‘Operación Enjambre’: ¿el antídoto a la descomposición?
“El poder tiende a corromper (y) el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre malos, incluso cuando ejercen influencia y no autoridad: aún más cuando superas la tendencia o la certeza de corrupción por autoridad”.
La expresión anterior forma parte del texto de una famosa carta, redactada por el historiador y político británico del siglo XIX, Lord Acton, y remitida al obispo Mandell Creighton como una crítica a la obra de aquel, “Historia del Papado, desde el Gran Cisma hasta la Reforma”, en la cual se analizaba el actuar de los papas del Renacimiento.
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Acton, un liberal obsesionado con la responsabilidad moral de los hombres de poder, encontró la obra de Creighton excesivamente moderada y carente de la crítica requerida -desde su punto de vista- a los excesos con los cuales se conducían las cabezas de la iglesia. En ese contexto escribió la misiva de la cual ha sobrevivido, sobre todo, la frase arriba transcrita.
Recuperar el contexto histórico de la misma resulta relevante en nuestros días ante el surgimiento y consolidación de una “clase política”, en México, a cuyos integrantes no parece importarles en lo más mínimo el construir, reforzar y consolidar salvaguardas para el ejercicio del poder público en condiciones de mínima decencia.
Por el contrario, el morenismo encaramado al poder se ha dedicado en los últimos siete años a reinstalar los peores vicios del antiguo régimen -el del PRI-, los cuales llevaron a múltiples figuras de la oposición, entre ellos muchos de quienes hoy detentan el poder, a espetarle a los tricolores la frase de Lord Acton.
Un ejemplo monumental de cómo el morenismo ha prohijado la vuelta de conductas a las cuales, se suponía, ellos les habían declarado la guerra, es el del alcalde de Tequila, Jalisco, Diego Rivera Navarro, arrestado en la semana por considerársele responsable de encabezar un esquema de extorsión entre cuyas víctimas se encuentran empresas tequileras y cerveceras.
Un ejemplo de las conductas atribuidas al hoy defenestrado alcalde: apenas en diciembre pasado, Grupo Cuervo -empresa considerada la tequilera más grande del mundo- denunció a Rivera por haberle exigido 60 millones de pesos si no quería sufrir el cierre de su planta Cuervo 1800.
Reportes periodísticos dan cuenta de la intervención del gobernador Pablo Lemus en el “diferendo”, merced a la cual se habría negociado un pago de aproximadamente 17 millones de pesos para conjurar la amenaza. Sin embargo, la tequilera formalizó la denuncia por extorsión y esta condujo, finalmente, al arresto del alcalde, hoy internado en el penal de máxima seguridad del Altiplano.
Su arresto forma parte de la denominada “Operación Enjambre”, diseñada y ejecutada por la Presidencia de la República para desarticular redes de corrupción y extorsión incrustadas en gobiernos municipales, los cuales operan en colusión con el crimen organizado.
Se antoja considerar, desde luego, un acierto del Gobierno Federal el diseño de la referida estrategia. Y se antoja todavía más considerarla virtuosa ante el arresto de un alcalde surgido de las filas de Morena. La acción habla, sin duda, de una determinación por combatir el fenómeno de la extorsión sin contemplaciones ni excepciones de ningún tipo.
La gran pregunta, sin embargo, es cómo llegó el indecente munícipe a las filas de Morena. Cómo le hizo para convertirse en su candidato y, al amparo de las siglas electoralmente más exitosas de nuestros días, encaramarse al poder en su municipio.
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Está muy bien observar al Gobierno de Claudia Sheinbaum desarticular una red de corrupción encabezada por un correligionario. Pero eso no basta para documentar el optimismo o considerar a Morena como un movimiento político virtuoso. Porque los hechos de esta semana hablan de otra cosa: del deterioro moral de un partido colonizado por delincuentes a quienes nadie ha intentado siquiera cerrarles la puerta.
Y eso obliga, de nuevo, a parafrasear a Lord Acton: el poder absoluto, el cual Morena persigue de forma obsesiva, parece haberle corrompido absolutamente... y demasiado pronto.
¡Feliz fin de semana!
@sibaja3
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