Un acto de voluntad

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Opinión
/ 18 abril 2022
No depende de nosotros cambiar una situación, el reto es cambiarnos a nosotros mismos

En abril de 1994, el mundo fue testigo de unas terribles y escalofriantes imágenes que aparecieron en todos los noticieros televisivos del mundo: miles de ruandeses vagaban por la selva, huyendo hacia ninguna parte entre cadáveres mutilados con machetes. Imágenes de terror que evidenciaban lo peor del ser humano.

Todo empezó cuando, el 6 de abril de 1994, el presidente de Ruanda murió en un accidente aéreo; el gobernante era de la etnia extremista Hutu, entonces se pensó que los rebeldes Tutsi, de la etnia minoritaria, fueron los responsables del accidente. De inmediato, se prohibió a todo Tutsi abandonar el país, comenzando así el infame genocidio, el tercero del siglo pasado, que duró hasta el 15 de julio de ese año.

INFIERNO

En apenas 100 días fueron masacradas, por parte del ejército ruandés, apoyada por la población ruandesa de la etnia hutu, más de ochocientas mil personas.

Lo más delicado, incomprensible e imperdonable, radicó en que la comunidad internacional intervino tardíamente: sólo después
de la consumación del
genocidio.

¿Hacia dónde miraba el mundo mientras hachas y machetes, sedientos de sangre, aniquilaban indiscriminadamente a niños y mujeres? Tal vez, en la misma dirección en la que hoy mira ante la guerra de los rusos contra los ucranianos.

EL ESPACIO

En relación a ese acontecimiento he releído un libro que me dejó una impresión profunda que me ha inquietado el espíritu, me refiero a la historia -contada por una extraordinaria mujer- de este genocidio repleto de violencia, terror, en el cual el desprecio hacia la dignidad de personas de todas las edades y condiciones llegó a límites y horrores sencillamente imposibles de imaginar.

Me refiero a “Sobrevivir para contarlo”, que narra el drama y la crueldad que los humanos somos capaces de inducir a nuestros semejantes; pero también relata el espíritu de sobrevivencia y el amor que surge ante la adversidad y la solidaridad de propios y extraños; también de la capacidad de resistir, mediante la oración y la fe, a realidades adversas. Extremas.

Es una historia que recrea la sentencia de Sabato: “a la vida le resta el espacio de una grieta para renacer, porque los humanos sabemos hacer de los obstáculos nuevos caminos”.

MUY PERSONAL

El libro fue escrito por Ilibagiza Immaculée, mujer ruandesa de la etnia tutsi que fue galardonada en el 2007 con el reconocimiento “The Mahatma Gandhi por la Paz”.

En el genocidio fue salvada por un pastor que le permitió esconderse por espacio de noventa y un días, junto a otras siete mujeres tutsis, en un lugar reducidísimo: un cuarto de baño de apenas un metro de ancho por uno veinte de largo.

En el libro Immaculée comparte la situación absolutamente límite que padeció y la manera en que, paulatinamente, descubrió a Dios gracias a la oración, el poder del amor, la compasión y el perdón.

En sus palabras: “El genocidio fue espantoso, terrible, y fue una experiencia que me permite hablar no del horror, sino de las lecciones aprendidas: del perdón” (...) “Antes sólo tenía pensamientos de rabia, dolor, venganza. Mataron a mis papás, a mis abuelos, a mis hermanos y primos. Quería ser soldado. Entrenarme. Matar. Me sudaban las manos de la ira. Y ahí empecé a pensar en cómo sonreía antes de que todo ocurriera. Entonces lo consideré un regalo de Dios. El perdón es una de las principales lecciones que aprendí. Ahora soy mejor persona”.

COMPASIÓN

Las mujeres aprendieron a sobrevivir cada segundo, lloraban en silencio al saber que familias completas habían sido exterminadas por sus propios vecinos, conocidos o compañeros de trabajo e inclusive de sus propias escuelas.

Todas ellas padecieron angustia extrema al percatarse que la traición y el espionaje se volvieron el común denominador para lograr el siniestro objetivo de los atacantes: matar al 100% de la población Tutsi.

Las mujeres se mantenían informadas gracias a que el pastor colocaba un radio fuera del baño, ahí escuchaban las noticias de la BBC que anunciaba diariamente el incremento de la muerte y el terror.

