Alfredo Esparza fotografía la decadencia y resistencia rural de Islandia, tan parecida a la de Coahuila
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A lo largo de casi una década el artista lagunero ha observado los efectos de un sistema económico depredador sobre un pueblo islandés, muy similares a los que también amenazan a los ejidos del noreste mexicano, y ahora muestra su trabajo en Saltillo
A miles de kilómetros de distancia, desde las más áridas regiones del noreste mexicano hasta las gélidas montañas islandesas, es posible encontrar dos realidades muy similares, producto de un sistema económico depredador, y la resistencia que le hace frente.
Esta es una de las lecturas que surgen de la exposición fotográfica “Sobre la veleidad de la memoria. Una égloga islandesa” de Alfredo Esparza Cárdenas, que se inauguró este miércoles 14 de octubre en el Centro Cultural Teatro García Carrillo.
La muestra se exhibe como si fuera un álbum fotográfico transplantado al muro de la galería. Las imágenes no siguen un montaje museográfico habitual, sino que varían mucho en tamaño y posición, invitando al público a contemplarlas de manera más activa: acercarse, alejarse, escudriñar. Lo que revelan son paisajes de la comunidad rural de Stöðvarfjörður, en Islandia, que cuenta con unos 180 habitantes, la mayoría de la tercera edad, y cuya frágil economía se vio afectada por un monopolio pesquero incentivado por cambios neoliberales a las leyes de ese país en los años 90.
“Ellos tenían un sistema de protección a los pescadores muy celoso. Las cuotas de pesca eran intransferibles, no se podía vender o rentar, a lo mucho solo heredar. Se trataba de evitar que una familia concentrara demasiados barcos. Pero a finales de los 90 cambió la reglamentación y se permitió comprar y rentar estos permisos. Hoy día dos familias controlan el 90% de la pesca. Antes no importaba si el pueblo cientos o miles de habitantes, todos tenían una planta procesadora de pesca, pero cuando se monopoliza concentran estas procesadoras en la capital y otras pocas ciudades y a partir de ahí empezó el despoblamiento de las comunidades rurales”, compartió el artista lagunero para VANGUARDIA.
Esparza llegó a Islandia en 2017 como parte de una residencia artística, con la que volvió los siguientes 3 años, y posteriormente continuó sus visitas anuales —excepto en la pandemia—, para desarrollar este proyecto de largo aliento y observar los cambios que ocurren en Stöðvarfjörður, motivado a su vez por los paralelos que existen con las comunidades rurales de Coahuila, que también se enfrentan al desplazamiento y el despoblamiento producto de la sequía y la falta de empleos.
Pero así como en la entidad hay esfuerzos por resistir ante estos embates del sistema —por ejemplo los movimientos por el derecho al agua en Jalpa, General Cepeda—, también ha ocurrido esto en Islandia, y la residencia artística a la que asistió es uno de ellos.
“Desde el Gobierno hay algo que llaman protección de pueblos frágiles, donde les dan una pensión para sostener la vida. Cuando yo llegué estaban con una angustia por el futuro, y si tú me lo preguntas en 2017 yo creía que el pueblo iba a desaparecer, pero esa residencia poco a poco ha reactivado a la comunidad”, explicó.
La “égloga” es un subgénero de la poesía lírica que suele desarrollarse en un espacio rural. La propuesta de Esparza captura la esencia de este lugar sin mostrar un rostro, pero dejando en claro la huella humana sobre el territorio, como un espacio para que ahí se puedan reflejar y encontrar otros contextos de naturaleza similar, como es el caso del coahuilense.
“Lo que me gusta de los procesos de largo aliento es que tú solo te callas la boca. En el 17 pensaba que este pueblo ya se lo iba a llevar el carajo, como estas comunidades que también visito en México, pero luego regresas y ves que la gente hace un esfuerzo, es resistente, se organiza, y piensa en estrategias para mantenerse ahí”, concluyó.