Los pájaros no vuelan en días de asueto. Las historias que salen de las mentes que ya no quieren permanecer en el hoy

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Opinión
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“Mira, hijo, hoy hay muy pocos pájaros. Ah, hace sentido, es que hoy es asueto.” “Me vi hoy en el espejo y parece que he bajado treinta metros, digo treinta litros, digo treinta kilos”.

A veces la demencia nos proporciona ocasiones de risa, aunque sea a espaldas de quien la padece. A veces hasta esas personas se percatan de su falla y se ríen también. A veces se preocupan y les da pena y mayor confusión.

Hoy pensaba un poco en la demencia y se me ocurrió que en más de una ocasión he deseado dejar de pensar de manera coherente (si es que puedo llamar “coherente” a mi proceso de pensamiento) para quedarme libre de preocupaciones y de recuerdos dolorosos. Pensé que si la demencia tuviera un factor de somatización, o si tuviera una pequeña traza de voluntad, no podría culpar a las personas que han sufrido mucho el deseo de olvidar, de archivar esas memorias tan lejos de la superficie de la conciencia que quedan con poca opción de surgir a la vigilia.

No podría culparles.

En una ocasión, meses antes de su muerte, mi papá me estaba hablando de su infancia y juventud. Hablaba del barrio y de la gente y de cuándo y cómo conoció a mi madre. De pronto me preguntó si había yo vuelto al barrio donde vivía junto a la casa del señor que era dueño de una gasolinería. Me tardé un momento en evocar el barrio, la casa, el señor (que además de gasolinería tenía un periquito con el cual me dejaba jugar). Me preguntaba porqué habría vuelto yo a ese barrio. Luego me comentó que recordaba la casa donde vivía yo con mi hermana, yo en la planta baja y ella en la planta alta. Volví a hacer memoria. Hablaba de y a mi abuela. Me había confundido con ella. Usé una foto de cuatro generaciones para reubicarlo y él quedó pensativo. “¿Por qué me pasó eso?” Se veía desconcertado y tal vez avergonzado. Le dije que él había estado tan absorto en su historia que siguió en ese tenor su mente. El pasado le era mucho más agradable que su presente. Me queda muy claro.

Antes de su fallecimiento, meses después, mis hijas y yo nos divertimos junto con él planeando un viaje que seguramente algún día haremos. “Angie, empaca las cachuchas. Nos vamos a Pompano.”

Nacida en Detroit, MI el 25 de mayo de 1956. Residente de Saltillo desde 1974. Maestra y traductora por necesidad. Psicoterapeuta, empresaria, poeta, actriz y administradora de Foro Amapola porque la vida es dinámica. Madre de 4, abuela de 5. En 18 años de formación como psicoterapeuta ha hecho especialidades que incluyen terapia psico-corporal y Gestalt. Idealista insistente y ser humano en constante movimiento.

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