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No sólo hicieron muy bien su tarea para reflejar las tradiciones del Día de Muertos, sino que logran un poderoso gancho emocional del que sólo Pixar es capaz

Calificación: 8.5 de diez

Quién pensaría que un estudio estadounidense iba a hacer el homenaje animado más sobresaliente a la cultura de México. Desde que se anunciaron los planes de Pixar para “Coco”, el mundo entero se emocionó. La idea era hacer un tributo al Día de Muertos y otras tradiciones mexicanas, con la manufactura de uno de los estudios de animación más galardonados e importantes del mundo. Así pues, entre flores de cempasúchil y alebrijes, llega por fin la visión más mexicana que jamás hayan producido Pixar y Disney. ¿Y qué tal está? Muy buena. ¿Está a la altura de las expectativas? Seguro que sí. Lo cierto es que quizá no se trata de una de las mejores películas del estudio, si se le compara con otras de sus cintas, pero es sin duda un trabajo hecho con cuidado, cariño y que entrega una historia tierna y bien trabajada, dispuesta para conmover y entretener como solo estos maestros de la animación saben hacerlo.

La historia cuenta sobre Miguel, un niño que pertenece a una familia de zapateros, quienes han perpetrado por generaciones un odio hacia los músicos y todo lo que tenga que ver con ellos. La abuelita de Miguel es la principal detractora de la música, pues, tiempo atrás, el padre de la ancestral Mamá Coco abandonó a su familia por perseguir su sueño de ser músico. Lo malo es que a Miguel no le interesa heredar la tradición familiar de fabricar zapatos, él quiere tocar la guitarra como su ídolo, el cantante Ernesto de la Cruz. Al intentar robar la guitarra del fallecido y legendario músico, será transportado a la Tierra de los Muertos, incapaz de regresar a no ser que obtenga la bendición de uno de sus familiares. Miguel deberá encontrar una salida que, al mismo tiempo, le permita vivir su gran sueño, aunque vaya en contra de los deseos de sus seres queridos.

Confieso que cuando Pixar anunció sus planes para “Coco”, mis primeros sentimientos fueron de escepticismo. Por un lado, el Día de Muertos no me parecía un tema atractivo para ubicar una de sus historias y, por otro, temía que su visión sobre México pudiera caer en el racismo. Es decir, que mostrara todos los estereotipos mexicanos: los sombreros, los tacos, los nopales, etcétera. Así que había de dos sopas: o lo hacían muy mal, sin entender de primera mano las tradiciones, volviéndose ofensivos; o hacían bien su tarea. Pixar y Disney no son estudios que se tomen las cosas a la ligera y el trabajo se nota en “Coco”. Lo que Pixar buscaba era exaltar el colorido folclor de México en todo su esplendor y lo consigue. El homenaje está a la altura y es tan bello que uno no puede evitar sentir cierto orgullo.

La película en ningún momento me hizo sentir incómodo. Al contrario, resultó bastante grato ver en la pantalla grande, manifestadas con el cuidado visual y la calidad que semejante estudio proporciona, la tradición del Día de Muertos. Desde el pueblo, el papel picado, las flores de cempazúchitl, hasta la Tierra de los Muertos, los esqueletos y alebrijes, son todo un deleite visual. Pero no sólo eso, sino que logran crear toda una mitología en torno a los altares de muertos, las visitas de los antepasados y cómo funciona el mundo de los que ya fallecieron. Eso sólo demuestra que hicieron un profundo trabajo de investigación. El amor está en los detalles. Este es un mundo detallado y fascinante, tanto para quienes conocen la tradición como para personas extranjeras. El contexto en el que se desarrolla la historia está más que bien trabajado.

¿Pero qué hay de lo más importante: la historia? Aquí es donde siento que la cinta se tambalea un poco. La película tiene muy en claro que busca ser un homenaje y en este afán, desvía su atención de la trama central o la utiliza como mero pretexto. Es decir, hay partes gratuitas que sólo sirven para que veamos a personajes tradicionales mexicanos o para mostrar cuán colorido y bello es el mundo en el que se desarrolla todo. Por buena parte del comienzo, la historia es sencilla: Miguel quiere la bendición de Ernesto de la Cruz para regresar al mundo de los vivos y ser músico. La misión, en pocas palabras, suena bastante fácil y poco peligrosa. Si bien nos advierten que si no lo hace antes del amanecer se quedará atrapado, parece ser que la vida de Miguel nunca corre verdadero peligro. Todo parece ser tan tierno, tan fácil y todos están dispuestos ayudarlo. 

La cinta fue dirigida por Lee Unkrich, quien también estuvo al mando de “Toy Story 3” (2010) y co-dirigió películas como “Monsters, Inc.” (2001) y “Finding Nemo” (2003). Todos sabemos que en su filmografía Pixar conoce la clave del éxito emocional: cuidar sus historias y personajes. Aunque Unkrich se pierde en el folclor, rumbo al final toma el mando con mucha más consistencia. Una vez que conocemos a los personajes a fondo, sus relaciones y lo que esconden detrás, la cinta pega fuerte. Podría ser que el camino no sea del todo una pérdida de tiempo, pero cuando el peligro se vuelve más real y la verdadera amenaza aparece, todo toma un ritmo mucho más interesante. Al final, la resonancia emocional queda latente, formando ese fabuloso nudo en la garganta por el que Pixar se ha vuelto famoso. No dudo que más de uno lagrimee durante esta cinta. La mitología se ata muy bien a la historia y todo concluye en una excelente nota.

Aunque a ratos se tambalea como esqueleto, esta es una cinta que funciona. Es divertida, colorida y con una buena historia. Todo muy correcto y adecuado. Sin embargo, no es sobresaliente, es decir no traspasa la barrera de las expectativas puestas por los que ya se consideran grandes clásicos de Pixar. Sí está muy por encima de sus malas películas y quizá por encima de las promedio, pero mucho tiene que ver ese “orgullo” que mencionaba antes y que nos hace sentir por tratarse de México. Es decir, quizá esta cinta tenga una resonancia mucho más poderosa en los mexicanos y no sea tan universal. No lo sé, no podré saberlo, sólo un espectador de otro país podría dar un veredicto menos sesgado. A fin de cuentas, mala no es.

El dato
> Director: Lee Unkrich.
> Elenco: Luis Ángel Gómez Jaramillo, Gael García Bernal, Marco Antonio Solís, Angélica Vale, Elena Poniatowska, César Costa.
> Género: Animación.
> Clasificación: A
> Duración: 109 minutos.