Pasión y redención, el barroco transmutado en sonido
En dos sublimes conciertos se plasmaron los lienzos de un barroco musical sobrecogedor y profundamente espiritual. Las voces de dos intérpretes, estudiosos y amantes del arte vocal del barroco musical arroparon al numeroso público que asistió a los dos conciertos ofrecidos en diferentes sedes, acompañados ambos por la Orquesta Filarmónica del Desierto, dirigida por su director artístico, Natanael Espinoza, con una configuración instrumental reducida, propia de las dimensiones orquestales de los períodos barroco y clásico.
La soprano Claudia Gutiérrez y el contratenor Héctor Sosa abordaron un programa dividido en cinco partes con obras de Franz Joseph Haydn, Johann Sebastian Bach, George Friedrich Handel, Giovanni Battista Pergolesi y Antonio Vivaldi. Loable la propuesta de este proyecto de concierto que creó la maestra Claudia Gutiérrez quien, además, impulsa un movimiento estructurado para dar a conocer las maravillas del arte musical barroco. Ambos cantantes, en plena madurez y dominio de sus instrumentos, obsequiaron una velada en la que la profundidad y misticismo de las obras deleitaron de principio a fin, en un cuidadoso programa cuya curaduría debemos al maestro Héctor Sosa.
El primero de los conciertos se llevó a cabo en el patio de Il Mercato, en Parque Centro. Justo es decir que tanto los músicos como el público sufrieron “las de Caín”, ya que un ruidoso conjunto roquero estuvo tocando simultáneamente al concierto su repertorio a decibeles inapropiados, empañando la ejecución de los solistas y la OFDC. El segundo concierto se llevó a cabo en la Catedral de Santiago, el lugar apropiado para este repertorio.
El programa abrió con la Sonata VI, Consummatum est, el penúltimo movimiento del Oratorio “Las últimas siete palabras de Cristo”, de Haydn. Espinoza logró transmitir el momento culminante del drama teológico y humano antes de la muerte de Jesús. Fue notable la sensación del ritmo de zozobra en los staccati de las cuerdas que sugieren los últimos latidos y la dificultad para respirar de Cristo; loable también la bien lograda alternancia de pasajes en forte con súbitos piano. Bach compuso su Pasión según San Mateo entre 1727 y 1729. Sosa y Gutiérrez interpretaron dos arias y un dueto de esta magna obra: Du lieber...Buss und reu (para Contratenor), Ich will dir mein Herze (para Soprano) y So ist mein Jesus nun gefanden (para Dueto).
La primera grata impresión al escuchar a ambos solistas fue la cuidadosa y estricta articulación y fraseo propias de la obra vocal de Bach. Las amplias frases melismáticas mostraron claridad, energía y potencia vocal en Gutiérrez, la luminosidad de su registro reprodujo la transparencia y pureza del texto “Quiero entregarte mi corazón, sumérgete en él, mi Salvador”; ambos, en el dueto para Soprano y Contratenor, manifestaron el control y equilibrio dinámico que demanda el erizado contrapunto bachiano; la batuta de Espinoza cuidó y acompañó a los cantantes en las tres arias más demandantes del programa. Algunos pasajes en la orquesta- flautas y oboe- acusaron desfases rítmicos y notas fallidas. Las cuerdas reprodujeron el sonido y fraseo con poco vibrato, sus spiccatos apoyaron el fraseo de los solistas y nos acercaron en algo a la interpretación historicista del sonido barroco.
En las arias del resto del programa (del Messiah, de Handel, el Stabat Mater, de Pergolesi y del Gloria, de Vivaldi), Gutiérrez y Sosa revelaron no solo su capacidad en el manejo técnico de su instrumento vocal, sino una muy desarrollada sensibilidad y conocimiento para incursionar con facilidad asombrosa por el entramado contrapuntístico y dinámicas propias del estilo. Su versión en las arias del Stabat se ajustaron a la ornamentación propia del estilo barroco, a diferencia de muchas interpretaciones de cantantes e instrumentistas que desconocen la ornamentación. Pasión y Redención fue una propuesta diáfana que nos asomó al esplendoroso y místico universo del barroco musical. Esperamos mucho más de ello.
CODA
“Todo lo que necesito para sobrevivir es comida, agua...y Bach”. Ton Koopman.