Desaparecen la Casa Ramón López Velarde: escritores cuestionan la pérdida de su vocación
COMPARTIR
La comunidad literaria y artística de México mostró su indignación ante la decisión de la Secretaría de Cultura de hacer este cambio
Después de 33 años de operación, la Casa Museo Ramón López Velarde dejó de funcionar para convertirse en la Casa de las Palabras y pronto será el primer cabaret público, bajo la administración de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, que quedó a cargo a inicios de este año.
El inmueble, que fue construido durante el Porfiriato, estuvo en abandono durante décadas hasta tras ser habitado por el destacado poeta de 1918 a 1921, sus últimos años de vida. Posteriormente, en 1989 el Departamento del Distrito Federal adquirió el inmueble, realizando una restauración completa y el 28 de noviembre de 1991 el recinto abrió sus puertas con una vocación dedicada a la poesía.
La pérdida esta misión tan clara hacia este género literario ha sido una de las principales críticas al proyecto, que al buscar un espacio más integral para la cultura y las artes deja de lado una especialización que, consideran, era importante para el panorama de las letras mexicanas.
“Un oprobio mayor a la poesía mexicana”, escribió Ernesto Lumbreras en su cuenta de Facebook. El escritor señaló que el cambio a un cabaret es “interés personalísimo de la Secretaría de Cultura de la Capital” y calificó la decisión como “una ocurrencia más desde el autoritarismo”.
La escritora Myriam Moscona declaró sobre el tema “la cultura enflaquecida y ponchada” y reconoce, como miembro del primer patronato, “algo falló” y que la noticia “me hizo llorar”. También cuestionó sobre cuál será el paradero de un acervo de 70 fotografías de Rogelio Cuéllar que ahí se encontraba.
“En esta ciudad sobran los lugares para casi todo y faltan, dramáticamente, para la poesía. ¿Cuántos espacios quedan donde uno pueda presentar un libro, leer en voz alta frente a diez personas, equivocarse, empezar? Se cuentan con los dedos. Y la administración —esa que entorpece más de lo que ayuda, que pone trabas donde debería abrir puertas— eligió cerrar justo uno de los poquísimos que había”, publicó la editora y poeta Zel Cabrera.
Con información de El Universal.