Bioshock me ha embrujado
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Cuando me preguntan que cuál es mi género favorito de videojuegos casi siempre contesto que los puzzles y los de plataforma. Pocas veces contesto que me gustan los FPS, RPG o MMO*, sin embargo, hace dos fines de semana se me ocurrió llevar a mi casa BioShock.
En unos minutos ahí estaba Bioshock con lo bien que se ve, con los escenarios increíbles, sombríos y los ambientes que provocan reacciones extremas. Estaba emocionada de iniciarlo, así que comencé sin tener mucha idea de qué hacer, pero poco a poco aprendí cómo usar el control: los botones, triggers y sticks. Cuando me di cuenta estaba jugando un FPS de acción, si bien no con habilidad de profesional, sí con noción perfecta y mecánica.
De pronto, sentí que los ojos me ardían de cansancio, eran las 3 de la mañana, llevaba seis horas jugando... eso señores es inmersión en un juego, es que te enganche desde el primer momento y no puedas dejarlo, y quieras más y más. Todavía no lo termino, porque tengo que aceptarlo: soy un poco lenta y de pronto me quedo atorada en algún objetivo, o en vez de cumplirlo rápidamente, me clavo explorando los escenarios de Rapture, pero el nivel de experiencia que me ha provocado es totalmente nuevo, son sensaciones como querer llegar a casa a jugar sin importar la hora, es desvelarme más de lo acostumbrado entre semana, incluso cuando es semana de cierre editorial.
Es darme cuenta que tengo el control entre las manos y me están sudando de nervios, que mi corazón está palpitando aceleradamente mientras enfrento a una docena de splicers y rescato a una little sister. ¿Qué tan bueno o qué tan malo es? No podrá decirlo con certeza, lo que sí es que es algo que se debe sentir por lo menos una vez en la vida.