La isla más triste del mundo

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Vida
/ 26 diciembre 2015

Tiene un aspecto tan desolador que la suelen utilizar para filmar películas post-apocalípticas

Antes la isla estaba superpoblada, tenía parques infantiles, un gimnasio, cines, bares, restaurantes, tiendas, un hospital, peluquerías, escuelas primarias y liceos, un templo budista y hasta una casa de citas. Pero la vida no era nada fácil en Hashima, que así se llama esta pequeña isla. Dicen las fuentes que unos mil 300 trabajadores murieron en accidentes laborales, por enfermedades, cansancio, malnutrición o por haber intentado escapar de una vida muy dura lanzándose al mar con el imposible objetivo de llegar a tierra en Japón. La isla está a 20 kilómetros de la costa y el mar suele estar agitado.

Todo comenzó en 1890 cuando Mitsubishi compró la pequeña isla para explotar un yacimiento de carbón submarino. Fue una operación tan lucrativa que la firma construyó sobre la isla un complejo industrial y una ciudad en miniatura, rodeada de un imponente muro de hormigón cuya justificación medianamente creíble era que la muralla servía para proteger a los isleños de los tifones frecuentes en la zona.

Próxima al litoral japonés, la pequeña isla de un kilómetro cuadrado dejó de denominarse Hashima luego de que debido a su particular perfil con esa muralla, la comenzaron a llamar Gunkanjima, que significa barco de guerra. Y los mineros no eran japoneses (estaban en la guerra), para esos trabajos ingratos bien podían traerse coreanos, primero contratados y luego, entre 1939 y 1945, como trabajadores forzados del país invadido durante la Segunda Guerra Mundial. 

Terminada la guerra, las minas continuaron trabajando con personal cuya procedencia y situación no se indica, pero dicen que pese a los servicios y las viviendas que se ponían a su disposición, la calidad de vida era muy mala y la situación de semi-esclavitud. El negocio era próspero para Mitsubishi y es de suponer que Gunkanjima era una oportunidad en el Japón de la postguerra, escaso de fuentes laborales, de manera que en cierto momento la isla llegó a albergar a 5 mil 259 personas, cuando su capacidad máxima y sin posibilidad de extender, era para 3 mil 460 habitantes. Estaban totalmente hacinados en un kilómetro cuadrado.

En 1960 el carbón perdió terreno frente al petróleo como fuente de energía y los dos pozos a 200 metros de profundidad, fueron enlenteciendo su productividad hasta detenerla por completo en 1974. En ese año y en un acto solemne realizado en el gimnasio de la isla repleto de expectantes isleños, se completó el cierre definitivo de la mina y se informó de los procedimientos para evacuar a los últimos habitantes.

La isla quedó completamente abandonada, a merced de los tifones y peor aún, de la salinidad del mar. Los científicos la recorren cada tantos meses pues la utilizan para evaluar el progresivo deterioro que sobre el hormigón y otras estructuras producen los elementos y el paso del tiempo. Porque la isla está desierta, pero los isleños no se llevaron todas sus pertenencias cuando debieron partir. Los viajes de evacuación eran espaciados y sin lugar suficiente para otra cosa que los enseres imprescindibles: en la isla quedó el mobiliario, los recuerdos y los muertos.

Es una isla fantasma y las películas que se han filmado en ella tuvieron el efecto de convertirla en un punto de atracción turística donde puede sentirse en carne propia cómo será el mundo postapocalíptico al que nos podría llevar alguna demencia atómica o el abuso de los recursos naturales del planeta. El deterioro de los edificios determinó a las autoridades prohibir el desembarco, hasta que en 2009 se construyó un muelle especial para posibilitar los viajes.

Los viajeros son llevados hasta tres plataformas de observación en el extremo sur de la isla y pasan unos 45 minutos escoltados con guías que también los vigilan para que no se hagan daño. La navegación hasta la isla desde Nagasaki dura unos 50 minutos y no es aburrida para nada, pues la embarcación pasa cerca de grandes astilleros de Mitsubishi y otras islas pequeñas que pueden verse en la cercanía. Por otra parte, la ciudad de Nagasaki es imperdible y desde el mar se ofrece una hermosa perspectiva.

Todos los datos los encuentras en www.japan-guide.com [2], aunque deberás pagar 40 euros. Son cinco las agencias de viaje que ofrecen ese servicio desde que Mitsubishi abandonó por completo la isla y la envolvió como regalo a la municipalidad de Nagasaki. Lo malo es que los guías solo hacen el relato en japonés.

Otra opción es un recorrido como no podrías hacer en el viaje turístico, acompañando a un operador de Google Map que filmó para la producción de la película Battle Royale. No te lo pierdas, no solo te muestra lo que estamos relatando, sino que te explica cómo se construye ese mapeo extraordinario.

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