Habitar la nostalgia

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Artes
/ 18 enero 2026

“Las ciudades, como los sueños, están hechas de deseos y de miedos”

Italo Calvino

En la dicotomía entre tradición y progreso, se gesta la nostalgia: este sentimiento de añoranza por algo —o alguien— que ya fue. La palabra proviene del griego nóstos que significa regreso, y álgos o algía, que alude al dolor; en conjunto, expresa el dolor del regreso imposible o el deseo doloroso de volver. Otras acepciones la definen como la pena que provoca la lejanía de la patria, de los afectos o de los amigos, o bien como una tristeza melancólica originada en el recuerdo de una pérdida.

Aunque históricamente la nostalgia ha sido asociada a un posible síntoma de trastorno mental, hoy se entiende, en términos generales, como el anhelo de que algo sea como antes. Recordar, paradójicamente, nos produce placer, lo que convierte a la nostalgia en un mecanismo de afrontamiento que se utiliza de forma consciente o inconsciente. En las representaciones de la cultura, la nostalgia se manifiesta de múltiples maneras: en la moda, la música, la arquitectura o en la recuperación de tradiciones de otras épocas. Sin embargo, más allá de la mera imitación, la reinterpretación y adaptación de estilos de vida del pasado parecen incorporarse al presente como una búsqueda de conexión o, quizás, como respuesta a un exceso de desconexión: la digitalidad de nuestros días, al tiempo que promete cercanía, fomenta una sensación ilusoria de vínculo que intensifica el deseo de experiencias más tangibles y significativas.

Un artículo publicado por La Jornada señala que las generaciones millennial y la denominada Generación Z muestran una marcada tendencia hacia lo análogo: escribir cartas con tinta y papel o a máquina, llevarlas al buzón, convivir con el cartero, recorrer la ciudad para enviarlas y/o recogerlas. Estos gestos responden al afán de bajar el volumen y la velocidad del mundo contemporáneo, reduciendo el ritmo a través de formas de comunicación que pertenecen a un pasado no tan lejano, pero cargado de sentido.

En la arquitectura, la nostalgia por el ayer se expresa en la recuperación de conceptos y métodos constructivos, que, lejos de replicarse de forma literal, se reinventan y reinterpretan para generar una conexión emocional basada en la memoria. Cuando nostalgia e innovación dialogan desde un sentido de pertenencia y humanismo, las manifestaciones resultantes promueven la identidad, la apropiación de los espacios y, en consecuencia, su cuidado. Sin embargo, volver al pasado por una nostalgia superflua o por mera tendencia, ignorando los avances tecnológicos, la complejidad inherente a nuestras ciudades y a quienes las habitan, no constituye una solución viable.

La creación de vínculos físicos, emocionales y culturales —en sintonía con los nuevos conocimientos y los aprendizajes acumulados con el paso del tiempo— implica una responsabilidad: discernir entre lo que fuimos y lo que aspiramos a ser. Si millennials y generación Z se encuentran de algún modo, en la búsqueda de una conexión más profunda a través del contacto físico y la limitación del entorno digital, entonces la reinterpretación del pasado en comunión con el presente —esa memoria atravesada por el afecto— puede dar lugar a espacios con vínculos más significativos. Espacios que refuercen la identidad y fortalezcan el sentido de comunidad, mediante la integración de la memoria representada en nuestros espacios construidos y que responden a las necesidades humanas. Porque es precisamente, gracias a esta emoción paradójica, que se ha consolidado la organización social desde la familia hasta la ciudad. Que la nostalgia, hecha de memoria y afecto, propia del cierre de un ciclo y del inicio de otro, sea el impulso para imaginar y construir nuevas formas de habitar nuestras ciudades y, con ellas, nuestro futuro.

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Argelia Isabel Dávila del Bosque es doctora en Arquitectura y Urbanismo por la UAdeC, grado que obtuvo con Mención Honorífica en 2024 y con el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en 2025. Desde 2020 es profesora investigadora con perfil PRODEP en la Facultad de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera, donde fundó y coordinó el programa de posgrado acreditado ante el Sistema Nacional de Posgrados de SECIHTI.

Su trabajo enlaza investigación académica y creación artística. Fue becaria del PECDA Coahuila en 2012 en el área de patrimonio y, en 2021, en la categoría de creadora con trayectoria. Coordinó Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, libro que obtuvo el primer lugar nacional en publicación editorial en 2023. En 2025 publicó Hybris Vernacular, obra que también recibió el primer lugar nacional de diseño en la categoría de publicaciones. Como periodista cultural, ganó el Premio Armando Fuentes Aguirre “Catón” en su 23ª emisión, categoría Prensa. Además coordina la plataforma In Signia, dedicada al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad de Saltillo. Colaboradora en revistas de divulgación nacionales y regionales, es evaluadora de artículos científicos, proyectos artísticos y programas de posgrado. También se desempeña como analista, gestora y asesora en reglamentación urbana. Sus líneas de investigación se centran en el patrimonio, los imaginarios urbanos y los emblemas simbólicos, así como en la concepción, circulación y consumo de la imagen y su papel en la construcción de la cultura.

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