Genio. Petipa dirigió y creó inmortales coreografías que se siguen presentando en todo el mundo. Foto: Archivo
El coreógrafo y director del Ballet Ruso cumplió el pasado marzo 201 años de su natalicio y en el marco del Día Internacional de la Danza lo recordamos

El Lago de los Cisnes, el Cascanueces, Don Quixote y la Bella Durmiente son algunos de los más populares ballets para los que Marius Petipa dirigió y creó inmortales coreografías que aún hoy día se siguen presentando en todo el planeta.

A pesar de que la mayor parte de su trayectoria —y la más importante— se desarrolló en el Ballet Imperial de Rusia este coreógrafo no era oriundo de tal país y su segundo nombre no era Ivanovich, como algunas fuentes lo mencionan.

Este cambio llegó cuando comenzó a laborar en el territorio de los zares, pero él nació como Victor Marius Alphonse Petipa el 11 de marzo de 1818 en Marsella, Francia. Hijo de un destacado maestro de ballet, Jean-Antoine Petipa y de la actriz y maestra Victorine Grasseau, el autor de El Cascanueces creció en un ambiente que rápidamente lo dotó de las habilidades para convertirse en uno de los más influyentes creadores de ballet de todos los tiempos.

Marius pasó sus primeros años de infancia viajando con sus padres hasta que se asentaron en Bruselas, donde Jean-Antoine se convirtió en el Maestro de Ballet del Teatro de la Monnaie. Ahí, a la edad de seis años, comenzó a estudiar música en el conservatorio, violín, y recibió lecciones de ballet directamente de su afamado progenitor.

Petipa continuó sus estudios y formó parte de las más importantes compañías de Bordeaux, Madrid, Nantes y Paris hasta que en 1947, luego de ser retado a duelo por un hombre tras intentar seducir a su esposa, y considerando al ilegalidad de este tipo de justas, tuvo que huir del país rumbo al entonces San Petersburgo —ahora Moscú—, donde fue nombrado bailarín principal del Teatro Imperial. Tenía 29 años.

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Con la ayuda de su padre, quien lo siguió a Rusia un año después, comenzó a elaborar sus primeras producciones como Paquita y Le Diable Amoureux, además de Giselle y Le Corsaire, estos últimos al lado del compositor italiano Cesare Pugni.

Como segundo Maestro de Ballet del Teatro Imperial —en el periodo de 1850 a 1860— Petipa produjo en menos de seis semanas un ballet para el retiro de la prima ballerina italiana Carolina Rosati, además de su célebre Don Quixote.

El 12 de marzo de 1871, tras la muerte del antiguo Primer Maestro, Arthur Saint-Léon y de su colaborador Pugni, Petipa obtuvo tal codiciado puesto, tiempo en el creó La Bayadère, entre otras obras.

Sus colaboraciones con Tchaikovsky

Durante la Era Dorada del Ballet Ruso, una época en la que riqueza de los zares era tal que comisionaba a Petipa una obra nueva para cada temporada. La compañía, bajo la dirección de Ivan Vsevolozhsky buscó diversificar la oferta de compositores para los ballets al eliminar el puesto de Compositor de Ballet, creado para Pugni años atrás.

Los resultados fueron cuestionados por Petipa, pues consideraba que no siempre estaban a la altura de lo que él buscaba en sus obras, hasta que se le comisionó La Bella Durmiente a Pyotr Ilych Tchaikovsky en 1890.

La popularidad de esta producción fue tal que para abril de 1903, tan solo trece años después de su estreno, ya se había cumplido 100 funciones.

Mientras que una enfermedad cutánea en 1892 alejó a Petipa de sus deberes durante la producción de El Cascanueces, responsabilidad que cayó primordialmente entonces sobre Lev Ivanov —cuya producción de la Cenicienta también supervisó el francés— al año pudo regresar al trabajo y para 1895 revivió el Lago de los Cisnes, coreografía original de Julius Reisinger para el Bolshoi, versión que ayudó en incrementar la popularidad de esta obra, originalmente no muy bien recibida.

Últimos años

El cambio de siglo fue para Petipa una oportunidad para revivir más de sus obras, incluidas La Bayadére, Le Corsaire, Esmeralda y otras tantas más, además de Raymonda de Alexander Glazunov.

Aunado a esto, ya con más de 80 años de vida, Petipa comenzó a considerar su retiro y para ello, con la ayuda del compositor vanguardista Arsenii Koreshchenko produjo una versión de Blanca Nieves llamada el Espejo Mágico, presentada como un espectáculo sólo para nobleza rusa que, a pesar de presentar muchos elementos de las corrientes modernas y su consabida ruptura con lo clásico, fue bien recibida.

Luego de que la presentación de su último ballet, de 1904, La Romance d'un Bouton de rose et d'un Papillon, fuera cancelado semanas antes debido al estallido de la Guerra Ruso-Japonesa, Petipa dejó de asistir al Ballet Ruso y a la escuela. Fue nombrado por el ministro Baron Fredericks como “Maestro de Ballet Vitalicio” y con una pensión de nueve mil rublos anuales.

Murió el 14 de julio de 1910 a la edad de 92 años.