Salarios, consumo e inversión

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Opinión
/ 12 diciembre 2022
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Uno de los aspectos de productividad y precio competitivo es la reducción de costos de producción, con máximo aprovechamiento de medios de producción y, asimismo, con optimización de la fuerza de trabajo que se refleja en la disminución, absoluta y/o proporcional, de retribución salarial en contrato individual o colectivo; entre otras, esta es una de las condiciones de competitividad en la economía.

Sin embargo, la estrategia señalada de menores costos salariales, a nivel agregado -al tiempo- puede provocar disminución de participación del volumen salarial en la riqueza nacional, con sus efectos negativos en el consumo como componente de la demanda agregada.

Según la investigadora Norma Zamaniego (La Jornada, 04-06-22), en los años setenta del siglo pasado en países desarrollados la participación salarial en Producto Interno Bruto representaba hasta 80 por ciento, en años recientes es de 60 por ciento promedio; en México la situación es similar, ya que en los mismos años el contenido salarial del PIB representaba hasta 42 por ciento, ahora es 28 por ciento, con un ligero aumento, ya que en 2019 fue de 27 por ciento.

Lo anterior se confirma con información del Banco Mundial respecto al consumo de los hogares desde los años sesenta del pasado siglo al año 2020, variable que en gran mayoría de países tiene tendencia negativa, lo cual también es un factor, entre otros, del reducido crecimiento económico promedio global en recientes décadas.

Aunque en un ámbito de inflación mundial, y a reserva de que a partir de septiembre pasado la inflación en México se contuvo en 8.7 y se ha reducido en 7.8 en noviembre, sorprendió el reciente acuerdo tripartita (01-12-22) de las representaciones empresarial, de trabajadores y de la Secretaría del Trabajo en la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, con incremento de 20 por ciento al salario mínimo para el próximo año 2023.

De acuerdo con el Inegi, el aumento beneficiará a 6.22 millones de trabajadoras y trabajadores en formalidad laboral que reciben dicho monto, quienes son parte de 21.11 millones que están registrados en el IMSS (aumento referente para 11.9 millones de personas en informalidad laboral con la misma retribución o menos).

El ingreso mínimo será 207.44 pesos diarios (pd), con crecimiento de 135 por ciento nominal respecto a 2018 en 88.36 pd; los mínimos de la Zona Libre de la Frontera Norte serán 312.41 pd, con aumento de 77 por ciento respecto a 176.72 pd del 2019 en que se estableció esta figura fronteriza.

Además de los montos de remesas (promedio de 3 mil pesos mensuales), que mes a mes aumentan, los aumentos salariales en cuatro años eventualmente han impactado positivamente al consumo, que registra, según INEGI, ocho meses en continuo ascenso, con 9.9 por ciento anual a noviembre pasado.

En 34 años de utilizar al salario como eje de contención inflacionaria (con los Pactos de Solidaridad Económica de diciembre de 1987 y para la Estabilidad y el Crecimiento Económico de junio de 1989, como antecedentes), y después de orientar la economía al sector externo con salarios reducidos para atraer inversión directa, el poder adquisitivo salarial se redujo en 60% y con esto el consumo; además, se afectaron negativamente las prestaciones laborales con la flexibilización en contratación que impulsó la reforma laboral Calderón-Peña de 2012.

Con el reciente aumento salarial se observan dos estrategias macroeconómicas: 1, con inflación contenida, impulsar mercado interno ante eventual recesión en Estados Unidos; 2, incentivar formalidad laboral ante el también eventual aumento de inversión extranjera directa por relocalización geográfica de empresas -nearshoring-, que ya aumenta la demanda de trabajo.

Aunque se prevé que la dinámica económica les favorezca, las más afectadas con el aumento salarial serán micro y pequeñas empresas, que elevarán costos de producción o comercialización, ante un sector bancario que no financia y si lo hace es con excesivas tasas crediticias.

Esperemos que en salarios sea una política económica precautoria, para evitar impacto negativo en inflación y crecimiento.

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José María González Lara, economista y académico de la Universidad Autónoma de Coahuila, presentó en 2024 su libro “Horizontes”, donde aborda temas como la justicia, la injusticia, los ideales, la angustia laboral, la fe religiosa o en el ideal, la ironía, amor y desamor, libertad, esperanza, política con sus desengaños y esperanzas.

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