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ÉGLOGA

Politicón
/ 15 noviembre 2018

    Vengo de ella, voy hacia la memoria,

    dando traspiés transito por el bosque

    y entre árboles y nubes me extravío;

    en los islotes de verdura hay bultos

    de ahorcados y serpientes en las peñas,

    un rocío de ninfas huella el césped.

     

    En ciertos humus es ciénaga el césped,

    he aprendido el camino de memoria,

    un pájaro revolotea en las peñas

    que quisiera apropiarse todo el bosque,

    las ninfas hurtan sus graciosos bultos,

    persiguiendo sus risas me extravío.

     

    Más que mi identidad, lo que extravío

    son las últimas luces en el césped,

    soy cada uno de los muchos bultos

    que hablan, oráculos de la memoria:

    toma el tamaño de un desván el bosque,

    son estantes de libros esas peñas.

     

    Las fórmulas escritas en las peñas,

    cuyo sentido atrapo y extravío,

    cual pájaro que lee todo el bosque,

    las letras de rocío caen al césped:

    las espontáneas ninfas sin memoria

    deben palpar tan impalpables bultos.

     

    Los ahorcados dan tumbos y sus bultos

    andan con pies descalzos por las peñas,

    ha sido un laberinto la memoria

    y el pájaro los guía en su extravío:

    los devora la ciénaga del césped,

    una ninfa no deja ver el bosque.

     

    Vaga literatura, a cada bosque

    le llegará su égloga; los bultos,

    aunque no dejan huella sobre el césped

    aún respiran y son como las peñas,

    sólidos y concretos; me extravío

    en historias que yo sé de memoria.

     

    No redime sus culpas la memoria,

    el porvenir la dobla como un bosque

    reflejado en un lago, su extravío

    es la única ruta; atan los bultos

    las ninfas a sus árboles y peñas,

    gira en el caracol del tiempo el césped.

     

    No hay otro paraíso que este césped,

    escucha el caracol de la memoria,

    viento que pulsa el sistro de las peñas;

    desde su centro el dios genera el bosque,

    las sombras son más reales que sus bultos,

    es punto de llegada el extravío.

     

    Es un demonio el dios en su extravío,

    descuartizado como está en el césped

    son accidentes suyos estos bultos,

    brotan del noúmeno de la memoria,

    pastores que cantaron en el bosque

    a sus ninfas más duras que las peñas.

     

    Hojeo la biblioteca de las peñas,

    hay tanta erudición en su extravío,

    no tiene centro o límites el bosque,

    las ninfas que retozan en el césped,

    superficiales como la memoria,

    no tienen alma o sombra, sólo bultos.

     

    Dicta constancia Amor en otros bultos,

    graba sus epitafios en las peñas,

    florecen en la brisa sin memoria,

    qué canción improviso a su extravío

    mientras danzan las ninfas en el césped,

    las que han descuartizado al dios del bosque.

     

    Libros y ninfas, de regreso al bosque

    intercambian volúmenes y bultos,

    los jeroglifos de rocío en el césped,

    los epitafios de lumbre en las peñas

    urden un palimpsesto de extravío:

    vengo de ella, voy hacia la memoria.

     

    Ninfas de la memoria, hay otro bosque

    en donde el extravío mece bultos

    como si fueran peñas sobre el césped.

     

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