Incertidumbre. En los pasillos de cualquier clínica pública se respira miedo acompañado de ansiedad, esa de la que no se libran ni los médicos que a diario enfrentan a un enemigo invisible que ha ganado muchas batallas y no hay arma capaz de vencerlo. ARC
Cuatro días bastaron para que un hombre con dificultad para respirar en su ingreso a la Clínica 2 del IMSS, falleciera a causa de coronavirus... y con quien al menos 60 trabajadores del Seguro Social habrían tenido cercanía

Masculino. 50 años. Fiebre alta, tos y dificultad para respirar.

Tras una sesión de hemodiálisis y una peregrinación por salas de espera, Urgencias y Medicina Interna en la Clínica 2 del IMSS, el paciente murió de coronavirus. Su diagnóstico pasó de neumonía bacteriana no especificada a enfermedad renal crónica etapa cinco.

Se corre la voz. Médicos y enfermeras se preguntan dónde está el paciente de la cama 225. Uno de los laboratoristas se percató del resultado. Lee el historial médico. Se da cuenta del riesgo inminente en el que estuvieron al menos 60 miembros del personal médico en Urgencias, pacientes y sus familiares.

En esta área se respira el miedo. Un vago olor a penicilina y alcohol sale del fondo. Devora la calma de quienes curan heridas, aplican sueros y encaman moribundos.

El mensaje del resultado recorrió los pasillos de la clínica como un secreto a voces. La sala de espera, de Urgencias, subió por los elevadores para los pisos de especialidades, a la farmacia y a los sanitarios. Transitó la misma ruta que el posible virus. 

“No soy el único que lo busca de reojo. Que recibe varias miradas, discretas, pero insistentes, de desaprobación, cuando intento cuestionar en dónde se encuentra el paciente. Ahora también podemos ser víctimas, simplemente por estar en el sitio o momento equivocado”, comentó un médico cirujano.

EXPEDIENTE MÉDICO

6 con 21. Registran su entrada. El paciente llegó a la recepción de la Clínica 2 del IMSS en Saltillo con astenia, picos febriles, dolor de cabeza y tos sin expectoración.

Lo primero que le realizaron fue un cuestionario para determinar como diagnóstico una fiebre no especificada marcada con el código R509.

Identificado con la abreviatura IDX, los médicos señalan uremia, una pérdida considerable de sangre que ocurre cuando el paciente está en la etapa final de una enfermedad renal crónica, pero también con una desconocida enfermedad respiratoria aguda de gravedad.

“El paciente asocia los síntomas a que durante sus sesiones de hemodiálisis reutilizan el material, quien dejó de recibirla ante las molestias anteriores y decidió acudir al Instituto”, describe la nota médica.

Tras casi 12 horas, la nota médica con fecha del día siguiente, 9 de mayo, describe su dependencia de diálisis renal y como un paciente insulinodependiente; reitera que fue valorado previamente por el módulo COVID, donde se descartó la operación de ser atendido en el área.

Se catalogó como un paciente con neumonía adquirida en la comunidad, que suele ser bacteriana, adicional a los síntomas de su enfermedad crónica renal, y permaneció sentado en el área de Urgencias como un paciente más.

“El hombre estornudaba, tosía. Su pecho orquestaba un sonido anormal, fino y burbujeante. Ruidos pulmonares a través del tórax. La gente a su alrededor no tenía ninguna protección. Ni siquiera muchos de nosotros”, recuerda un médico general.

De un día para otro, luego de realizarse algunos exámenes médicos y de laboratorio, su diagnóstico pasó de ser una neumonía bacteriana no especificada a enfermedad crónica renal, etapa cinco.

Durante un solo día y al recibir los resultados de laboratorio, fue trasladado a Medicina Interna, y removido al menos en tres ocasiones de camillas a diferentes cuartos.

Un espacio donde no hay separación entre camillas, más que la de una cortina, en el que a unos cuantos metros se encuentran pacientes con cardiopatías, en tratamiento o en espera de una cirugía.

Alterar el diagnóstico y perder al paciente entre las camillas es una estrategia de los directivos para evitar su monitoreo por el mismo médico y la especulación de que el paciente sospechoso de coronavirus haya pisado Medicina Interna. Filtrado al resto de las áreas del nosocomio. Contagiado. No canalizado.  

Un intento por “evitar el pánico y la alarma” que hoy transmina en cada rincón de la Clínica, según el testimonio de laboratoristas y enfermeros.

Tras 4 días en Urgencias y al menos 24 horas en Medicina Interna, se realiza la solicitud para ser trasladado a una interconsulta externa en la Clínica 1 del IMSS, como un paciente con sospecha de coronavirus con la firma del doctor Julián Rivera Guardiola, subdirector médico en el turno matutino.

Quien anteriormente fue acusado por anestesiólogos de ser obligados a realizar recetas hasta por 30 ampolletas de Fentanilo con fechas de hasta 2 años atrás sin que su uso fuera justificado, como parte del saqueo de este narcótico, motivo por el cual fue removido de su cargo a la Clínica 89, como director interino, sin que fuera sancionado.

“Inició su padecimiento actual posterior a una sesión de hemodiálisis, presentó pico febril, además de tos y disnea; en el tórax se observan infiltrados bilaterales que saturan la oxigenación. Ante la sintomatología actual y resultados de laboratorios se considera sospechoso de COVID-19 por lo que se envía a su unidad”, resume la solicitud con el código 4-30-8/98.

El paciente muere antes de ser trasladado.

Este caso no es el único en Coahuila. Los contagios continúan en escala, la mayoría dentro de los nosocomios.

Se traslada a pacientes internados por elevadores exclusivos para personas contagiadas. La sospecha de COVID-19 se minimiza hasta no reunir todos los síntomas, una vez que ya es imposible salvarles la vida.

Ana Luisa Casas

Escritora y bailarina. Periodista desde los 19 años. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por Universidad Autónoma de Coahuila. Comenzó su carrera como colaboradora en INFONOR y posteriormente en El Universal de la Ciudad de México. Así como tres medios regionales. Tiene una publicación en “Mínima” una antología de  microficción. Acreedora de la estatuilla Armando Fuentes Aguirre en la categoría de Entrevista y especialista en Derecho a la Información, Fiscalización y Combate a la Corrupción por la Academia Interamericana de Derechos Humanos. Actualmente se desempeña orgullosamente como periodista en Vanguardia.