El triunfo electoral de Morena en 2018 dejó estupefacta a la oposición de grupos empresariales, partidista y de organizaciones de la sociedad civil.

De inmediato, AMLO construyó una narrativa popular que los puso contra la pared: “ellos, desde su púlpito, apuntó con dedo flamígero, son los integrantes de la mafia en el poder y responsables de los males que aquejan al país. Ahí están las élites económica y política con sus partidos políticos -PRIANescos- que hacen funcional su rapacidad para dividirse el país mediante prácticas corruptas e impunes. Las organizaciones de ‘la llamada’ sociedad civil, sólo son sus alfiles en el juego de la política”.

Con esa lápida encima, desde la perspectiva empresarial han surgido dos alternativas de distinto tipo: Gustavo de Hoyos, presidente de Coparmex, está labrando su candidatura para 2024 desde una oposición sistemática contra AMLO. Contraria a la fina tersura mostrada por el Consejo Coordinador Empresarial y el Consejo Mexicano de Negocios ante el presidente de la República. Coparmex tiene una sólida estructura territorial en el país: suma a 36 mil empresarios que emplean a casi 5 millones de personas. Y produce el 30% del PIB nacional. Su ideología es de centro derecha.

La segunda alternativa es FRENAAA (Frente Nacional Anti-AMLO) que cuenta -según distintas fuentes- con el padrinazgo de José Antonio Fernández, director de FEMSA y fuerte opositor de AMLO. FRENAAA ha logrado movilizar a sectores de clase media, media alta y alta en distintas partes del país con éxito variado. Aunque dice ser “un movimiento pacífico y ciudadano” su discurso es de odio contra AMLO; pletórico de miedos, emocional e irracional. Entre sus integrantes están Gilberto Lozano, Pedro Ferriz de Con, Pedro Ferriz Hijar, Rafael Loret de Mola y Juan Bosco Abascal. Y su objetivo es uno: “sacar de la presidencia a AMLO antes del 30 de noviembre de 2020, a través de herramientas jurídicas, de movilización social o medios de comunicación”. Su ideología es de extrema derecha.

El PRI no ha dejado de morderse su cola dinosaúrica desde el 1 de julio de 2018. Antes de terminar su sexenio, Enrique Peña Nieto sólo pensó en sí mismo: amarró un pacto de no agresión con AMLO; impuso -mayormente- a sus incondicionales en el Congreso y el Senado e intentó colocar a un incondicional en la dirección del partido.

Pero ganó Alito Moreno -también apodado Amlito por sus propios correligionarios- quien no ha tenido la capacidad de reinventar su propio partido. Su incapacidad genética -común a los partidos políticos en México- para reinventarse a partir de un ejercicio autocrítico; no le ha generado al PRI, otra opción mejor que morderse su propia cola. Para caer -sin oferta política alternativa o crítica sistemática a la 4T- de manera estrepitosa en las preferencias electorales: una encuesta reciente para medir preferencias de las candidatos a, diputados federales en 2021 ubica al PRI con 11.82 por 10.33 del partido México Libre -de registro todavía no aprobado-  de Felipe Calderón. Sin embargo, el PRI cuenta con recursos económicos y una disciplinada estructura electoral en 11 gubernaturas estatales y 544 alcaldías del país. Su ideología es de centro-derecha.

El PAN cojea de la misma pata que el PRI: y aunque no se muerde la cola, si, su rosario de sacristán de la Vela Perpetua. Sin reinvención política o agenda alternativa, el PAN ha lanzado críticas fieras a la 4T y presentado alternativas puntuales al tsunami transformador de AMLO. Sin embargo, continua estacionado -a la distancia- como la 2ª fuerza política después de Morena. Difícilmente podrá avanzar fracturado: FRENAAA y México Libre (con o sin registro) de igual filiación ideológica de derecha caminan por su propia vereda. Pero, el PAN tiene sólidas fortalezas en 9 gubernaturas y 466 alcaldías.

¿Podría la Alianza Federalista integrada por 4 gobernadores panistas, 3 priistas, 1 de Movimiento Ciudadano, 1 del PRD y 1 independiente -integrar, unificar y articular los contrapesos empresariales, partidistas y sociales existentes en el país al día de hoy?

Es posible, siempre y cuando cumplan con las siguientes premisas: evitar la división -provocada por AMLO o no- a su interior; hacer oídos sordos a los cañonazos presupuestales extraordinarios; impedir protagonismos fuera de lugar; ir más allá de sus demandas particulares para pensar en las exigencias de la Nación y armar una coalición amplia, incluyente y plural -de corte partidista y no partidista para enfrentar los comicios de 2021 y 2024.

La Alianza Federalista tiene una oportunidad histórica para ser el eje articulador de la oposición a la 4T: ojalá, por el bien de México que así lo entiendan.

@Canekvin