El presidente Donald Trump y el senador republicano del Senado de Wisconsin Leah Vukmir R-Wis, durante un mitin en Mosinee, Wisconsin. Foto: AP
Trump ha espoleado los temores sobre la inmigración y la animadversión a los medios de comunicación, además de advertir de que, si retoman el control del Congreso, los demócratas convertirán la economía de EU en "la de Venezuela".

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha cargado su agenda de mítines y su discurso de alarmismo antes de las elecciones legislativas del próximo martes, para las que ha rescatado la estrategia basada en el miedo que hace dos años le llevó al poder.

Consciente de que los comicios de medio mandato se consideran un referéndum sobre el presidente en ejercicio, Trump se ha fijado el objetivo de hacer más campaña por los miembros de su partido que ninguno de sus predecesores recientes, y se ha asegurado el protagonismo mediático con mensajes que rozan lo apocalíptico.

Su discurso electoral, articulado en más de 20 mítines en los últimos tres meses, ha espoleado los temores de su base sobre la inmigración y la animadversión a los medios de comunicación, además de advertir de que, si retoman el control del Congreso, los demócratas convertirán la economía de EU en "la de Venezuela”.

"El Partido Demócrata está alentando a millones de inmigrantes ilegales a que rompan nuestras leyes, violen nuestras fronteras y arrollen nuestro país", alertó Trump durante un mitin el pasado sábado en Murphysboro (Illinois).

Trump ha encontrado en la caravana de miles de migrantes centroamericanos que avanza hacia EU una potente imagen para azuzar ese miedo, hasta el punto de afirmar, sin pruebas, que entre ellos puede haber terroristas, además de enviar a 5,200 militares a la frontera para hacer frente a la inminente “invasión".

Ese discurso encaja con los cálculos de la Casa Blanca, que tras revisar las encuestas en los distritos más competitivos, llegó a la conclusión de que la inmigración y la seguridad fronteriza eran los temas más eficaces para movilizar a los votantes.

"Avivar los miedos sobre una 'invasión' de inmigrantes es una herramienta útil para culpar a los demócratas y presentar a los republicanos como los protectores de los estadounidenses (en particular de los nativos blancos)", dijo a Efe un experto en política presidencial de la Universidad de Albany, Bruce Miroff.

"Pero está por ver si enciende lo suficiente a los votantes de Trump como para evitar que los demócratas ganen terreno" en el Congreso, añadió Miroff.

Trump sabe que compite contra una poderosa tendencia histórica, la que establece que la gran mayoría de los presidentes pierden asientos de su partido en el Congreso durante las elecciones legislativas de su mandato, especialmente si son impopulares.

Solo dos mandatarios en la historia moderna de EU, Bill Clinton (1993-2001) y George W. Bush (2001-2009), lograron ganar escaños en unos comicios de medio mandato, y ambos eran mucho más populares que Trump, cuyo índice de aprobación ronda el 44 %.

En esa lucha contra las estadísticas, Trump ha apostado por el medio en el que se siente más cómodo: los improvisados mítines ante miles de seguidores entregados, que esperan sus hitos retóricos como si fueran canciones de éxito en un concierto de rock.

La gran mayoría de esos actos se han celebrado en estados en los que Trump ganó en 2016, mientras que ha esquivado algunos territorios clave.

"Muchas de las disputas más competidas por escaños de la Cámara Baja están en estados que Trump perdió en 2016, como Nueva York, Nueva Jersey y California. Allí, Trump puede hacer mucho menos con sus mítines y, por tanto, es menos eficaz a la hora de proteger la mayoría republicana", explicó Miroff.

Sin embargo, el mandatario ha abarrotado su agenda en la recta final de los comicios, con 11 mítines en apenas seis días.

 

"El presidente quería sentar un ritmo récord (de mítines) que eclipsara el de sus predecesores. Y cumplirá ese objetivo", garantizó este lunes a los periodistas una fuente próxima a Trump.

Pese a esa implicación sin precedentes, pocos creen que el presidente esté dispuesto a entonar un mea culpa si los demócratas logran avances en los comicios.

"Está claro que no aceptará ninguna responsabilidad por el resultado. Ya ha dicho", recordó a Efe un historiador presidencial en la universidad Boston College, Patrick Maney.

