Doña Chonita

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Politicón
/ 8 abril 2018
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Cuenta Miguel Alessio Robles, en su libro “Perfiles del Saltillo”, que cuando era joven estudiante del Ateneo iba con sus compañeros y amigos a pasear por las huertas y otros lugares en los alrededores de Saltillo. Entonces eran zonas suburbanas, llenas de huertas y hortalizas y con abundante agua. Cuenta que en la calle Murguía, antiguamente llamada de los Baños, por la huerta los Pilares, en los rumbos del Santuario, iban al merendero de doña Chonita a oírla narrar historias de los personajes que en otros tiempos visitaron su negocio, el famoso Merendero Saltillo. Entre los personajes, el más admirable de todos  fue el presidente don Benito Juárez, puntual parroquiano del lugar el tiempo que duró su estancia en Saltillo. En 1864, el presidente había dejado la Ciudad de México a causa de la Intervención francesa, y se estableció con sus ministros y su familia en esta ciudad. Asiduo comensal, Juárez se hacía acompañar con frecuencia del poeta Guillermo Prieto, su secretario de Hacienda y distinguido liberal. Acompañados de una deliciosa bebida de pulque almendrado, ambos personajes sostenían largas conversaciones sobre política y comentaban la situación difícil por la que atravesaba el País. Más tarde merendaban enchiladas y pan de pulque, atendidos solícitamente por la dueña del lugar.   Varias décadas después, aquellos jóvenes adolescentes, Miguel Alessio entre ellos, escuchaban atentamente las conversaciones sostenidas en aquel restaurante entre don Benito Juárez y Guillermo Prieto, repetidas casi al pie de la letra y con devoción por doña Asunción Quiterio Valerio, doña Chonita, fundadora del Merendero Saltillo y la famosa panadería tradicional del pan de pulque. Hace poco más de 100 años, la familia de doña Chona estableció su vivienda y el Merendero en la calzada Madero, frente al panteón de Santiago. Hoy sobrevive únicamente la panadería, a la que se llega por la lateral del lado sur del puente a desnivel.   El Merendero Saltillo, un referente para muchas generaciones de saltillenses, funcionó alrededor de 150 años, y hace apenas algunos, quizás una década, que dejó de funcionar, pero la sabrosa tradición del pan de pulque la han continuado los descendientes de la fundadora. Actualmente, la familia Valdés García, cuyos integrantes más jóvenes pertenecen a la sexta generación, elaboran diariamente, según la receta de doña Chonita, las empanadas de nuez y piloncillo, las chorreadas de piloncillo y los tradicionales molletes, horneados todavía en el antiguo horno de piedra del lugar, y sostienen en pleno Siglo 21 una herencia tlaxcalteca de hace siglos.   El Merendero Saltillo fue uno de esos lugares casi mágicos, ubicado en un espacio que antes eran las orillas de la ciudad y hoy es parte de la zona centro, frente a los dos antiguos panteones de San Esteban y de Santiago. No sé cuántos años cuente la casa que lo albergaba, su construcción era, quizás, de principios del siglo pasado, pero todavía hace unos años cené un día, con grata compañía, unas deliciosas enchiladas típicas saltillenses en una de las mesas del lugar. Desde ahí podía verse, a través de la ventana, un cuadro extraordinario en una ciudad de estos tiempos: un gallo dormitando, trepado en una gruesa rama del árbol que sombrea el patio y cuyo canto seguramente despertaría en la madrugada a los encargados de elaborar el pan de pulque. Un poco más allá se veía la noria con el alicate que se usaba antiguamente para sacar el agua de sus profundas entrañas.   El pan de pulque, herencia tlaxcalteca, es una de las tradiciones saltillenses de más arraigo, y gracias a doña Chonita, todavía lo elaboran sus descendientes en el antiguo lugar del Merendero Saltillo.

Profesora de Lengua y Literatura Española. Dirigió el departamento de Difusión Cultural de la Unidad Saltillo de la UAdeC. En 1995 fue invitada por la Universidad Tecnológica de Coahuila, unidad Ramos Arzipe, para encargarse del área cultural, que incluía la formación del Centro de Información y cuatro años más tarde vendría la fundación del Centro Cultural Vito Alessio Robles, recinto que resguardaría la biblioteca de su padre, y donde hasta hoy labora.

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