La profesionalización del Congreso de Coahuila
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En estados altamente industrializados como el nuestro, donde las decisiones legislativas impactan directamente en competitividad, inversión, seguridad y estabilidad institucional, la profesionalización parlamentaria adquiere una dimensión estratégica
La profesionalización del Congreso del Estado de Coahuila se ha convertido en uno de los temas más relevantes dentro del actual proceso electoral. En un contexto marcado por la seguridad, el transporte y la movilidad, el cuidado del medio ambiente, la conectividad digital, el crecimiento industrial, el nearshoring, la transformación tecnológica, los retos en seguridad, el estrés hídrico y el desarrollo urbano, una parte de la ciudadanía comienza a observar con mayor atención no sólo las propuestas de campaña, sino también la preparación y experiencia de quienes aspiran a integrar el Poder Legislativo.
Los perfiles de las candidaturas reflejan hoy una composición diversa que combina experiencia política, formación profesional y participación ciudadana. De acuerdo con la plataforma “Candidatas y Candidatos, Conóceles” del Instituto Electoral de Coahuila (IEC), predominan perfiles vinculados con las carreras de Derecho, administración pública, contaduría, ingeniería, educación, comunicación y actividad empresarial, además de personas provenientes del activismo social, la academia y el liderazgo comunitario.
Los partidos políticos han buscado integrar perfiles jóvenes, mujeres, empresarios, exfuncionarios, exdiputados y representantes ciudadanos, que hoy reclaman protagonismo, aunque no le entiendan mucho a los temas torales por los que en estos tiempos pasa el Estado. En algunos casos, las candidaturas cuentan con experiencia previa en administración pública, gestión social o trabajo legislativo, mientras que otras representan perfiles más ciudadanos o ligados a actividades privadas y comunitarias, por supuesto, insuficientes para sacar adelante las demandas de una sociedad cada vez más compleja y en franca desigualdad.
Aunque la ley mexicana no exige una formación académica específica para ser diputado, la complejidad actual de la función legislativa ha elevado las expectativas sobre la preparación técnica de quienes integran el Congreso. Hoy, un legislador no sólo debate iniciativas; también participa en la aprobación de presupuestos, supervisión del gasto público, evaluación de políticas públicas y construcción de marcos regulatorios que impactan directamente en el desarrollo económico y la calidad de vida de la población.
Por tanto, la tarea del diputado –etimológicamente “el que evalúa”– es la de escuchar y recoger las problemáticas sociales por las que la ciudadanía pasa, para discutirlas con sus compañeros y tomar con ellos las mejores decisiones, a fin de aprobar nuevas leyes que ofrezcan oportunidades de todo tipo a la población.
Y en un plano horizontal, no menos importante será la tarea de aprobar el presupuesto gubernamental, ratificar secretarios y magistrados del Poder Judicial y nombrar a los responsables de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, del Instituto Estatal Electoral, a los consejeros de Transparencia, al titular de la Fiscalía y al de Participación Ciudadana, entre otros. Y en cuestión de dineros, fiscalizar a través de la Auditoría Superior del Estado las cuentas públicas de los poderes de la entidad, los municipios y de los organismos públicos autónomos.
No están ahí para que siga vigente el “statu quo”, sino para transformarlo, para lo cual deben estar preparados. La elaboración y aprobación de leyes es una tarea que exige competencias técnicas, capacidad de análisis y comprensión de la realidad social y económica de Coahuila.
En estados altamente industrializados como el nuestro, donde las decisiones legislativas impactan directamente en competitividad, inversión, seguridad y estabilidad institucional, la profesionalización parlamentaria adquiere una dimensión estratégica. Se requieren legisladores con conocimientos en administración pública, derecho, finanzas, seguridad, desarrollo regional y transparencia, además de habilidades de negociación, construcción de acuerdos y actualización permanente.
El tema de la profesionalización del Congreso, que no es nuevo, no busca limitar la representación ciudadana, sino fortalecer la capacidad institucional del Poder Legislativo para responder a desafíos cada vez más complejos. La formación permanente, el acceso a asesoría especializada y la construcción de decisiones basadas en evidencia podrían convertirse en factores decisivos para el futuro político y económico de Coahuila. Los patéticos ejemplos de legisladores sólo con estudios mínimos terminados –y algunos sin ellos– son la respuesta a lo que vivimos en un país como el nuestro. Casos sobran.
Un Congreso profesional se distingue por su capacidad técnica, transparencia y orientación a resultados. Para lograrlo, es necesario fortalecer la formación de los legisladores, consolidar equipos especializados, mejorar los mecanismos de evaluación y promover una relación permanente con la sociedad. De esta manera, el Poder Legislativo puede desempeñar de forma más efectiva sus funciones de representación, control y creación de leyes en beneficio del desarrollo estatal.
Al final, la calidad del Congreso influirá directamente en la calidad de la gobernabilidad y en la capacidad del Estado para enfrentar sus principales retos sociales y económicos. Como escribió Aristóteles en su obra “Política”: La política es una actividad que no depende de los dioses, ni de las bestias; depende de los hombres”.
La participación ciudadana y la exigencia de legisladores preparados seguirán siendo elementos fundamentales para fortalecer la vida democrática y el rumbo institucional de Coahuila. Por lo pronto, vea en el portal del INE o el IEC, por favor, los perfiles de los candidatos y busque en los medios su trayectoria o simplemente notas de lo que han venido haciendo en otro momento, saque sus conclusiones y vaya a votar el próximo 7 de junio. Así las cosas.