Mirador 01/11/2018
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El Padre Soárez platicaba con el Cristo de su iglesia. Le preguntó:
—Señor: ¿existe el infierno?
Le contestó Jesús:
—Antes de responder a tu pregunta permíteme contarte una parábola. Un niño pequeñito cometió una falta. Su padre lo encerró en un oscuro sótano. Todos los días lo sometía a torturas espantosas, a tormentos que no se pueden describir. Las penas y dolores que sufría la infeliz criatura no cesaban nunca. Y no cesó jamás el castigo que aquel hombre impuso al niño por la falta que a causa de su debilidad y su inconsciencia cometió.
—Señor –habló el Padre Soárez–. Con el debido respeto, me resulta muy difícil creer la parábola que me has narrado. No hay padre que castigue en esa forma tan cruel a un hijo suyo, por grave que haya sido la falta que cometió.
Dijo entonces Jesús:
—Soárez: tú mismo acabas de dar respuesta a la pregunta que me hiciste.
¡Hasta mañana!...