Ninguna de ellas se atrevía a emitir ruido alguno, por temor a ser descubiertas, por ello se comunicaban entre sí mediante señas. El pastor, a discreción, les proveía alimento (por seguridad las sobras de su propia familia) y agua. En fin, estaban en una cárcel que les brindaba la esperanza de sobrevivir.

¡MILAGRO!

Immaculée luchaba todos los días contra un odio que intentaba posesionarse de su corazón; de hecho, la sed de venganza abordaba impíamente su corazón. En su claustro maldecía su propia existencia, revelándose contra Dios.

Un día llegaron a la vivienda del pastor los asesinos Hutu, con la intención de buscar a Immaculée, porque de alguna manera sospechaban que ahí se escondía. Ella, al escuchar el alboroto, se le ocurrió rezar el rosario en silencio. Así empezó a tener una comunicación directa con Dios, teniendo inclusive diversas revelaciones que le permitieron salvar su vida.

Los homicidas se fueron milagrosamente sin intentar entrar a ese baño, ¡solo una endeble pared dividió la vida de la muerte! Gracias a esta fe también pudo reponerse de las enfermedades que le genero el cautiverio.

CAMBIAR EL CORAZÓN

Es también la historia de una enorme lucha interna, de una travesía de hacia la paz, hacia la conquista de la espiritualidad: Immaculée al rezar el Padre Nuestro se sentía mentirosa e hipócrita “era inútil, mis oraciones se sentían vacías. Había comenzado una guerra en mi alma y ya no podía seguir orándole a un Dios de amor con el corazón lleno de odio”.

Immaculée empezó a leer la biblia diariamente y fue a través de la Palabra como inició una transformación en su corazón, especialmente cuando comprendió el poder del perdón: “sin detenerme hasta tarde en la noche todo el día siguiente al otro día y así sucesivamente. Oré toda la semana apenas comiendo o tomando agua”; finalmente, después de una feroz lucha consigo misma, pudo decir “perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Bien decían los latinos “un abismo llama a otro abismo” en el caso de Immaculée el abismo de la tragedia la hizo sumergirse en la profundidad de la fe, alcanzando así una penetrante convicción que le brindó valentía y esperanza.

Finalmente, comprendió que, al salir de ese baño, cuando recuperara su libertad, no podía permitir que el odio y el rencor rigieran su vida.

‘TE PERDONO’

Los Hutus fueron derrotados y cuando pudo salir de su escondite se enteró que toda su familia había sido asesinada, sus abuelos, padres, hermanos, primos, sólo un hermano pudo sobrevivir.

Luego se enteró que uno de sus vecinos Hutu había sido el asesino de su familia y, al saber que se encontraba preso, acudió a prisión a visitarlo. Su reacción fue desafiante, pero ella con toda calma y sinceridad le dijo “te perdono”, en ese momento sintió una paz en su alma.

Immaculée se liberó del odio y el rencor, encontrando paz y fortaleza en Dios. El asesino sólo inclinó su cabeza. El cuidador de la celda, un Tutsi, le recriminó que ella perdonara al asesino de su familia, años después volvió a reencontrase con ese celador, el cual le comentó que su vida había cambiado gracias a que fue testigo de esa lección de perdón.

Hoy Immaculée vive en los Estados Unidos con su esposo y sus dos hijos. frecuentemente es invitada, por gobiernos e instituciones de todo el mundo, a impartir conferencias ya que es referente en la comunidad internacional por su continuo trabajo en defensa de los derechos humanos.

UN RETO CONSTANTE

El Papa Francisco ha comentado: “ofrecer el testimonio de la misericordia en el mundo de hoy es una tarea que ninguno de nosotros puede rehuir. El mundo necesita el perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz”, y ese es, precisamente, el mensaje de Immaculée, el cual también nos recuerda las palabras de Viktor Frankl: “no depende de nosotros cambiar una situación, el reto es cambiarnos a nosotros mismos”; sin duda, esta sentencia representa un constante reto en nuestras personales vidas, sobre todo cuando de perdonar se trata, pero al saber que el perdón es un acto de la voluntad este milagro siempre es posible.

Programa Emprendedor ITESM Campus Saltillo

cgutierrez@tec.mx

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