Foto: Milenio
En la comunidad Álvaro Obregón, donde vieron a hombres armados y en redes sociales circularon mensajes de alarma. El resultado, la suspensión de clases y una especie de toque de queda

Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua.- El enfrentamiento duró 40 minutos. Hombres armados se persiguieron desde el centro del poblado hasta la carretera donde se encuentra la mayor comunidad menonita del país. En la zona quedaron más de 2 mil casquillos de armas largas. También cuatro camionetas baleadas y una más quemada.

Un transportista que dormía en su tráiler y un policía que pasaba por el lugar resultaron heridos de bala. No se sabe de muertos, porque en el sitio no quedaron cuerpos. Algunos habitantes dijeron que quedaron manchas de sangre y que hasta una granada se utilizó en la refriega, pero la fiscalía lo niega.

Fue durante la madrugada del viernes 17 de febrero en la colonia Álvaro Obregón, una localidad rural perteneciente al municipio de Ciudad Cuauhtémoc, ubicada a dos horas de distancia de la capital.

De acuerdo con los testimonios recabados por la fiscalía regional, un convoy con personas armadas ingresó a dicha comunidad en busca de un líder del grupo contrario.

Al llegar a una gasolinera preguntaron a un despachador, éste no supo qué contestar y en respuesta lo esposaron. Por el lugar pasaba un policía local que quiso intervenir, pero también terminó sometido. Minutos después se detuvo otro vehículo, al parecer de “los contras”, y comenzó la balacera que siguió un par de kilómetros…

Pero la pesadilla no terminó esa madrugada en Rubio, como también se le conoce a la comunidad: tres días después, en redes sociales se alertó de hombres armados.

Incluso fue difundido un video, tomado por teléfono, en el que se observa un convoy de al menos una decena de camionetas, algunas con torretas y otras con armas empotradas.

Entonces el caos comenzó: por WhatsApp fueron enviados mensajes de audio a los habitantes para pedirles que no salieran de sus casas, que cerraran los comercios, que había toque de queda a las 8 de la noche...

Y aquello dio resultado: las clases fueron suspendidas, los negocios no abrieron y la mayoría de la gente se resguardó en sus casas.

Las autoridades locales rechazaron llamarlo toque de queda. “La gente en las redes sociales se comunicó y pidió: ‘tomen todo tipo de precauciones: si no tienen necesidad o alguna urgencia, pues no salgan; si pueden cerrar temprano los que tengan negocios, mejor...’ eso fue lo que sucedió”, explicó Pedro José González, presidente seccional de esta comunidad.

Para conocer:

Álvaro Obregón tiene su propio presidente, su propia policía y su propio presupuesto, el cual supera al de una decena de alcaldías en Chihuahua. Este lugar es un centro comercial, y la comunidad menonita es la cabeza.

El trayecto de la cabecera municipal de Cuauhtémoc a esta agencia seccional es un corredor donde lo único que se observa son negocios, fábricas de lácteos, plantas manufactureras, terrenos de siembra de manzana y decenas de tractores.

Este episodio de violencia, por supuesto, preocupó al sector empresarial:

“Los negocios cerraron por precaución para prevenir cualquier posible accidente derivado de lo mismo... Lo que queremos es que haya tranquilidad, que haya paz”, aseveró Mario Delgado, presidente de la Cámara Nacional de Comercio en Ciudad Cuauhtémoc.

Un día después de la psicosis, policías federales y estatales, así como personal del Ejército patrullaron la zona.

Las autoridades consideraron este episodio de violencia un “hecho aislado”, pues puntualizaron que la región es tranquila y segura.

Incluso, el fiscal de la zona occidente de Chihuahua, Juan Carrasco, opinó que este evento se magnificó “a tal grado que se simuló un enfrentamiento la semana pasada en el mismo punto, que hizo que la población entrara en pánico”.

La zona urbana de Ciudad Cuauhtémoc, municipio con 154 mil habitantes aproximadamente, se percibe en calma. Sin embargo, en Álvaro Obregón es distinto, se percibe vacío.

Lo cierto es que la violencia azotó otra vez a este municipio, el mismo que hace un par de años registró la tasa más alta de desaparecidos por 100 mil habitantes del país.