De perros y la naturaleza de Buda

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Bienestar
/ 15 julio 2019

    “Un monje le preguntó a Joshu: ¿Tiene un perro la naturaleza búdica?” Joshu le respondió: Sí.

    El monje dijo: Si la tiene, ¿por qué se metió en ese saco de piel?

    Joshu contestó: Porque a sabiendas cometió un error.”

    El Libro de la Serenidad

    Luego, un monje distinto hizo la misma pregunta: “¿Tiene un perro la naturaleza búdica?”. Y Joshu le respondió: “No la tiene”. A lo que este monje reviró: "Todas las criaturas tienen naturaleza búdica. ¿Por qué no la tiene el perro?” Joshu indicó: "Porque tiene conciencia kármica".

    ¿Pegunta sin sentido? ¿Es la naturaleza humana condición de ser pregunta? ¿Es posible abandonarla? Conciencia o presencia. Reflexión o flujo. Memoria o plana bidimensionalidad.

    Lo que más disfrutaba de Buda era su flujo. Esa vibración a un lado, me permitía estacionarme por instantes en un presente por muchos anhelado: solo estar, ese deleite previo al pensamiento, previo incluso, a toda acción. Era sustancia nutritiva, una píldora sedante ante lo vertiginoso del mundo. Todo era su frecuencia para latir apaciblemente, sus  cuatro patas, su pelaje negro.

    Me aceptó porque no le quedó otro remedio, porque era una esfinge silenciosa que olía mi mano antes de prepararse a recibir una inyección que lo envenenaría en la jaula donde, entre mierda y ladridos de otros perros, esperaba en silencio estóico un final que el resto olía y le instaba a aullar con desesperación. Luego de cien pesos al encargado, lo saqué adormilado.

    Ya no está su sonrisa, esa que imaginaba hacía curvar un poco su quijada. Ya no está su salvaje elegancia. Ahora conozco a lo que llamo el yin y yang perruno: Torii y Mary Jane. Parecen hermanas a primera instancia, hasta que te enteras que una es la madre y otra, la hija. Y aquí está una ficción de su presencia: Mary Jane es abslutamente apacible, recibe lo que hay, nada parece incomodarle. En largas caminatas solo detiene su andar el universo de olores que encuentra en algún sitio. Y allí está, en el acto de oler y lamer al aire las esferas de aromas; solo detiene su rápido andar hasta que encuentra otra isla perfumada que a veces coloniza con su orina. Torii por su parte, avanza indistintamente, mapea inquieta, desea toda la atención y el alimento para ella. Teme perderse o teme quedarse lejos de las caricias humanas, y por eso permanece a un lado.

    Mary Jane fluye y disfruta, espera. Torii teme y desea, arrebata. Son espejo, el turno de un alma que a veces yace apacible y otras, teme. Mary Jane ama tenderse al sol. Torii tiembla por los cambios de temperatura si su dueño no está cerca.

    Y como cualquier persona que no ve las consecuencias, cierta noche, Torii quiso atacar a un perro grande. Sin aviso, dejó la compañía humana para, en carrera desbocada ladrar y morder. No midió a su oponente, no sé si fue algo de ceguera lo que le dio tal atrevimiento, el caso es que al llegar y ver el tamaño, reviró ágilmente pero no pudo detener su dedslizamiento en línea recta sobre el mosaico del porche, hacia donde estaba atado el perro. A salvo por un centímetro y aún con su temor, no evitó descargar un ladrido de orgullo sobre la fiera. Si no ha sido por esa atadura, su valentía de vería extinta, su carácter sería afectado y regresaría herida y humillada.

    A veces, Torii se convierte en madre y ensaliva a Mary Jane. Y a veces, Mary Jane, harta ya de algún ataque, somete a Tori sin problema. Escasamente ladran, salvo Mary Jane en sueños y quedamente, ese es la único momento en el que la he escuchado angustiada.

    Si Torii pudiera, se comía al mundo; será por eso que un día la soñé inmensa y azul multiplicada por dos, avanzando para devorar de un bocado a mujeres y hombres que huían de la playa pensando, infructuosamente, que en el mar estarían a salvo; hasta allí llegó Torii, con las estrellas translúcidas adentro, más grande que una montaña, comiendo de un bocado y sin culpa a cada cuerpo.  Cuando ambas se alejan, sus andares rápidos en sus cuerpos pequeños, marcan un trazo que se va de lado. A ambas las abrazo y recibo. No es posible explicarse la alegría de disfrutar la presencia de una, sin la otra; sin sus pelajes blanco y negro que se mezclan en pelea o en tranquilidad, mientras duermen y encarnan para mí los necesarios quiebres o danzas de una vida interior.

    claudiadesierto@gmail.com

    Claudia Luna Fuentes. (Monclova, Coahuila, 1969). Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2024-2027). Es licenciada en ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila, Maestra en Historia Contemporánea por la IBERO Saltillo y doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario por la Universidad Autónoma de Coahuila.

    Entre sus libros de poemas figuran Amenazado y brillante (Mantis Editores, México 2025), Donde la piel (Mantis Editores y CONARTE, México 2019), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Ruido de hormigas (Gatsby Ediciones, México 2005) y Casa de sol (FECA-CONACULTA, 1995). Entre otras antologías, aparece en el Anuario de poesía mexicana (Fondo de Cultura Económica, 2006), en Hacia un azul imposible (CEPE-UNAM/El tapiz del unicornio, 2023) y en Semillas de Nuestra Tierra. Muestra Ecopoética Mexicana (Grupo de Investigaciones Poéticas de la Madre Tierra y Cactus del viento, 2023).

    Entre las revistas en las que ha publicado, destacan Southwest review, Dallas TX volumen 109, número 2; la revista de poesía contemporánea de Valencia 21veintiúnversos y Lichtungen, en el apartado Literatura del norte de México. Sus poemas traducidos, se imprimieron en muro en el Instituto Cultural de México en París, acompañando esculturas de Avelina y Alejandro Fuentes Quezada en la exposición Extinción Continua (2021). Fotografías medioambientales y video poemas fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi, en Tánger (2021). Participó en una mesa literaria y en la muestra de arte visual coahuilense titulada Segar el mar con un poema visual, dentro del 49 Festival Cervantino (2022). Una selección de poemas sonoros trabajados alrededor del poema Piedra de Sol, de Octavio Paz, se dejaron escuchar en el Memorial Marie-José Tramini y Octavio Paz, en el Colegio de San Ildefonso, dentro del Festival Naturaleza y Poesía 2023 organizado por la Cátedra Extraordinaria Octavio Paz.

    En junio de 2024 fue invitada por la Universidad de Varsovia a compartir sus procesos creativos. Fue becaria del FONCA, FORCA y PECDA. Parte de su poesía ha sido traducida al árabe, francés, alemán, inglés y polaco. Hasta el día de hoy se desempeña como directora de divulgación científica y proyectos en el Museo del Desierto, de Saltillo, Coahuila, México, donde es integrante fundadora. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medioambientales del mundo y en sus sitios https://claudialunafuentes.com

    IG: @clunafuentes

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