Trump culparía "al liderazgo republicano en el Congreso y los medios de comunicación", según Maney, mientras que Miroff ve posible que el mandatario vuelva a agitar el fantasma del "fraude electoral", como ya hizo en 2016.

"Para el presidente Trump, ganar siempre es cosa suya, pero perder nunca tiene que ver con él", resumió Miroff.

Trump, identidad e inmigración, claves polarizantes en los comicios de EU

Los comicios legislativos que celebrará EU en unos días están marcados por una polarización creciente de la mano del propio presidente Donald Trump, quien ha provocado que el discurso político del país pivote sobre una cuestión identitaria, arremetiendo contra inmigrantes y minorías.

Aunque las encuestas apuntan que el principal tema de preocupación de los estadounidenses, de cualquier ideología, es el acceso a la sanidad, los sondeos también demuestran que los votantes están repartidos casi por raza, género, creencias y clase social, llevando a EU a "una tribalización" electoral ineludible.

El profesor de Ciencia Política de la American University David Barker consideró en declaraciones a Efe que "las diferencias de identidad son la escisión central en la política estadounidense en este momento", lo que hace que se disipen los "problemas reales" del debate de campaña.

"La política estadounidense se ha vuelto muy tribal y la política partidista se trata como un deporte de sangre, de pertenencia a un equipo. Las diferencias sobre la política de inmigración reflejan esa división de identidad, pero son un síntoma, no una causa", reflexionó.

Barker reconoció el papel fundamental de la inmigración como arma arrojadiza en estas elecciones y subrayó que en EU "nunca" ha sido tan grande la división partidista entre las minorías y los blancos, pero recordó que las diferencias raciales "son solo una parte de la historia de la identidad”.

La brecha "nunca ha sido tan grande entre hombres y mujeres o entre los blancos que van a la iglesia y los que no. O la ruptura entre los jóvenes y la gente mayor. O la división entre los que tienen títulos universitarios y los que no han recibido educación superior. Tampoco entre los urbanitas y la gente del campo”.

No obstante, la inmigración es sin duda protagonista en los comicios, especialmente con la posible llegada de la caravana de inmigrantes procedentes de Honduras, un elemento que, a juicio de la profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Fairfield (Connecticut) Gayle Alberda, se ha convertido en "una oportunidad para Trump”.

"Con la caravana, se abrió la oportunidad para Trump y sus compañeros republicanos de comenzar a utilizar la inmigración como un grito de reclamo para su base", aseguró la experta, quien recordó que la mayoría de estadounidenses cree que la caravana debe detenerse en la frontera.

El mandatario ha afirmado que entre los inmigrantes que están cruzando Centroamérica y México puede haber criminales, e incluso terroristas de Medio Oriente, una estrategia que, como señaló Alberda, "apela al miedo", un gran motivador electoral.

Así, un síntoma más de este clima de polarización, han sido los últimos episodios de violencia política que han tenido lugar en el país, con especial relevancia la del envío de paquetes bomba a figuras del Partido Demócrata por parte de un seguidor ferviente de Trump.

A este clima enrarecido, al que se le ha sumado la influencia del movimiento feminista #MeToo, se añadió el polémico debate sobre la idoneidad del ya juez del Tribunal Supremo Brett Kavanaugh para ocupar ese cargo, pese a haber sido acusado de abusos sexuales por varias mujeres.

Tras un duro proceso público en el Senado, en el que una de las presuntas víctimas declaró ante los ojos de todo el país, Kavanaugh fue confirmado finalmente, y el efecto en las encuestas, contra todo pronóstico, fue positivo para los republicanos.

"La confirmación de Kavanaugh ha animado a los republicanos y deprimido a los demócratas. Los demócratas creen que a los conservadores les irá mejor en las cortes. Sin líderes carismáticos que los movilicen, los demócratas están menos animados", opinó Steffen Schmidt, profesor de Política de la Universidad de Iowa.

Mientras el discurso de Trump es duro y efectivo, el mensaje demócrata más constructivo y suave no parece calar lo suficiente como para dar por hecho una victoria, al menos en una de las dos cámaras del Legislativo, ahora en manos republicanas.

"Es increíble que los demócratas no estén golpeando mucho fuerte con la amenaza (que supone Trump) a la Seguridad Social y al acceso a la sanidad. Parecen temerosos de volverse negativos y están respetando las instrucciones de Michelle Obama de no caer bajo cuando los republicanos juegan sucio. ¡Mal consejo!", sentenció.