Cine, pluralismo y multiculturalidad
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Para Carlos Marx la sociedad está conformada por una infraestructura (la dimensión económica, las formas de vida, los recursos naturales y los medios de producción) que es la base, y una superestructura (ideas políticas, religiosas, filosóficas, entre otras) que tiene como función reproducir las relaciones de producción.
Históricamente se ha pensado que es la infraestructura el soporte en el que las sociedades se sostienen. Hoy, en cualquier latitud, quien marca el hilo conductor de los pueblos son las ideas políticas, religiosas, artísticas y filosóficas, aunque no lo creamos así.
Por supuesto, la responsabilidad de replicar los estereotipos o modelos sociales, políticos y económicos la tienen los medios de comunicación social que juegan un papel fundamental. Son un gigantesco megáfono que sirve para reproducir las ideas que legitiman un estilo de vida propuesto desde la política o la economía.
Primero la radio, luego la televisión, ahora el internet y el que nunca ha pasado de moda, el cine, han jugado papeles torales en la historia de quien detenta el poder. El cine se convirtió en la herramienta consentida de los gobiernos para promover y reproducir el status quo propuesto. En últimos tiempos, los Estados Unidos son el mejor ejemplo de esto.
El sueño americano, el ingenio americano, el destino manifiesto, la doctrina Monroe, las fuerzas del mercado, las guerras, la oferta y la demanda, y el intervencionismo fueron temas que promovieron e impusieron una ética restringida en contraposición con valores que fueran aceptados por todos.
Se promovió la idílica sociedad norteamericana y su gobierno obteniendo enormes ganancias por la producción de películas. Dramas, comedias, aventuras, terror, western, melodramas, suspenso, policiaco, fantasía, bélico, para niños o cualquier otro género fueron el instrumento por el que se promovió el American way of life. ¿Qué sería la cultura norteamericana sin Hollywood?
Por supuesto, no fue casual la aparición de “Rambo” en plenas guerras en Medio Oriente o “Terminator” o “Star Wars”, que buscaban colocar a Estados Unidos como los policías y protectores del mundo; perdón, lo hicieron. Benditos hermanos Lumiere.
Afortunadamente a partir de la entrega de los galardones en 2017, se dio un cambio estructural en la llamada Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas, renovando su formato y estructura. Hoy la Academia se conforma, a diferencia de otros tiempos, por 774 miembros. El punto no es el número de integrantes sino su conformación. El 39 por ciento de ellos son mujeres, el 30 por ciento lo conforman personalidades de minorías étnicas de los Estados Unidos y especialistas de 57 países, el resto son norteamericanos blancos.
Los efectos ahí están. Los premios a las mejores películas, actores, directores y demás, tuvieron como referencia en 2018 y 2019 el pluralismo y la multiculturalidad, donde “parece” ser que el American Dream pasó a segundo plano. No son ya las temáticas que promueven la hegemonía de los Estados Unidos, sino temas que promueven valores plurales.
El triunfo de películas como “Green Book: Una amistad sin fronteras”, “Roma”, “El Infiltrado en el Ku klux Klan” o “Black Panther” nos muestran los cambios y la tendencia hacia la diversidad racial y cultural con todo lo que esto implica, marcando de forma contundente el paso de una ética restringida a una ética universalista. El racismo, la discriminación, la aceptación de las culturas afroamericanas, la visibilidad de los pueblos originarios y de las minorías raciales, la promoción de valores como la amistad, la familia y la justicia son temas disruptivos ante modelos políticos, económicos y sociales que promueven la involución de las sociedades y la falta de respeto a otras formas de vida.
Por supuesto, nos conviene a todos que el cine deje de ser el aparato reproductor de estereotipos hegemónicos y que de una vez por todas ocupe el lugar que tiene en las Bellas Artes. Bienvenida la multiculturalidad y el pluralismo en el cine.