El sacerdote acusado (círculo) fue defendido por el obispo. Foto: Especial
Apareció en distintos medios locales dando a conocer su activismo; cuando acudieron con el Obispo para informarle lo que había sucedido, este solo le dijo que “no les hizo nada a ellas”

MAR DEL PLATA, ARGENTINA.- La semana pasada se conocieron las denuncias de diez chicos y chicas de entre 11 y 12 años contra el cura Luis Alberto Luna, conocido mediáticamente alguna vez como “Padre Coraje” por sus denuncias a narcotraficantes. Ahora los alumnos del colegio Nuestra Señora del Rosario de Los Polvorines lo acusan de haberse masturbado durante un viaje de campamento a Mar del Plata.

A esto se sumó, tras conocerse la noticia el relato de Magdalena del Corro, una catequista y mamá de una de las alumnas, la que compartió en su cuenta de Facebook la indignación que le provocaron las respuestas del obispo de la diócesis de San Miguel, Damián Nannini, cuando ella se acercó a pedirle explicaciones acerca de lo que había ocurrido.

Fueron familiares, allegados y amigos de los alumnos los comenzaron a compartir en redes sociales las denuncias contra el cura Luna. “En el viaje de egresados, nenas de 11 años lo ven mirando mujeres desnudas en el micro, frente a ellas. A raíz de esto comienzan a hablar otras nenas relatando diferentes situaciones. Una de ellas cuenta que lo vé tocándose cuando ella sale del baño”, detallaba uno de los posteos.

Tras conocer los padres las acusaciones se realizó una primera denuncia en la Comisaría de la Mujer y luego desde allí se le dio intervención a una fiscalía. Varias familias pidieron también explicaciones a la Dirección General de Escuelas, donde confirmaron que Luna no estaba autorizado a realizar viajes con los alumnos.

Del Corro, mientras tanto, decidió ir directamente a hablar con el obispo Nannini, aunque el resultado de la charla estuvo muy lejos de ser el que esperaba.

“Entré a un amplio despacho con pocos lujos. Él se sentó detrás de un grande y frío escritorio de madera oscura, y en un sillón imponente”, relata la mujer entre las primeras líneas. “Me dejó hablar pacientemente sin mostrar el más mínimo gesto en su rostro. Relaté cómo nuestros hijos nos contaron que, en el viaje de vuelta de su campamento ‘educativo’, el sacerdote Luis Luna que estaba, teóricamente, cuidándolos, veía fotos inmundas y se masturbaba... Le conté también que dos niñas habían oído, en el baño de nenas del campamento donde habían asistido, ruidos raros (que ellas describieron como gemidos) y al agacharse para ver quién estaba en el baño observaron que las zapatillas del hombre que estaba adentro haciéndolos, se correspondían con las del sacerdote. Le expresé, casi en confesión y con lágrimas en los ojos, que yo realmente no sabía si detrás de esa puerta, una nena o un nene estaba siendo violado”, narró.

Y siguió: “Lejos de consolarme, me miró y empezó a explicarme la cantidad de abogados que ellos tenían para defenderse. Me relató que no solo ya tienen trabajando en la causa en contra de los nueve papás (mostrándome la firma y nombre de todos nosotros en un acta que la escuela le facilitó y que, aunque la solicité, todavía no me dio), abogados civiles y penales (señor… ¡me extraña! ¡Nada detiene a unos padres luchando por su cachorro!) especialistas en derecho civil, en derecho canónico y todos ellos puestos para… ¿hacer justicia? ¿investigar? ¡No! Para defender a un sacerdote que es ‘inocente hasta que se demuestre lo contrario’”.

Además agregó que el cura sostuvo que los chicos podían estar mintiendo, una versión que desde la institución ya había llegado en distintas oportunidades, agregando casi como si intentara esbozar una justificación, que al masturbarse delante de los chicos, el cura Luna “no les hizo nada a ellos”.

“El pastor, mi pastor, me recibió más parecido a Herodes que a Jesús y me demostró de un solo cachetazo que la mayoría de las cosas que creía y había predicado como catequista eran, al fin, una cruel mentira. Fui a ver al pastor para contarle lo que les sucedió a sus ovejas más pequeñas, y el pastor, mi pastor, me sacó a los tiros. Qué tristeza, nunca me di cuenta de que se había convertido en pastor de lobos”, cerró.

Hasta ahora Luna había sido apartado de la institución educativo, pero no así de la parroquia en la que también cumple funciones.