El cerro de la Virgen. Desde hace 26 años la imagen de la Virgen de Guadalupe “llegó” al Cerro de las Galeras, ahí donde años más tarde fuera colocada la gigantesca escultura del Cristo de las Galeras. Foto: Héctor García
Como en el mítico cerro, cientos de saltillenses acuden a venerar a la imagen de la Guadalupana

Bajando el cerro, como lo hacía con su padre años atrás, Reyes Saucedo llegó a su casa después de haberle dado “una manita de gato” a la famosa Virgen del Cerro, efigie sobre la cual se erigió hace más de 10 años el Cristo de las Galeras.


Con las marcas del sol sobre el ceño y algunas de pintura en ropa y manos, Reyes Saucedo platica la historia de la Virgen de Guadalupe que observa a Saltillo desde el Cerro de las Galeras.

Han pasado 26 años ya, pero no olvida aquellas tardes después de la muerte de su madre en que el dolor seguía presente, y el cerro parecía ser una de las mejores distracciones.

Subir el camino rocoso y buscar respuestas, terminaban con Reyes contemplando la misma piedra una y otra vez, cada que visitaba el lugar.

En ocasiones acudía junto a su padre —”Don Toño”—, el señor de la tiendita de una de las esquinas de la colonia Guayulera, y en una de las visitas le dijo: “¿Por qué no hacemos una virgen sobre esta piedra? Tiene la figura de una’’.

Trazos de la naturaleza. Reyes Saucedo se encarga del mantenimiento de la pintura. Foto: Héctor García

Según Reyes, la piedra que había visto en múltiples ocasiones y sobre la que plasmaron la imagen de la virgen, parecía el manto de la Morenita del Tepeyac y hacia adentro diversas formas y con un poco de color podían dibujar la imagen.

“Si te fijas, la imagen no está bonita, sólo se pintó lo que ya estaba”, asegura que sólo siguió los trazos de la naturaleza.

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Parece que fue ayer cuando junto a su padre, “don Toño” Saucedo y su hermano José Luis, subió con cubetas llenas de pintura y algunas brochas, para hacer los primeros trazos de la Guadalupana sobre una piedra de al menos 2.5 metros de altura, sobre la cima del cerro.

Dan color a la madre de los mexicanos. Hace unos 15 días la imagen fue retocada. Foto: Héctor García

La cita para hacer las primeras pinceladas fue el 2 de octubre de 1990, y se pudo realizar gracias una colecta familiar.

Pasó una semana para que terminaran la imagen a la que hasta hoy le han dado mantenimiento en repetidas ocasiones. Este fin de semana, fue la más reciente, pero hacía seis años que la pintura no tocaba a la imagen que se rodea de graffitis al igual que a toda la zona.

Sin embargo, nadie se ha atrevido a tocar o intervenir ninguno de los trazos hechos por la familia Saucedo García.

Réplicas de la morenita. También pintan imágenes en piedras sueltas del cerro. Foto: Héctor García

DE BOCA EN BOCA CONOCEN A LA VIRGEN

Sin pensarlo, la admiración se corrió pronto entre todo el vecindario de la Guayulera, Puerto de la Virgen, La Minita y alrededores. Los vecinos empezaron a llevarle a la virgen algunos milagritos y ofrendas.

Trenzas, zapatitos, fotografías y todo tipo de artículos llovían sobre la base de la piedra, la crisis que se avecinaba y enfermedades podían ser los motivos principales por la cual la fe los hacía llegar hasta la cima.

‘El más pequeño de mis hijos’. A la Virgen se le agregó la imagen de Juan Diego. Foto: Héctor García

Para la familia Saucedo García, la importancia que adquiría la imagen al pasar de los días y que ellos mismos habían trazado, les preocupaba.

Les sorprendía además que los feligreses acudieran hasta ese lugar, a pesar de no estar bendecido, y por ello se dieron a la tarea de luchar por que esto se llevara a cabo.

Devoción. Los Saucedo son fieles creyentes de la Guadalupana. Foto: Héctor García

Su ‘aparición’

> La Virgen recibió las primeras pinceladas el 2 de octubre de 1990.

> Una semana tardaron en pintar a la Virgen.

> La piedra donde fue plasmada mide 2.5 metros de altura.

> Se ubica en el Cerro de las Galeras (al poniente de la ciudad).

> Miembros de la familia Saucedo García son los autores.

> La pintura fue comprada gracias a una colecta familiar.

Foto: Héctor García

Saltillo.- Bendecir la imagen de la Virgen plasmada en el Cerro de las Galeras fue un viacrucis, pero la fe de los Saucedo, autores de la obra, fue más grande como para desistir. La primera opción para llevar a cabo la bendición fue el padre Antonio Elizondo, expárroco de la iglesia Cristo Rey de la colonia Puerto de la Virgen, pero en repetidas ocasiones se negó a llevar a cabo la acción.

“Pensamos que era por algún protocolo a seguir por parte de la Iglesia, lo único que no queríamos es que la gente fuera en vano”, narra.

Ante la desesperanza, y que la gente visitaba cada vez más el lugar, don Toño Saucedo buscó a la Diócesis de Saltillo ese mismo año —1990—, quienes lo canalizaron al Santuario de Guadalupe para que les brindaran las asesorías y ahí les fue otorgado el permiso para que el padre Antonio se viera obligado a realizar la bendición.

