NO HAY AMIGO PARA AMIGO: LAS CAÑAS SE VUELVEN LANZAS

Politicón
/ 27 febrero 2019
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El Quijote II, 12

El narrador de la novela cae en la cuenta, cuando don Quijote y Sancho Panza conversan hasta quedarse dormido el escudero y su amo dormitando, que ha descuidado hacer amplia referencia a la gran amistad que se profesan el caballo de don Quijote, llamado Rocinante, y el pollino de Sancho, conocido como el rucio, por su color pardo.

Cervantes “escribe que así como las dos bestias se juntaban acudían a rascarse el uno al otro, y que después de cansados y satisfechos cruzaba Rocinante el pescuezo sobre el cuello del rucio, que le sobraba de la otra parte más de media vara, y mirando los dos atentamente el suelo se solían estar de aquella manera tres días, a lo menos todo el tiempo que les dejaba o no les compelía el hambre a buscar sustento”.

Hace notar el narrador “para universal admiración cuán firme debió ser la amistad de estos dos pacíficos animales, y para confusión de los hombres que tan mal saben guardarse amistad los unos a los otros. Por esto se dijo:

NO HAY AMIGO PARA AMIGO; LAS CAÑAS SE VUELVEN  LANZAS;”

Estos versos, que señalan que la amistad suele terminar en enfrentamientos (lanzas), los tomó Cervantes de un romance de Ginés Pérez de Hita. Hacen referencia a las fiestas celebradas por el rey moro de Granada para confirmar la amistad entre las familias de los Abencerrajes y los Cegríes, que terminó sin embargo con resultado muy diverso.

Se dice por ello que entre amigos “las cañas se vuelven lanzas”, cuando lo que entre ellos empieza como un juego (cañas) puede terminar mal (en lanzas).

@jgarciavilla

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