Ilustración: Esmirna Barrera

Coaxicala significa “lugar de jícaras” y se localiza en la parte más alta de la sierra Norte de Puebla. Desde esta comunidad se contempla una orografía extraordinaria; aunque parte superior de las montañas es usada para poner en ella plantas de ornato que luego se venden para el consumo nacional, y es que Huauhinango, Veracruz –en donde se localiza Cuaxicala–, es el sitio en México donde hay mayor producción de este tipo de follaje para arreglos florales.

Y eso que estas montañas son parte de parques ecoturísticos, pero en nuestro País esto es algo que no tiene mucha importancia. Los intereses económicos están por encima de la conservación de cualquier ecosistema. Más si hay de por medio ejidatarios inmobiliarios y oferentes de terrenos que deforestan para construir viviendas.

Huauchinango, estado de Puebla, fue nombrado Pueblo Mágico no sólo por su belleza escénica sino también por su riqueza cultural pues confluye en ella la multiculturalidad que es fruto de totonacos, nahuas y mestizos.

Cuaxicala es habitada por nahuas que resguardan un verdadero tesoro: un códice del siglo 16 que se vincula en su parte final con la evangelización que partió del señorío de Tizatlán en Tlaxcala. Podemos asumir que toda esa región indígena tenía una gran influencia de Tlaxcala en los tiempos en que eran respetados aliados de la Corona Española. Dicha influencia llegaba hasta Chiapas porque religiosamente dependían de su Obispado.

Cuando se mermó la influencia tlaxcalteca, al llegar al poder en España la Casa de los Borbón, este pueblo mesoamericano dejó de ser importante en el panorama político virreinal, dominándolos los criollos de la ciudad de Puebla.

En el hoy llamado Códice de Coaxicala, y que por mucho tiempo llevó el nombre de Códice de Xicotepec, se observan los usos y costumbres de la población indígena a la que le fue impuesta una religión monoteísta. El Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, el Fondo de Cultura Económica y el Gobierno del Estado de Puebla publicaron en 1995 un libro del investigador francés Guy Stresser-Péan en el que realiza una interpretación del códice. El entonces gobernador poblano Manuel Bartlett prometió un museo para resguardar el documento, pero es común que las personas con poder se queden con sus promesas, como fue el caso. Por ello, ¡qué alegría que exista la posibilidad de por fin establecerlo!

Apenas la semana pasada estuve en Huauchinango conociendo a su alcalde Gustavo Vargas, quien mostró un gran interés en el proyecto. Ya había hablado con el doctor Sergio Vergara, secretario de cultura del gobierno estatal de Puebla, quien ha visto el proyecto con beneplácito y ahora que la autoridad tradicional de Cuaxicala, en la persona de Germán Hernández, ofrece en comodato a la fundación Mundo Sustentable AC 800 metros cuadrados para edificar lo que será el museo para resguardar el antiguo códice. Si esto ocurriera podrían detonarse las actividades de turismo de naturaleza y cultura en Cuaxicala, lo que sería de gran beneficio para sus habitantes porque esta forma de turismo es de mucho mayor valor para la comunidad local porque realmente apoya la conservación de su territorio, permitiéndoles un ingreso económico digno porque los turistas de naturaleza aportan, además de su compromiso ecológico, pagos correctos por hospedaje y alimentos.

He atestiguado antes el nacimiento de museos y sé lo que esto significa en materia de esfuerzos y de necesidades económicas. Sé que será posible el Museo de Cuaxicala, para ello personas como la antropóloga Alva Jocabed, quien dirige la cultura en el municipio de Huauhinango, son necesarias dentro del proceso de consolidación de lo que representará un crisol cultural indígena en América Latina.