Bastaron algunos meses después de que la imagen fue plasmada, para que el padre mismo y los colonos organizaran una f iesta en
lo alto del cerro.

En medio de la fiesta, el padre Toño se tomó un momento para observar a detalle el área sobre la que había sido pintada la virgen; tenía una peculiaridad y los colonos empezaban a hacer suyo el cerro.

Fue ahí cuando el mismo padre decidió iniciar el proyecto del Cristo de las Galeras. El padre Toño, había tenido la intención inicialmente de colocarlo sobre la Sierra de Arteaga, en uno de los poblados del cual era originario, pero al ver la convocatoria y las diferentes posibilidades por fin se decidió. ‘’Quizá si no hubiéramos pintado la Virgen, no hubiera existido ese Cristo’’, piensa Reyes Saucedo.

Las Galeras con su Cristo, enfrentando el abandono

El Cristo de las Galeras es al día de hoy un ícono para las colonias que se asientan a los alrededores del cerro, mismas que se han sido señaladas en innumerables ocasiones por los graves problemas a los que se enfrentan. Este proyecto turístico podría ser uno de los más codiciados de la ciudad.

El proyecto del Cristo de las Galeras se puso en marcha inicialmente gracias a la fe del párroco del templo de Cristo Rey, quien determinó un proyecto con el cual, junto a la comunidad, trazaron los planos exactos para levantar la escultura que mide 15 metros.

El padre Antonio Elizondo, quien desde un inicio confió en que se podrían organizar diversos eventos religiosos en la zona, apostó a sumar a la estatua un edificio para desarrollar actividades.

El cerro que en un inicio fue señalado por la virgen, tendría una estatua de Jesucristo parecido al Cristo de las Noas en Torreón, pero además dentro del complejo se construiría una capilla, baños y espacios para la venta de artículos que atraería a más turistas.

Foto: Héctor García

VÁNDALOS INCENDIAN EL CRISTO

Sin embargo, poco tiempo antes de ser levantada por primera vez, la estatua de fibra de vidrio y papel fue incendiada el 30 de marzo del 2005.

Fue casi un año después cuando la estatua fue construida nuevamente y casi de inmediato instalada sobre la cima del Cerro de las Galeras, y a partir de ahí en sólo un par de meses fue visitado constantemente por los saltillenses de todas partes de la ciudad.

Más tarde, cuando el padre Toño enfermó de Alzhéimer, el Cristo fue abandonado por las autoridades y al tiempo empezaron a deambular grupos de vándalos que hasta la fecha siguen causando algunos destrozos dentro de la construcción y a la propia fachada del Cristo.

El lugar se ha vuelto más popular por violaciones, área de consumo de drogas y venta de las mismas, que por los viacrucis que realizan un par de valientes una vez al año, ni tampoco por ser uno de los lugares más ricos en paleontología en la región, donde aún se pueden encontrar algunos fósiles de animales milenarios.

“Eran otros tiempos”, cuenta Reyes que durante la época en la que fue pintada la Virgen, las pandillas, aunque eran comunes, la violencia de por medio era menor. Quienes subían el cerro, lo hacían por la fe y la encomienda.

Incluso, antes de que fuera pintada la Virgen del Cerro, la familia Saucedo trazó el camino entre la terracería; acomodaron las rocas de tal manera que se trazó una brecha por la parte delantera por la cual hasta hoy suben. El día de hoy, existe un camino por la parte trasera, y quizá eso ha facilitado a que los grupos de maleantes tengan un fácil acceso, aunque a pesar del conocimiento del caso, ninguna autoridad ha intervenido al pasar de los años.

Foto: Héctor García

Lucha libre, comercio y un milagro

Reyes Saucedo, actualmente de 56 años, es dueño de una abarrotería ubicada en una de las calles de la colonia Guayulera, probablemente heredó el gusto de su padre por el comercio, pero también fue conocido como “Star King”, uno de los estelares en la lucha libre de la región, oficio que dejó hace más de seis años.

Sus vecinos acudían constantemente a pedir “fiado” en su tienda de abarrotes, y sumado a la economía inestable que dejaba la lucha y a que los vecinos no acudían a hacer los pagos de los créditos a los que se habían hecho acreedores, pronto entró en una crisis económica fuerte que de no solucionarse atraería problemas a la familia.

Durante días buscó la respuesta, pero llegó el momento en que escapó una vez más para visitar a la Guadalupana del cerro, y a su regreso, asegura que los vecinos habían acudido a liquidar la deuda.

FUNDADORES YA NO ESTÁN

Don Toño, uno de los principales fundadores de la imagen de la Virgen murió hace más de 10 años y por otro lado el padre Toño fue internado en “La Casa del Sacerdote”, donde se asilan los religiosos retirados del oficio diocesano.

El sueño de Reyes Saucedo es que el lugar sea más visitado, que las autoridades dieran paso a cuidar lo que posteriormente se convertirá en una reliquia invaluable.

También, para otros de los vecinos que con el paso del tiempo dejaron de acudir por amenazas territoriales, sería una gran sorpresa volver a ver de manera segura a los dos monumentos religiosos que observan a la ciudad desde una de las mejores vistas panorámicas que se pueden encontrar en la región.