Los fumadores han buscado nuevos horizontes para poder seguir con su hábito. Foto: AP
Mientras las regulaciones sobre el consumo de tabaco obligan a los fumadores de tabaco a buscar otras opciones, nadie se pone de acuerdo

Los cigarrillos electrónicos son la alternativa lógica para millones de fumadores en el mundo que cada vez se enfrentan a más prohibiciones para el consumo tradicional de tabaco. México no es la excepción, pero no existen leyes claras al respecto.

En el mundo, el vaping –como se le conoce a la industria– tuvo un valor de 8 mil 610 millones de dólares en 2016, cifra que se espera crezca 17.4 por ciento para 2023, con lo que alcanzará un total de 26 mil 839 millones, según cifras de Research and Markets.

México es un terreno más neblinoso para este fenómeno, empezando por el hecho de que no se tienen números exactos, seguido por el hecho de que son las pequeñas y medianas empresas las que apuestan por el mercado que rodea a estos dispositivos.

Aquí entra en juego desde la importación hasta la elaboración de los líquidos que emplean (los cuales pueden o no contener nicotina), y la alta demanda ya pone a las marcas tabacaleras líderes como Philip Morris a rondar este ramo.

De acuerdo con Reporte Índigo la compañía tiene como meta que dentro de siete años, el 30 por ciento de su volumen de producción corresponda a esta categoría, pero el País aún se enfrenta al gran desafío que representa su marco legal.

La práctica de vaping se extiende poco a poco ante la prohibición del tabaco. Foto: AP

“La regulación mexicana se aprobó en 2008 cuando estos productos no estaban en la mente de casi nadie y por eso se requiere de una adecuación del marco legal para dar cabida a una categoría de dispositivos que comparten como característica la ausencia de combustión y que representan una opción para los fumadores”, expone Gonzalo Salafranca, director de asuntos corporativos de Philip Morris México.

Por otra parte, también se encuentra como un potencial obstáculo lo confuso que pueden resultar las investigaciones relacionadas al empleo de cigarrillos electrónicos ya que mientras algunas lo presentan como una alternativa “saludable”, otros dudan que sea tan inofensivo como lo quieren hacer ver.

Contradicción científica

La más reciente de todas fue la investigación que publicó la Revista Internacional de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica que afirma que el uso de cigarrillo electrónico puede revertir el daño del tabaquismo en pacientes con EPOC, incluso a largo plazo.

El estudio destaca que en la investigación realizada en 44 pacientes con EPOC, al menos un 75 por ciento del total que utilizó cigarrillos electrónicos pero continuaron fumando cigarrillos convencionales (usuarios duales), mostró una mejora consecuente en sus parámetros respiratorios y calidad de vida.

Por otra parte, también surgen continuamente las malas noticias para los fumadores de estos productos. Así, un equipo de investigadores de Reino Unido y EU, dirigido por David Thicket midió el impacto de los cigarrillos electrónicos en la salud sin buenas noticias para los fumadores.

Los mismos estudios científicos no se ponen de acuerdo sobre los efectos del vaping. Foto: AP

En el caso de esta investigación publicada en la revista Thorax, se concluyó que el vapor de este dispositivo afecta a la actividad de los macrófagos alveolares, células que engullen y eliminan las partículas de polvo, bacterias y alérgenos que lograron eludir las otras defensas mecánicas del tracto respiratorio.

En pocas palabras: malas noticias.

Si bien es cierto que las investigaciones negativas en torno al vaping son más optimistas lo que sí es cierto es que los cigarrillos electrónicos pueden ser más dañinos de lo que se pensaba.

Mientras tanto, la incertidumbre sigue, pero no por eso las ventas se detienen.