El gobierno de las consultas. O, si no hay pa todos, hay patadas.

Politicón
/ 20 julio 2021

Les platico: no se necesita ser especialista en sicología para darse cuenta de lo que hay atrás de quien consulta todo cuanto quiere hacer.   Inseguridad es la palabra clave y es tan contagiosa que se convierte en una peste y apestados los contagiados.   Es más, el inseguro que todo lo consulta es impotente en la más amplia de las acepciones, la mental, de la cual deriva la física y la fisiológica.   La historia nos enseña -a quienes leemos- qué detrás de las tiranías más escandalosas y mortíferas del siglo XX está la personalidad insegura de quien se hizo del poder y cuando lo tuvo, se escudó en las consultas populares para esconder sus verdaderas y nefastas intenciones.   Stalin consultó la purga de millones de opositores en Rusia.   Hitler, el exterminio de los judíos.   Mussolini, el asesinato de quienes defendían la República y se negaban a aceptar sus delirios monárquicos.    Kadafi, la desaparición del mapa de las tribus que le negaban el mandato que impuso en Libia con engaños y disfrazado de un “espíritu de salvación” que le soplaron a la oreja las mujeres de su harem.   Fidel Castro consultó la muerte simulada de accidente, de Camilo Cienfuegos, el encarcelamiento por 20 años de Huber Matos, la traición al Ché Guevara al entregarlo a la CIA en Bolivia, la muerte de miles de los por él llamados “gusanos” que se oponían a la revolución.   Hussein, Idi Amin, Duvalier, Somoza y luego ahí mismo en Nicaragua, Daniel Ortega, su derrocador a través del dinero gringo de los Contras.   Todos ellos, los “grandes consultadores” de la historia.   A todo movimiento político y social de tendencias totalitarias y nacionalistas se le define como “fascismo”.   Observen cómo no es propiamente un partido político el que está detrás del fascismo, es un movimiento.   Y viene a cuento esto porque cuando le llamé partido político a Morena, el familiar de un candidato a cierta gubernatura me corrigió: “Morena no es un partido, es un movimiento”.   Ándale cabrón, te traicionó tu inconsciente fascista.   Ahora sí ya saben por donde va mi pitcheada, verdad? hablando en el lenguaje beisbolero que tanto le gusta a nuestro buen hombre presidente.   Para mí, el que gobierna y en vez de gobernar todo lo quiere consultar, es como el que le tira al ojo de otro, y no quiere tocarle la pestaña. Espero que los buenos hombres que me leen capten mi irreverencia. El que todo lo consulta no tiene rostro; quiere usar el rostro de aquellos a quienes consulta.

De ese tamaño es su inseguridad.   LA TREGUA DE DIOS   Quiere imponer su voluntad en un ambiente de tregua.    Cuando en el campo se avecina una tormenta, las fieras y las alimañas comparten los refugios porque su instinto les dice que algo grande se avecina. Se da lo que los campesinos llaman “tregua de Dios”, porque los enemigos naturales dejan de reñir; no se despedazan los unos a los otros; conviven entre sí, pero esto es momentáneo, nomás se da en las treguas.   Los fascistas se toma una tregua con sus adversarios durante las consulta. Le están diciendo a sus gobernados que si no somos capaces de actuar racionalmente, dejémonos guiar por el instinto de los animales.   En medio de su frustración porque les cuesta un gran trabajo tomar decisiones, hacen consultas populares.   Y en las treguas que se dan en las consultas, fincan su visión de nación. Yo los veo en este ambiente -a los que consultan y a los consultados- caminando con la “seguridad” de un sonámbulo y no se han dado cuenta ni los unos ni los otros el destino al que están condenando a una nación.   Los que promueven y se prestan a esta maniobra fascista se ponen en piloto automático, pero se les olvida que no conducen ni viajan en una carreta, sino la aeronave de un país.     No toman en cuenta que se requiere a un piloto para conducir la nave, y no a unos bueyes para tirar de una yunta.   La política es poliédrica; tiene matices texturas, engañosas luces que encandilan al que no sabe distinguir un foco, de una luciérnaga.  
La indignación, la ira y el resentimiento se nos pretenden vender por los fascistas en la forma de una consulta popular.   El fascista quiere vendernos el hecho de que sus enemigos son los enemigos del pueblo: los  intelectuales, los neoliberales, los preparados, los que leen y que no solo ven las páginas y opinan de libros cuyas solapas son lo único que su “intelecto“ alcanza a entender y de eso opinan y llenan los chats donde todavía los toleran.   El fascista da a las personas el permiso de ser ellas mismas a través de las consultas.   Así de jodida está la cosa en el país y en el gobierno de las consultas populares. 
Una queja en común une a la gente, porque es sencillo culpar a otros de nuestros infortunios. 
Sacrificio, deber, obediencia y lealtad, son la marca detrás de las consultas.
Explotar la inseguridad de la gente es el bastión de las consultas.    Y entonces, los gobernantes que todo lo consultan, buscan convencer a las masas, que esto no es obediencia, sino unidad.   Otra vez, qué jodido está el asunto si dejamos que esto se apodere de México. Involucrar a la gente en sus afanes es un boato político.   Es decir: nadie gobierna solo, ni los tiranos. Estos necesitan cómplices.   Por eso y mucho más que les iré platicando de hoy al 1 de agosto, yo no voy a ir a la consulta popular.   Ya sé cuál será el resultado: “México ya decidió”. (No el presidente al que para tomar decisiones le pagamos).   Y como consecuencia de eso, los ex presidentes “muertos de miedo” bien resguardados en sus refugios a prueba de ataques nucleares… y de p3nd3jadas de este calibre.   CAJÓN DE SASTRE   “Híjole, ese domingo 1 es mi día de guardar, y me guardaré en mi casa. Si saben contar, no cuenten conmigo”, dice la irreverente de mi Gaby… y yo la secundo.