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El argentino de la tercera edad no creía que le pasaría algo y estaba en contra del aislamiento preventivo y obligatorio. “Decía que nadie lo iba a frenar”, contó su prima

Ángel José Spotorno, de 74 años y jubilado, quien llevaba una vida sana y muy activa, murió el pasado 16 de junio por COVID-19 en su domicilio del barrio Mataderos, en Argentina. Contrajo el virus tras realizar una actividad sumamente riesgosa: organizar a través de las redes sociales y participar en movilizaciones en la vía pública, ya que no estaba de acuerdo con las medidas de confinamiento dispuestas por el Gobierno.

En conversación con el sitio Infobae, Marita Riera, prima del fallecido, contó: “De los 90 días que vivió en cuarentena, unos 85 habrá estado en la calle. Él siempre se cuidó mucho, no tenía ninguna enfermedad ni había tomado nada. Era mi único primo hermano. Teníamos muy buena relación”.

Spotorno fue radical toda su vida y con el pasar de los años se inclinó por el activismo virtual. Se quedaba hasta altas horas de la madrugada en las redes sociales, compartiendo flyers y comentarios políticos. Pese a la pandemia por el nuevo coronavirus, mantuvo su postura contra el Estado de Argentina.

“Tenía un montón de nombres en Facebook y era administrador de grupos de WhatsApp diferentes. Lo bloqueaban a cada rato. Estaba entretenido. Decía que los comunistas no tenían que volver y que no quería ver una bandera roja. Era muy cómico, nos gustaba escucharlo”, sostuvo Riera.

Con la mujer mantenía una constante comunicación y hablaban sobre sus convocatorias virtuales: cacerolazos y marchas, generalmente. No obstante, el punto de quiebre fue cuando comenzó a participar de las manifestaciones anticuarentena en pleno aislamiento.

Ante el comportamiento de su primo, Marita describió: “Estaba muy enojada, al punto de decirle que, si le llegaba a pasar algo, que deje una notita declarando que no iba a ocupar una cama de terapia intensiva”.

José continuó asistiendo a las movilizaciones. Siempre se reunía con otros grupos para ir a las marchas y no respetaba el distanciamiento social. “A la semana me llama y me dice: ‘Me la pesqué‘”, recordó Riera.

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El 10 de junio, la salud del hombre de la tercera edad empezó a deteriorarse y le faltaba el aire. Acudió al Hospital Álvarez y los médicos le recomendaron tomar paracetamol. Tres días después, le dijeron que debía ser una alergia, por lo que le sugirieron que abra las ventanas de su vivienda. Desde entonces ya no regresó al nosocomio.

Tras no contestar el teléfono a su prima en varias oportunidades, un día después, una de sus hijas fue hasta el departamento y tocó el timbre, pero tampoco respondió del otro lado del intercomunicador. Finalmente, con el apoyo de la Policía pudieron entrar al establecimiento. Encontraron al hombre sin signos vitales, sentando en uno de los muebles frente al televisor.

De acuerdo a los peritos de criminalística, perdió la vida debido a neumopatía y COVID-19. Posteriormente, Riera conversó con las hijas de Ángel y tomó la decisión de contar lo que pasó a la emisora local Del Plata mediante una entrevista. “Me voy caminando a todas partes, no me va a agarrar nada”, le contaba a su prima. Además, decía que nadie lo iba a frenar.