Pecados... pereza

Opinión
/ 21 abril 2022
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La pereza, el tedio, la temible acedia. Ejemplos hay hartos. ¿Nosotros los poetas, los escritores la padecemos? Sin duda. Forma parte de nuestro alfabeto para crear. Debo de justificarme. Sentado, pensando y bebiendo, nacen los grandes textos, el mejor poema, la mejor reflexión. En un diálogo memorable entre una supuesta musa y un poeta atormentado, Alfred de Musset pone los siguientes versos en labios de su arrebato...

“Sé que sufres amigo. Algún tedio te roe,/ solitario, algo gime en tu pecho. Un amor/ te visita, cual suele ser amor en la tierra,/ una sombra de goce, simulacros de dicha./ Ven, cantemos, cantemos ante Dios en tu mente,/ en placeres perdidos, en tus penas pasadas...”. Pereza. Tedio. Decíamos en mis años mozos, “sólo tirar flojera”. No hacer nada. Y la nada conduce a la negligencia, al descuido de todos y de sí mismo; ser flojo, un haragán. ¿La Biblia condena la pereza? Sí. Al menos tengo tres referencias subrayadas de ello: Proverbios 6. 6-9. En Romanos 12:11 y Hebreos 6:12.

Pero, como siempre, hay un pequeño detalle en todo esto: la Biblia, contradictoria como siempre, pone de manifiesto lo siguiente: ni los mismos discípulos del maestro se salvaron de tal pecado: eran perezosos. Claro, usted lo recuerda. Jesús se entrega a la oración en el huerto de Getsemaní (sigo el Evangelio de Mateo), “Yendo un poco hacia adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿así que no habéis podido velar conmigo una hora?...” (Mateo 26. 36-46).

¿Lo notó? Ni una hora pudieron mantenerse alertas los hombres. ¿Estaban briagos luego de la última cena? Lo más probable es, sí. Pecado de gula y alcoholismo, pero también, la pereza. Estaban durmiendo, entregados a su relajación, a la pereza, mientras el maestro Jesucristo se encaminaba a su calvario para modificar el eje del mundo.

La pereza siempre ha sido mal vista. El capitalismo y el mercado todo lo pudren. El ser humano, paradójicamente, tiene la obligación y necesidad de comprar en el mercado parte de su esencia y aquello lo cual lo hace humano: las satisfacciones materiales. Y no pocas veces, también las naturales. El bienestar, se nos ha hecho creer, se compra enlatado. Y para comprarlo, se necesitan dineros. Hartos dineros y plata. Y para generar dicha plata, es necesario estar activos, de un lado a otro. Siempre en perpetua movilidad y cambio.

¿Estar quieto? Eres un conformista. ¿No generas riqueza no obstante tu potencial? Eres un haragán. ¿Descansar y estar tirado en casa tres días? Sin duda, eres un perezoso. Pereza: pecado capital. Aquel viejo aforismo de Hermann Hesse en “Siddhartha” ha quedado sepultado para siempre: “sé pensar, sé ayunar, sé esperar”. Pues sí, la nada. La pereza preocupa a los cresos empresarios y a los políticos: entregarse todo el día a algo pecaminoso y peligroso es preocupante: pensar. Ficino, el ilustrado de la antigüedad lo dijo en una oración perfecta: “El hombre se hace sabio sentado”. Le creo.

ESQUINA-BAJAN

Leo un libro al respecto, es más bien un opúsculo, “El derecho a la pereza” de Paul Lafargue (yerno de Karl Marx). Al fundamentar dicho derecho, me ha hecho gracia y tiene razón en lo siguiente: “Jehová, el dios barbado y huraño, dio a sus adoradores el supremo ejemplo de la pereza ideal; después de seis días de trabajo, descansó por toda la eternidad”. ¡Jaja! sin duda. Es el tópico el cual le he repetido en nuestra tertulia sabatina de “Hablemos de Dios”: Dios está en su trono y no tiene nada por hacer aquí en la tierra.

Pereza. ¿Se puede disfrutar acompañado o es un placer, como la lectura, único e indivisible; placer para solitarios? No sé. Cada ser humano (usted lector) tendrá su opinión y puesta en práctica de este pecado. Pero en mi caso, la pereza como la lectura, es un oficio de solitarios. Soledad y silencio. Defiendo la pereza por un motivo: la necesito para escribir. ¿Soy perezoso por entregarme diario a la lectura 4-5 horas sin apenas levantarme por un aperitivo y luego ir al sanitario?

No lo sé. Pero esta sociedad postmoderna condena a personas como su servidor por estar sentado en mis aposentos alrededor de cuatro horas del día. Leer, meditar, soñar, pergeñar notas; sí, lo prefiero. Mientras afuera hay un sofocante e indecente mar de bienes materiales los cuales y en mi caso, son completamente innecesarios. ¿Lo ha notado? Hoy todo mundo debe de “actualizarse” periódicamente. ¿No lo haces? Quedas inservible como cualquier celular “inteligente”. Ignoro dicho significado.

Queda poco espacio y muchas ideas. Va. La siguiente anécdota es buena. Un día, el filósofo (el más importante de la España del siglo XX) José Ortega y Gasset almorzó con los toreros Rafael Gómez “El gallo” y José María de Cossío. Ortega se fue. “El gallo” preguntó: “Y este señor que ha comido con nosotros ¿Quién era?”, “Era don José Ortega y Gasset”, reviró Cossío. “El gallo” arremetió: “Eso ya lo sé, pero quiero decir, ¿a qué se dedica?, ¿de qué vive?” Cossío atajó: “De pensar, Rafael, le pagan por pensar”. “El gallo” sólo espetó: “¡Hay gente pa’to!”.

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“7 Pecados Capitales”. Cuál es el suyo...

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