Producto Interno Bruto... otro mito

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Opinión
/ 5 febrero 2023
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En mayo de 2020 el presidente López Obrador planteó establecer un indicador del nivel de bienestar en el país, para que el análisis económico y social no sólo se basara en el Producto Interno Bruto (PIB), argumentando que éste es sólo indicador cuantitativo respecto a bienes y servicios producidos en un periodo (generalmente un año) y expresado en moneda, lo cual no muestra el desarrollo integral de un país o región.

En ese tiempo, inmediatamente la derecha política, académica y mediática rechazó el planteamiento presidencial con la premisa de que el PIB es la mejor señal del comportamiento económico.

Lo anterior en contexto de crecimiento económico 0 por ciento en el año 2019, ante la incertidumbre normal de un recién iniciado sexenio y desconfianza de inversionistas nacionales y extranjeros, por un gobierno que en el discurso se posicionaba de izquierda, aunque en los hechos es liberal-republicano.

Más aún, en el año 2020 el COVID-19 provocó un decrecimiento de -8.2 por ciento, así la mexicana fue de las economías de América Latina con resultados más negativos dada la estrecha relación comercial con Estados Unidos, cuya caída fue -2.8 por ciento. Este desplome económico en plena pandemia fue argumento para criticar el nulo apoyo federal al sector empresarial y se exigió más deuda pública externa para tal efecto, lo que no sucedió; además, se señaló la supuesta ausencia de estrategias para enfrentar la contingencia sanitaria.

Sin compromisos nuevos de financiamiento público, en 2021 el rebote en V de crecimiento económico fue 4.7 por ciento, cuando los voceros de la derecha proyectaron un estancamiento en L de por lo menos cuatro años; en el mismo año el PIB en el vecino país del norte fue 5.9%.

La medición del PIB fue idea del economista Simon Kuznets (1901-1985) en los años treinta del siglo XX, pero esta propuesta técnica tuvo un receso en la segunda guerra mundial, para retomarse en los años cincuenta; al principio el método fue criticado, pero en posteriores décadas se adoptó generalizadamente, hasta la actualidad.

Este indicador es útil para: proyectar endeudamiento público; calificación internacional de deuda pública por nivel de recaudación fiscal; proyección de presupuesto en los tres niveles de gobierno; perspectivas de inversión directa nacional y extranjera; entre otros aspectos.

Sin embargo, el PIB no mide la distribución de la riqueza, ni la igualdad de oportunidades, tampoco nivel educativo e innovación tecnológica, o la degradación del medio ambiente, mucho menos el nivel de desarrollo como satisfacción integral de las necesidades del individuo, la comunidad y la sociedad, herencias del neoliberalismo que ahora son desafíos.

No necesariamente un mejor PIB representa una mejora económica, mucho menos después de una crisis; en dicho indicador también se inscriben actividades ilegales, como informalidad y empleo en el crimen organizado; asimismo, no necesariamente refleja bienestar para toda la población (el PIB per cápita es resultado de la riqueza nacional dividida entre el número de habitantes, promedio engañoso en términos de distribución); el producto no mide efectos negativos, como deterioro ambiental o incremento de mora en los créditos bancarios, reducida productividad. entre otros.

El crecimiento económico del año 2022 superó todas las expectativas -que iban desde 0.5 a 1.5 por ciento- ubicándose en 3 por ciento, y ahora sí la derecha señala que el PIB como indicador económico es un mito -lo mismo señalaron del tipo de cambio apreciado- y argumentan que es necesario medir aspectos de bienestar y distribución ¡lo que propuso el ejecutivo federal en su tercer año de mandato! Por lo pronto en noviembre pasado la OCDE afirmó que en recientes años en México se redujo la brecha de desigualdad.

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La derecha demerita el crecimiento del PIB y argumenta con aspectos que antes no consideraba en sus eruditos tecnicismos. Con oposición sistemática a la transformación, las proyecciones neoliberales siempre apuntan al desastre económico... sin embargo, la realidad es otra.

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José María González Lara, economista y académico de la Universidad Autónoma de Coahuila, presentó en 2024 su libro “Horizontes”, donde aborda temas como la justicia, la injusticia, los ideales, la angustia laboral, la fe religiosa o en el ideal, la ironía, amor y desamor, libertad, esperanza, política con sus desengaños y esperanzas.

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