El juego de la silla
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El juego de la silla, lo hemos jugado todos. La dinámica es muy simple. Se colocan un cierto número de sillas, con un cierto número de participantes apenas mayor. Se pone una canción (algo así como la de Yuawui, el de movimiento naranja, ahora tan de moda) y la gente corre alrededor de ellas ¿ya se acordó? El reto es que todos busquen su respectiva silla, alguien se quedará sin ella. En nuestro país el juego comenzó.
En Coahuila lo jugamos en 2017, de hecho se juega de diario. Lo curioso es que son casi siempre los mismos participantes. Se nota que les encanta el juego, a pesar de la ansiedad, el sufrimiento, las afrentas, las humillaciones, los quemes, las mentiras, las promesas incumplidas, el poner en riesgo la dignidad de los demás, el despilfarro en publicidad y en dádivas a quienes son parte de su capital político, los ataques en muchos momentos sin fundamento contra sus competidores, en fin. Jugadores que no se quieren quedar fuera del juego, sino que a pesar de no estar en forma quieren ser actores constantes y casi-eternos de las sillas en disputa.
Los mismos nombres en los mismos partidos y en algunos casos, para no quedarse fuera del juego, bueno pues, se cambian de equipo, que más da ¿Cómo va ser que se queden sin sillas? No se ganó la alcaldía, ah bueno, pues entonces nos vamos a una regiduría. No se ganó la gubernatura o se pone en riesgo la diputación porque termina el período, pues entonces una senaduría. El asunto es tener la silla. La decencia, la honestidad, la lealtad, la fidelidad, las convicciones, la autonomía, el desinterés, son valores que no se requieren para entrar a jugar el juego.
Aquí lo que importa es el premio. Premios mensuales jugosos, dádivas, acuerdos, intereses de grupo, de partido o personales que se ven magramente recompensados. No importan las costumbres, más bien se requiere la amoralidad, la falta de conciencia en mucho de los casos, amnesia para no recordar el pasado; lo que se hizo y lo que se dijo y auto-convencerse que no hay nadie más que ellos para salvar al país, al estado o al municipio según corresponda. México esperaba la epifanía de cada uno de ellos, eso es lo que según mueve sus voluntades. Que quede claro, no importa el partido.
Son los mismos buscando permanecer en el juego. Es impresionante ver los mismos personajes de hace 30 o 40 años que pasan de una diputación, a una senaduría, a una gubernatura o a ser alcaldes en sus ciudades de origen. Han vivido siempre de lo mismo, de vender ilusiones de un México que prometieron y que nunca llegó.
A veces pienso que no saben hacer otra cosa y es por eso que no dan oportunidad a nuevos cuadros, nuevas ideas y nuevas personas que de una vez por todas cambien la dinámica de hacer política en este país.
El juego comenzó el 15 de diciembre, con representación de grupos, frentes y coaliciones; nada nuevo, era la consolidación de una historia anticipada. Quien quiera engañarse lo puede hacer, ésta en todo su derecho.
La forma como llegó “el niño maravilla” a consolidarse como el representante del frente amplio se obtuvo a partir de deslealtades, verdades a medias y mentiras piadosas a la opinión pública, procesos anti-democráticas, descontento hacia dentro del partido y alianzas controversiales que ni en sus peores pesadillas Manuel Gómez Morín, Efraín González o Carlos Castillo Peraza se hubieran imaginado. Una buena cantidad de linduras en el entendido de que el fin (la silla) justifica los medios.
El “candidato ciudadano” ¿ciudadano? Primero trabajo para el PAN y luego para el PRI, sin poder de atracción y con las propiedades del agua parece ser que hará lo imposible para no perder el juego. Aunque es el “más decente de todos los candidatos”, según nos han dicho, sabe que si pierde; no solo pierde la silla, sino todo lo que le brindaría tenerla y todo, es todo. ¿Qué méritos tendrá para quedarse con la silla, si en sus anteriores oportunidades demostró tan poco? 3 secretarías, poco o nada de cambios. Sería una pena que ganara el juego. Aunque habrá que recordar, que en el juego tradicional; la velocidad, la astucia y la suspicacia de saber cuándo termina la música para sentarse es primordial. En este caso la ayuda que puede recibir de los que no participan activamente del juego, puede hacer que se quede con ella.
En el caso de “ya sabes quién”, no se cansa de participar porque siempre hay “complo” ¿Podrá ganar en esta oportunidad el juego? ¿Le dejaran sentarse? ¿Una vez más lo acusaran, lo ligaran a fuerzas extrañas y extranjeras? ¿Se traicionará a sí mismo? Pareciera ser que cuando ya casi se sienta le sacan la silla o alguien se la arrebata. Lo cierto es que igual que los anteriores, no fue objeto de un proceso democrático interno.
Los tres pre-candidatos son únicos ¿y la democracia Apá? ¿Y los miembros de los partidos? Sin voz, ni voto ¿Cómo fue que permitieron que no hubiera una contienda interna? En Morena se entiende, en los otros partidos que tanto presumen de democráticos, no.
Otros jugadores, pareciera ser que los apoya poca gente y no tienen las grandes oportunidades, ni por asomo, de ganar el juego. Las reglas del árbitro son como son y el apoyo a los contendientes no es parejo. Así que los participantes broncos, pendencieros y alguna jugadora que ha disfrutado de los placeres y privilegios que da la silla, no tienen posibilidades, por más que digan que sí.
Ojalá que el árbitro éste a la altura del juego y no se le vaya a hacer bolas el engrudo. Que tenga claro que por la divina silla, los jugadores harán lo imposible, aunque una vez que la tengan no sabrán que hacer en ella. Mientras tanto, estemos al pendiente de que argumentos nos ofrecen para conseguirla, porque no lo olvides, el triunfo en el juego no depende de ellos, sino curiosamente, de nosotros.
Una vez más, pareciera que las oportunidades que tenemos los ciudadanos de a pie se ensanchan. Porque las formas, los procesos y las personalidades de quienes buscan la silla no acaba por entusiasmarnos. Y con esa publicidad chocante, cotidiana y fastidiosa acabaremos molestos con los jugadores y con la silla. Probablemente es parte de la táctica.