones financieras. Estos “arquitectos” tienen un poderoso incentivo para incorporar resiliencia al sistema, por ejemplo, aumentando el número de cables, distribuyendo los puntos de conexión, garantizando una amplia dispersión, implementando diseños en bucle, utilizando protocolos de Internet para un redireccionamiento fluido en caso de bloqueos e incluyendo capacidad de reserva. Al fin y al cabo, la resiliencia forma parte del paquete que venden.

Lo mismo ocurre en el sector automotriz, donde grandes empresas como Toyota controlan una parte suficientemente grande de la cadena de suministro como para beneficiarse de la optimización tanto en costos como en resiliencia. En el caso de Internet, fue el gobierno de Estados Unidos el que actuó como arquitecto principal, garantizando, por ejemplo, que los protocolos integrados redirigieran automáticamente el tráfico para sortear los bloqueos. De hecho, las grandes economías nacionales son actores importantes porque, en cierta medida, internalizan y agregan los beneficios de la resiliencia en una amplia gama de pequeñas empresas del sector privado.

Cuando los mercados no ofrecen suficiente resiliencia, los países se convierten en actores importantes a la hora de proporcionarla. Para ello, disponen de varias opciones. Pueden actuar por cuenta propia, por ejemplo, “relocalizando” la producción de bienes críticos como los semiconductores. Pueden aumentar la cooperación internacional, por ejemplo, formando una coalición para maximizar el abastecimiento alternativo de tierras raras. O pueden combinar ambas estrategias. En términos generales, la cooperación es menos costosa que la relocalización, más eficaz en principio y, en ciertos casos, esencial, pero mucho más difícil de lograr.

Sea cual sea el enfoque que elijan los países, eliminar o mitigar los puntos de falla será costoso. Pero, en un momento de creciente fragmentación y deterioro de la cooperación, es un costo que tendrán que asumir. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Michael Spence, premio Nobel de Economía, es profesor emérito de Economía y exdecano de la Escuela de Posgrado de Negocios de la Universidad de Stanford, así como coautor (junto con Mohamed A. El-Erian, Gordon Brown y Reid Lidow) de Permacrisis: A Plan to Fix a Fractured World (Simon & Schuster, 2023).

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