La presencia del jaguar
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Sin un hábitat bien conservado no es posible la presencia de este felino ni del oso negro
Cuando se habla de la conservación de los ecosistemas de la biodiversidad, también deben considerarse los cambiantes aspectos culturales de las poblaciones humanas que cohabitan en dichos ecosistemas; de ahí la necesidad de adoptar un enfoque biocultural. Ésta se expresa en la diversidad lingüística, cultural, biológica, agroecológica e intercultural.
El jaguar, como especie en peligro de extinción, al hacerse presente o desaparecer de los territorios, representa un individuo vital dentro de una cadena trófica en la que se enlazan las especies para su supervivencia. Mucho antes de ser documentada su presencia en senderos de la Amazonia, de la Selva Maya o de la Sierra Madre Oriental en México, resulta interesante conocer su papel en la cosmovisión precolombina.
En abril de 2022 escribí sobre la muerte por atropellamiento de jaguares en el tramo 5 de la construcción del hoy incosteable Tren Maya, obra que además dejó un gran pasivo ambiental. También compartía los avistamientos de estos felinos en las costas de Quintana Roo durante los críticos tiempos de la pasada pandemia.
La herencia biocultural de las grandes civilizaciones del mundo es un legado que los pueblos originarios sobrevivientes, gracias a su resistencia después de la colonización, atesoran y cultivan para la armonización de su vida comunitaria. Los mayas precolombinos veneraban al jaguar como una figura sagrada.
En la actualidad, los pueblos mayas se distribuyen desde la península de Yucatán hasta Honduras. Hablan distintas variantes surgidas de una misma matriz lingüística y en ellas se hace patente la relación con la naturaleza y el cosmos, la cual se fundamenta en lo material y en lo espiritual. Así los vínculos son siempre con lo sagrado: la tierra es una madre que nutre la existencia del género humano y el cielo es un padre que se interrelaciona con ella para dar continuidad a los ciclos de la vida. Estuve el año pasado conviviendo con mayas guatemaltecos, conversando sobre la importancia del Corredor Biocultural Gran Selva Maya, del que aún ellos no tienen mucho conocimiento.
En el norte mexicano hay pruebas de la presencia del jaguar, que sigue coexistiendo con otras especies emblemáticas como el oso negro, sin olvidar que cerca de ellas hay comunidades mestizas y originarias.
Desde octubre de 2024 se está trabajando en la consolidación del Corredor Biocultural Frontera Norte (Oso-Jaguar). La primera reunión se realizó en el rancho-museo para la conservación en la Sierra de Maderas del Carmen en Coahuila, que desde 1996 está siendo restaurada por el empresario social Alberto Eugenio Garza Santos. Él es un serio conservacionista que, a través de la Fundación Mundo Sustentable A.C., convocó a los secretarios de Medio Ambiente y de Turismo de Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Al encuentro asistieron el comisionado de la CONANP, Pedro Álvarez Icaza; Lorena Gudiño, coordinadora de la Alianza Mexicana-Alemana de Cambio Climático de la GIZ; y el experto Lorenzo Rosenzweig.
A partir de allí, se está diseñando un proyecto que comprende 6.7 millones de hectáreas para promover la captación de fondos de los gobiernos federal, subnacionales y del extranjero, incluyendo apoyos financieros del sector privado, con el propósito de fortalecer las áreas naturales protegidas de esa franja territorial. La premisa es clara: sin un hábitat bien conservado no es posible la presencia del jaguar ni del oso negro; por ello se requiere que los seres humanos que también habitan ese territorio confluyan con respeto y cuidado hacia la fauna existente y a la que pueda ser reintroducida. Todo esto implica costos millonarios en dólares, pero es una inversión que debe hacerse. Qué bueno sería que una parte de las utilidades de la Copa Mundial de Futbol que se avecina pudiera considerarse como parte de este fondo para la conservación biocultural.
En agosto de este año se desarrollará en Bacalar y en Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, un foro sobre la cultura maya, donde propondré que se tome en cuenta el tema del Corredor Biocultural Gran Selva Maya, que está orientado a la conservación del patrimonio integral y que los mayas de hoy deben internalizar para ser autores y no simples actores sociales. En ambos corredores bioculturales se requiere de una potente estrategia de comunicación que promueva la sana gobernanza necesaria para consolidarlos.