Hay una cápsula de tiempo enterrada a unos metros del Puente Pino Suárez. Contenía memorabilia que haría recordar el momento que vivía Nuevo León a mediados de los años 60. Mejor que se quede enterrada. Hoy Nuevo León es una vergüenza.

Hace casi 60 años, Nuevo León era primer lugar nacional en seguridad, justicia, salud, educación. Fue entonces que se construyó el Estadio Universitario, hoy casa de los Tigres.

Lo asombroso del caso es que el presupuesto de ese Gobierno Estatal que inició el 4 de octubre de 1961 era de apenas 100 millones de pesos. Ochenta y cinco por ciento de eso era para pagar educación. Con los quince millones restantes se pagaba todo lo demás. El sexenio terminó con un presupuesto de 250 millones, cero deudas y cinco millones en caja.

Hoy el presupuesto estatal es de 105 mil millones, ¡más de mil veces más! Y desgraciadamente, esa es —por extraña coincidencia también— la suma total de los pasivos del Estado. Para desgracia, a pesar del gastazo y el asfixiante pasivo, tenemos una seguridad nula, una justicia muy deficiente, una educación de cuarta y de salud y transporte mejor ni hablamos.

Ah, y me falta decir que Nuevo León tiene el deshonroso título de ser el estado que con la deuda más cara del país. ¡Imagínense estar pagando 9.5% anual sobre los 105 mil millones! Como no alcanza, se maromea la deuda y se suman intereses sobre intereses. Crecimiento exponencial es igual a ruina total.

El senador Samuel García ha calculado que de cada 100 pesos que pagamos de impuestos al gobierno federal nos regresa diecisiete. No discuto el porcentaje y celebro que simplifique, pero el enredo fiscal es peor que el bajísimo porcentaje que nos regresan:

1.- En 1980, siendo gobernador Alfonso Martínez Domínguez, Nuevo León y todos los estados firmaron el pacto del diablo con el Gobierno Federal. Increíblemente renunciaron —sí renunciaron— a la facultad de cobrar impuestos. O sea que el famoso convenio de coordinación fiscal no es algo que se pueda romper fácilmente. Si lo hiciéramos nos quedaríamos en la total incapacidad de cobrar impuestos.

2.- 80 mil millones nos llegan como gasto federalizado en educación y salud. O sea que el Estado apenas sí maneja 25 mil millones. Entonces, hay una lanota nuestra que se maneja desde el centro. Por ejemplo, cargamos con miles de aviadores en una nómina de maestros que aquí ni cuenta nos damos. Esto es terrible.

3.- Los gobernadores de los estados fronterizos se ven impotentes. El de Coahuila acaba de decir que planteará una controversia constitucional. Me temo que no procederá, pero conviene que alguien le invierta tiempo y dinero a despejar esa incógnita.

Nuevo León está a merced del señor de Palacio Nacional. Eso no es bueno. Eso no me gusta para nada y tenemos que empezar a buscar la manera de zafarnos de estas cadenas no solo ignominiosas, sino que además, nos impiden crecer y desarrollarnos.

Por todos lados están apareciendo grupos de personas pensantes con cara de “what” y en pie de lucha. De ser la “gallina de los huevos de oro”, Nuevo León es un perico desplumado y apestoso. A quienes se preocupan por el futuro de México les debe importar salvar a Nuevo León de una catástrofe.

Con el problema del agua y de la contaminación tenemos la mesa servida. Pero aún hay más. Sin embargo, algo que nos puede motivar es que estamos francamente en la mera rayita del precipicio tanto nacional como local.

Ningún estado es más emprendedor y más fregón (como diría Enrique Canales). Hagamos gala de nuestra gran creatividad. También un inventario de talento. Luego asegurarnos que toda la ciudadanía se concientice de la gran oportunidad que tenemos para hacer historia y romper con las inercias que nos trajeron a este mal trance.

Nunca será tarde para hacer lo correcto. A como vamos, mejor salvarnos primero nosotros a ver si luego nos dejan rescatar al resto del país. 105 mil millones es un lastre muy pesado.

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Javier Livas

Columna: Libertad y Justicia