Quien toma café y quien toma té definitivamente no son iguales y no tendrían por qué serlo
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Somos una colección variada de gustos y hábitos, de estilos, texturas, colores y sabores. Hay quienes toman café y quienes toman té. Algunos hacen yoga y otros levantan pesas. Andan por la calle mujeres maquilladas y otras con la cara lavada. Los hombres llevan traje o jeans. Comemos carne o somos algo entre semi-vegetarianos y veganos. Tengo amigos religiosos y otros espirituales y otros agnósticos. Gente privada y gente abierta. Mentirosos y directamente honestos. En cualquier momento nos topamos con personas limpias y perfumadas, mientras otros son casualmente descuidadas.
Nuestros hábitos y gustos hablan mucho sobre nosotros, de lo que hemos tomado como enseñanzas de parte de papás o abuelos, o de lo que hemos determinado como necesario para expresar quienes somos y marcar nuestra identidad. Justo escuchaba hoy en la mañana los comentarios hechos por un psicoterapeuta sobre el significado y el uso de tatuajes y la necesidad que tenemos los tatuados de una expresión clara de quienes somos y de lo que nos representa.
Un día, durante una sesión de terapia en línea, observaba que mi clienta tomaba té, mientras yo tomaba café. Me puse a observar las diferencias entre las personalidades de nosotras dos. Ella es callada, pensativa, suave, interiorizada, precisa, contemplativa. Me da la impresión de que tiene buen gusto y que todo lo que hace se determina muy a propósito. Yo soy más ruidosa, más colorida, caótica, activa, apresurada, social, descuidada, impulsiva, común. Se me ocurrió de pronto pensar que si así se podría establecer la diferencia entre la gente que toma café y la gente que toma té. No sé si se puede, solo sé que tiende a haber diferencias de personalidad entre personas con uno tipo de gustos y hábitos y quienes tienen gustos y hábitos distintos, tal vez hasta opuestos.
No es igual una persona que vive en una casa formalmente ordenada y elegante a una persona que vive en una casa que tiene una atmósfera relajada e informal. Ciertamente no somos iguales, y claramente no tendríamos porque serlo.