Europa se acerca a una guerra comercial con China. Estas son las razones
A medida que Pekín adopta políticas comerciales más agresivas, los dirigentes y las empresas europeas se inquietan por su dependencia de los productos chinos
Por: Jeanna Smialek and Alexandra Stevenson
Kaja Kallas, la diplomática de mayor rango de la Unión Europea, sugirió recientemente que acabar con la dependencia del continente respecto a China era como intentar curar una enfermedad. Podría ser necesaria la “quimioterapia”, dijo, y probablemente sería dolorosa.
Los comentarios fueron un ejemplo del tono que Europa está adoptando cada vez más respecto a China, el segundo socio comercial de bienes más importante de la Unión Europea, que incluye 27 países, después de Estados Unidos.
A medida que Pekín adopta políticas comerciales más agresivas y las importaciones de China en Europa se disparan, los dirigentes y las empresas europeas se inquietan por su dependencia de los productos chinos, y debaten cómo disminuirla. Dado que el dominio de China en el sector manufacturero no hace más que crecer, Europa ve una amenaza existencial para sus propias industrias.
“El tono es básicamente de pánico”, dijo Jeromin Zettelmeyer, director de Bruegel, un centro de estudios económicos de Bruselas. “Hay una sensación de colapso inminente de la industria, de peligro inminente”.
La ansiedad de Bruselas se enfrenta a la hostilidad de Pekín, donde los funcionarios advierten que China devolverá el golpe ante cualquier medida de protección. Es probable que el enfrentamiento se intensifique en las próximas semanas.
Los líderes mundiales hablarán de los desequilibrios económicos mundiales en una reunión del Grupo de los 7 en Evian, Francia, el mes que viene. Se espera que China figure en el orden del día de la reunión de los 27 principales dirigentes de la Unión Europea que se celebrará poco después.
El viernes, se espera que el brazo ejecutivo de la Unión Europea celebre un debate preliminar sobre las políticas hacia China que podría ayudar a marcar el tono de las próximas discusiones.
Los funcionarios europeos aún confían en poder cooperar con China para modificar los desequilibrios comerciales, los cuales se han acentuado a medida que Pekín ha aumentado las exportaciones para estimular el crecimiento económico. Pero también estudian medidas comerciales e industriales más enérgicas para frenar el creciente dominio chino en ámbitos sensibles.
Recortar distancias con China podría resultar muy complicado para Europa. Los políticos y las empresas temen represalias y los consumidores están enganchados a lo que vende China. Los europeos siguen comprando productos chinos más baratos, especialmente vehículos eléctricos, que la Unión Europea ya ha intentado, sin éxito, impedir que inunden su mercado.
“No estamos en una buena situación”, dijo Rebecca Arcesati, quien trabaja en Bruselas para el Instituto Mercator de Estudios sobre China, un centro de investigación. Señaló que los dirigentes europeos tienen que lidiar con los votantes y con consideraciones políticas más a corto plazo, y eso dificulta contrarrestar el flujo procedente de China, especialmente si Pekín toma represalias.
“Nuestros sistemas no se diseñaron para hacer frente a semejante desafío”, dijo Arcesati.
China cuenta con subvenciones y programas gubernamentales que han reforzado la posición de las fábricas y empresas del país. El gobierno de Pekín se ha apoyado en la industria después de que una crisis inmobiliaria hiciera que los legisladores necesitaran otro motor de crecimiento. Y cuando los aranceles estadounidenses complicaron la exportación a Estados Unidos para los productores chinos, esas fábricas aumentaron sus exportaciones a mercados como Europa.
En el primer trimestre de este año, las importaciones de China a Europa se dispararon. Un análisis de los datos de aduanas de 2026 realizado por el boletín en línea Soapbox y el Instituto Mercator de Estudios sobre China reveló que el desequilibrio comercial de China con la Unión Europea alcanzó niveles récord a principios de este año, con la llegada masiva de vehículos eléctricos.
El salto se produjo cuando los fabricantes de automóviles chinos se enfrentaron a la caída de la demanda en su país y expandieron sus operaciones hacia Europa. Al mismo tiempo, los consumidores europeos se decantaron por alternativas más ecológicas, ya que la guerra en Medio Oriente hizo subir los precios del combustible.
A ello siguió un déficit comercial de bienes en 2025 de unos 418.000 millones de dólares, según cifras de la UE.
Esta combinación supone una amenaza para los fabricantes europeos y sus empleados, especialmente en lugares como Alemania, que tradicionalmente ha sido un fabricante importante de automóviles y productos químicos y que ahora tiene dificultades para competir.
A medida que aumentan las preocupaciones, Europa ha recurrido a una retórica más dura y a ideas más audaces.
Emmanuel Macron, presidente de Francia y crítico desde hace tiempo de China, ha instado a la Unión Europea a adoptar medidas que protejan las industrias estratégicas, similares a las que Estados Unidos tiene y utiliza.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, a quien a menudo se considera uno de los líderes europeos más favorables a Pekín, dijo durante un reciente viaje a la capital china que el continente necesitaba que China se abriera para que Europa no tuviera que cerrarse.
Recientemente, España se unió a Francia, Italia, Lituania y los Países Bajos en la elaboración de un documento en el que se insta a la Unión Europea a responder de manera agresiva, incluso con nuevas herramientas comerciales. Si bien el documento no mencionaba a China por su nombre, criticaba a los socios comerciales con “exceso de capacidad industrial sistémico y estructural”.
Brad Setser, economista del centro de pensamiento Consejo de Relaciones Exteriores, dijo que muchos líderes europeos tienen que andar con cuidado con China por temor a represalias. Pero, agregó, su temor a las pérdidas en el sector manufacturero podría llegar a pesar más que eso, incluso en lugares como Alemania.
Europa ya está tomando algunas medidas para protegerse, entre ellas la propuesta de la Unión Europea conocida como Ley de Aceleración Industrial, una política de gran alcance que busca reconstruir la base manufacturera del bloque. El diseño del plan impediría de hecho que las empresas chinas se beneficiaran de algunas subvenciones clave, lo que favorecería, en particular, a los vehículos eléctricos de fabricación europea.
Esa política ha sido recibida con indignación en Pekín, que ha denunciado el plan como proteccionista y ha advertido de represalias.
Pero la postura cada vez más agresiva de China en materia comercial ha contribuido a intensificar la reacción europea.
El año pasado, China prohibió en dos ocasiones las exportaciones de minerales de tierras raras e imanes como represalia por los aranceles estadounidenses. Las prohibiciones afectaron a Europa, que utiliza ambos materiales en la producción de alta tecnología y energía verde.
La interrupción del suministro dejó al descubierto lo dependientes que eran las empresas europeas.
En abril, Pekín dio a conocer normas que facultaban a los funcionarios para examinar los registros de las empresas, interrogar a los empleados e incluso impedir que los ejecutivos salieran de China si se determinaba que ayudaban a trasladar las cadenas de suministro fuera del país.
Según una reciente evaluación de la Cámara de Comercio Europea en China, esa medida “podría infligir ahora un daño sin precedentes a la economía europea”.
El retroceso de China se debe en parte a que Pekín percibe un frente menos unificado contra sus políticas comerciales mientras Washington y Bruselas se enfrentan, dijo Noah Barkin, experto en relaciones europeo-chinas del Grupo Rhodium, una empresa de investigación.
“El mensaje de Pekín a Europa es: ‘Su mejor amigo para siempre se ha ido e incluso los estadounidenses buscan la estabilidad con nosotros, así que no nos pongan a prueba’”, dijo Barkin.
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