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AL SUEÑO

Politicón
/ 16 noviembre 2018

    Sueño, posa tu vuelo

    en la sala de mármol del insomnio,

    envuelve con tu ala

    como en un torbellino

    estos espejos, estos candelabros.

     

    Porque en tu umbral portátil

    que va y viene en el viento, que se aleja

    y se acerca, he mirado

    formas de pensamiento

    en que una nueva realidad se anuncia.

     

    Pues ya no vivo, sólo

    me dedico a escribir, y las palabras

    forman un laberinto:

    con los ojos cerrados

    ya recorro esos muros transparentes.

     

    Del país de los muertos

    vienes y a sus linderos nos conduces;

    nos abarca su orilla

    en cualquier parte, ola

    interior que retrocediendo avanza.

     

    Pero apenas existo:
    en un espacio discontinuo, alza

    remolinos el tiempo

    de pequeños sucesos:

    ellos soy un instante y me disuelvo.

     

    Floto como un espectro

    en los islotes de la realidad:

    me sueñan, me recuerdan

    los palpables objetos,

    soy apenas un sueño de las cosas.

     

    Me pronuncia el lenguaje,

    su sistema de ecos, caracolas

    del azar, me profieren

    como un reflejo suelto

    que no tiene sustancia o referente.

     

    (Apenas reconozco

    el rostro que moldea la muerte a diario

    como una cera ahumada;

    quiero gritar a veces

    por saber si yo mismo puedo oírme.)

     

    Se pone en pie el espíritu

    y en un vuelo reinstaura su vigilia;

    el país del durmiente

    que anuncia Scherezada

    tiene más noches que el sol cuenta días.

     

    Al día se recuesta,

    la realidad es su más pobre sueño;

    el bastardo, el plebeyo

    lucrando en esa gleba

    encuentra que el almácigo es sepulcro.

     

    Es un nómade el sueño,

    carece de memoria y de cultura;

    es el dios de la tuareg

    que transita dormida

    los piélagos de arena de la Sirte.

     

    Allá escriba el egipcio,

    que resume su numen en papiro;

    pues las mitologías

    del sueño son anónimas

    como unas crónicas de prehistoria.

     

    Piramidal, inverso

    cono de luz que brota del insomnio,

    la dibuja en la arena;

    ella cabalga en círculo

    laberintos de arena y de conciencia.

     

    A veces se proyecta

    en el muro de la vigilia, donde

    altera las imágenes

    y revuelve y confunde

    la realidad, fija en su diccionario.

     

    La tuareg viene, escucho

    las espuelas de su corcel dormido

    y la crin es la ola

    que se azota y sumerge,

    es amarga la espuma de ese belfo.

     

    La vigilia es tan sólo

    la más superficial de sus etapas

    y la siento dormido

    hablar su idioma arcaico

    que ha alterado mi voz y mi sintaxis.

     

    Arrasa la oscurana

    el espíritu con su ventolera

    y en la alameda diáfana

    te veo: eres más un pájaro

    que una mujer en tal palabra, pájaro.

     

    (16 de noviembre)

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