Alberto Ammann, el actor argentino que se quedó con el Goya

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El Goya le cambió la vida por completo.
Buenos Aires, Argentina.- La historia del actor argentino Alberto Ammann parece el guión de una de esas películas norteamericanas donde un golpe de suerte tuerce repentinamente, como por arte de magia, el destino del protagonista.
Radicado en España desde 2004, a donde había viajado "porque tenía ganas de viajar, de salir de Argentina, de hacer mundo", un casting de "caras nuevas" en la agencia española Kuranda (que descubrió de esta forma a actrices como Penélope Cruz y Najwa Nimri) le abrió las puertas al papel protagónico en "Celda 211", de Daniel Monzón, que se llevó este año ocho premios Goya de la Academia de Cine de España, entre ellos el de Actor Revelación para Ammann.
"Yo no estaba buscando trabajo, estaba muy centrado en formarme", contó a dpa Ammann, de 31 años, quien se encuentra en Buenos Aires presentando "Celda 211", donde interpreta a un joven guardiacárcel que es secuestrado por los presos de su unidad, en el marco de la muestra de cine "MADRIDCINE".
Nacido en la ciudad argentina de Córdoba e hijo del periodista Luis Alberto Ammann, candidato a presidente por el Partido Humanista en 1989 y 2007, llevaba dos años estudiando en el Estudio Internacional del Actor del argentino Juan Carlos Corazza en Madrid (donde se formaron actores como Javier Bardem) cuando lo convocaron para trabajar en el film.
"Me tocó todo junto: un protagónico, en cine, y junto a un actor como Luis Tosar. Hice una prueba y fue así, todo para adelante", contó Ammann, quien confesó: "Estaba de lo más nervioso, dormía cuatro horas, estaba obsesionado por hacerlo bien, por estar a la altura". Su profesor, Juan Carlos Corazza, lo alentó, con pocas palabras, a mirar hacia adelante: ""Querés ser actor? Bueno, -tomá!".
Debido a la militancia de su padre, se crió en un ambiente muy político. "Yo tenía nueve años en la época de la hiperinflación en Argentina y sabía exactamente qué pasaba, tenía mucha información desde muy niño, aunque nunca me presionaron para que hiciera algo en política", contó Ammann, que a los 18 años comenzó a militar en el partido de su padre, donde trabajó en algunos proyectos barriales en Córdoba.
Tranquilo, de hablar pausado, confiesa que se interesa por las filosofías orientales y la meditación. "Hay algo en este sistema que atenta contra el contacto con uno, de poder estar en silencio. Da miedo porque uno vive para afuera".
Habla con un marcado acento español. Para él, se debe a que vivió entre los dos meses y los cuatro años en España junto a sus padres. Cuando regresó a la "Madre Patria" por su cuenta, a los 25 años, "algo se despertó". "Tuve un registro muy claro de estar en casa. Supongo que tiene que ver con que aprendí a caminar y hablar ahí".
El Goya le cambió la vida por completo. Los tiempos en que temía regresar a Argentina por temor a que le retuvieran el pasaporte en Barajas pasados los seis meses de permanencia legal en España parecen muy lejanos. También los días en que, ya legal, no podía regresar al país porque pagar un pasaje de avión significaba posponer sus estudios de teatro por un año.
"Tengo que aprender a administrarme mejor", confiesa. "En qué invirtió su primer dinero como actor? "En pagar deudas, en ayudar a mis padres y a algunos amigos y a asegurarme unos meses de alquiler".
Ahora, se prepara para el estreno, el 3 de septiembre, de "Lope", una superproducción española, con dirección del brasileño Andrucha Waddington, donde encarna al poeta y dramaturgo del Siglo de Oro español Lope de Vega y comparte cartel con actrices de la talla de Leonor Watling y Sonia Braga y repite con Luis Tosar. Un papel, a primera vista, españolísimo para un argentino.
"Me dieron un personaje que desearía cualquier actor español. Esome dio mucho miedo. Tuve fantasías que van desde `me van a quemar en la plaza pública, no voy a trabajar nunca más` hasta `me van a odiar los compañeros`", recordó riendo.
"Pero era todo paranoia mía. La verdad es que mis compañeros de profesión me han abierto las puertas de una manera increíble, me siento parte de una familia, no sentí jamás nada agresivo ni competitivo, han sido todos muy afectuosos, de hecho la Unión de Actores, es decir, mis compañeros, me han dado un premio", afirmó.
Tuvo apenas 25 días para preparar el personaje, en los cuales tomó clases de equitación, de esgrima y preparó su acento con un coach. "Fue demencial".
De Argentina, le gustan directores como Marcelo Piñeyro ("Las viudas de los jueves") y Juan José Campanella ("El secreto de sus ojos"). "Me gustaría mucho trabajar acá, en Argentina. Extraño un montón. Mi sueño sería poder ir y volver entre España y Argentina".