Salir de la noche
COMPARTIR
El caos es la oportunidad de la que se ha valido más de un pillo para pescar a río revuelto en las aguas de distintos ámbitos a lo largo de la historia.
La coyuntura de la confusión reinante es ocasión inmejorable para retacarse los bolsillos de todo aquello que el orden no les permite tomar por las buenas.
A esto no escapa el dinero, amor y mucho menos la posibilidad de ejercer el poder a diestra y siniestra. Sobre ello, Juan Gabriel Vázquez dijo “ahí supimos que la guerra era también contra nosotros” refiriéndose al momento en que el crimen comenzó a atacar a la población civil en Colombia para vengarse de la política de seguridad que los combatía.
Y como casi nadie sale ileso de estas cosas, Italia se ha sobrepuesto a “los años de plomo” en buena medida por la narrativa y el periodismo, pues entendió que compartir públicamente la memoria colectiva era indispensable para ventilar los trágicos hechos de esa época de emboscadas y amenazas por el poder que provocó muchas muertes y un creciente miedo de estar en el lugar equivocado.
Era la fría noche del 15 de diciembre de 1969 cuando murió Giuseppe Pinelli luego de caer desde el cuarto piso de la comisaría de policía en Milán. Tenía 41 años, era anarquista y se encontraba detenido por considerarse sospechoso de participar en el atentado que dejó diecisiete personas fallecidas en la plaza Fontana tres días antes.
Las miradas acusadoras apuntaron al comandante Luigi Calabresi, ya que el hombre que inspiraría la obra de Darío Fo “Muerte incidental de un anarquista”, se precipitó al vacío desde el balcón de su despacho.
No obstante y a pesar de una furibunda campaña mediática, no había indicios de la presencia de Luigi en el edificio durante los hechos.
Con ello no solo fue imposible avanzar en la solución de las broncas que devinieron en esa época del miedo ambiente, también mutó en el pretexto perfecto para recrudecer los movimientos subversivos que buscaban hacerse del poder a partir de la patente de corso que conceden un mártir involuntario.
Así, la muerte alcanzó al comandante Calabresi por la espalda el 17 de mayo de 1972, cuando fue asesinado a tiros en el exterior de su domicilio donde apenas unos minutos antes lo habían despedido su esposa y tres hijos que jamás volverían a ver con vida a su padre.
Motivado por la ausencia de voluntad para dialogar que devino en la muerte de su padre, Mario Calabresi escribió en “Salir de la Noche” una recopilación de largo aliento sobre las víctimas y sus circunstancias, dejando de lado las narrativas maniqueistas que sólo sirven para enardecer los ánimos populistas al escarbar en las heridas y recomenzar el círculo vicioso del usufructo político del dolor.